El prólogo y el epílogo son contemporáneos. Una criada (Rosa Valetti), falsa e hipócrita como Tartufo, “cuida” a un anciano Consejero (Hermann Picha) con fingida devoción. En realidad, le ha convencido para desheredar a su nieto por su vida disoluta (¡porque se ha hecho actor, nada menos!) y para dejarle a ella todos sus bienes. Con el fin de acortar la espera, lo está envenenando poco a poco. El nieto (André Mattoni) intenta visitar al abuelo, pero éste lo echa de casa. En ese momento, el nieto rompe por sorpresa la “cuarta pared” y se dirige a nosotros, los espectadores: ya han visto lo que ha pasado, nos dice, pero esto no quedará así, volveré para liberar a mi abuelo de esta hipócrita (este pasaje fue añadido por Murnau, no figuraba en el guión de Carl Mayer). Como actor que es, el nieto se disfraza y se presenta en la casa con un espectáculo de cine ambulante (Wanderkino). Engatusa a la odiosa criada elogiando su “belleza” y consigue que ella y el abuelo asistan a una película que es… Tartufo… En el epílogo, el nieto desenmascara a la hipócrita y envenenadora criada y salva a su abuelo.
Para la “película dentro de la película”, Carl Mayer y Murnau simplificaron considerablemente la obra de Molière. Redujeron el elenco de personajes: sólo quedan Tartufo, Orgón, su esposa Elmira y su criada Dorina, más algunos sirvientes-figurantes. Desaparecen, pues, la madre de Orgón, su cuñado Cleantes, su hijo Damis, su hija Mariane, el novio de ésta, Valerio, y los alguaciles Leal y Exento. En la película, Orgón (Werner Krauss) vuelve de un largo viaje. Su esposa Elmira (Lil Dagover) le espera con los brazos abiertos, pero él se niega a besarla, porque su “amigo Tartufo” le ha dicho que los besos son pecado. ¿Quién es Tartufo? Un “santo” al que ha conocido en su viaje, que ha cambiado su vida y que está a punto de llegar… Él se ha adelantado para prepararlo todo: empieza por retirar todos los “trastos” (cuadros, muebles, paños, adornos), porque al señor Tartufo no le gustan los lujos; apaga las luces, porque el señor Tartufo odia el despilfarro; y despide a todos los sirvientes, excepto a Dorina (Lucie Höflich), porque el señor Tartufo no quiere tantos criados… Cuando llega el mentado Tartufo (Emil Jannings), domina y manipula por completo a Orgón, con su falsa devoción, y se va haciendo con todo el poder en la casa. En una patética escena, Orgón “acuna” a Tartufo, que sestea y bosteza en una hamaca como un bebé gordo y malcriado. Elmira está decidida a desenmascararlo como hipócrita y farsante y a recuperar a su marido (que menudo memo). Para demostrar su falsedad, finge darle pie para que la seduzca, mientras Orgón vigila escondido, pero Tartufo se da cuenta de la jugada y no pica, así que Orgón se siente tan culpable por haber dudado de este “santo” que le nombra heredero de toda su fortuna… Pero Tartufo insiste en seducir a Elmira («quien peca en secreto no peca»), mostrando su lado más grosero (bebe, se abre la camisa), y al final será desenmascarado y expulsado de la casa. En la película, a diferencia de la obra, no interviene la justicia real. A cambio, un añadido del film, que no está en la obra, es la marca grabada a fuego que Tartufo lleva en el hombro, que indicaría que es un expresidiario.
Siendo un “encargo” y una “comedia” y situándose entre dos obras de la talla de El último y Fausto, esta película se ha considerado como relativamente “menor” y es un film infravalorado que vale la pena (re)descubrir.