Ya en su primer largometraje, Mary and Max (Mary and Max.,2009), Adam Elliot utilizó varios temas musicales preexistentes, entre los que destacaba uno titulado Russian Rag, compuesto por Elena Kats-Chernin, a quien, quince años después, encomendó escribir toda la música de Memorias de un caracol, su segundo largo. Si se me permite una pequeña anécdota, hace un par de semanas (escribo este texto un veinticinco de septiembre), mientras escuchaba en RNE el programa Clásicos Populares, los presentadores inauguraron una sección llamada “Los raros”, dedicada a músicos brillantes pero desconocidos, y, para mi sorpresa, presentaron a Kats-Chernin junto a una pieza de su repertorio que, francamente, parecía extraída de Memorias de un caracol. Nacida en 1957 en la República de Uzbekistán, entonces parte de la Unión Soviética, Elena Kats-Chernin comenzó estudios de piano en Moscú, emigrando a Australia en 1975, donde obtuvo su graduación como compositora y pianista en el Conservatorio de Sydney. Después se trasladó a Alemania para profundizar en las vanguardias musicales, y trabajó sin pausa en teatro y ballet por toda Europa. Desde su regreso a Australia en 1994, ha estrenado varias óperas, ballets y piezas de concierto, así como numerosos encargos de organismos oficiales. Su primer contacto con el cine tuvo lugar en 1995, cuando le propusieron escribir varias partituras originales para films mudos célebres.
Memorias de un caracol es su primera banda sonora para un largometraje no documental o experimental, y el director la describe en los siguientes términos: «La música de Elena alcanza altísimas cotas de belleza y melancolía. Bendecida por solos de piano, violín, soprano y acordeón clásica junto a un coro de gran virtuosismo, esta partitura enriquece el alma».
Ángel García Romero