Son malos tiempos para la banda de Sam el Gordo. Ha llegado un nuevo jefe a la ciudad, Dandy Dan, que se ha propuesto quedarse con todo el negocio y eliminar a sus matones. En medio de esta contienda está Bugsy Malone, un tipo bueno y leal, pero al que la vida le ha hecho tomar decisiones equivocadas con demasiada frecuencia. Evita meterse en problemas, pero si se le presentan los acepta con el coraje y la resignación con la que los tipos duros se enfrentan a los acontecimientos. Para complicar las cosas, ha conocido a la que, definitivamente, cree que será su alma gemela, la encantadora Blousey. Una chica, dulce e inocente, que sueña con abrirse camino como cantante o encontrar una oportunidad en el lejano Hollywood. Pero tres son multitud, y para formar esa cifra está la sensual Tallulah, el alma del cabaret de Sam el Gordo. Tallulah es la típica chica de la que te previenen las mamás, guapa, descarada y cariñosa. “Al sur del cielo, nadie te hará más feliz que Tallulah.
En medio de este conflicto de turbulentas pasiones se ha desencadenado la terrible guerra de bandas en la que Dandy Dan tiene casi todos los ases de la baraja en su poder. Su arma definitiva son unas modernas metralletas que disparan…nata. Sí, quizá he olvidado mencionar este detalle al principio de la historia. Aquí no hay balas, ni explosivos con metralla. Solamente hay nata e implacables gánsteres de 12 años. Beben zarzaparrilla y se desplazan en automóviles de pedales. Pero no se confíen, son tan peligrosos como el mismísimo Al Capone.
Esta delicia de película se le ocurrió a Alan Parker cuando llevaba en coche a sus cuatro hijos. ¿A quién no le gustan las películas de gánsteres? A los niños también, y resultad divertido mostrar el ridículo mundo de violencia que hemos creado los adultos, cuando lo pasamos por el filtro infantil de un niño.
Bugsy Malone, tiene todos los ingredientes para comportarse como una película de bandas y capos mafiosos. Las canciones hablan de violencia y las chicas del cabaret, si eres bueno, te darán besos en la frente.
Esta es una de las geniales locuras que se inventó Alan Parker para su primer largometraje, a todos nos habría gustado ver las caras de los productores mientras les relataba el argumento de una historia para la que les pedía financiación. Pero consiguió hacerla, convirtiéndose en una pequeña joya y una sorpresa agradable que ha sabido perdurar en el tiempo, a partir de un divertido relato convencional, una banda sonora compuesta por un puñado de canciones de Paul Williams y unos actores y actrices jóvenes y descarados, que no sobrepasaban el metro cincuenta de altura. Mención especial merece la presencia de Jodie Foster. No era su primer papel, pero era un agradable divertimento después de haber hecho cosas de tanta profundidad como Taxi Driver, a las órdenes de Scorsese.
Les dejo con Bugsey, Tallulah, Sam el Gordo y todos lo componentes de esta trágica y divertida fuente de nata.