Hay a gente a la que les gusta el buen cine negro, heredero de las mejores novelas de Hammet o Chandler, donde los detectives son antihéroes, de vuelta de todo y con un pasado desconocido. Hay otros a los que les gusta el cine de terror o fantasmagórico, con seres que nos visitan en nuestras peores pesadillas y hacen que volvamos a sentir miedo a la oscuridad, igual que cuando éramos niños. Es posible que a ninguno de estos dos colectivos les termine gustando El corazón del Ángel, ya que tiene un poco de ambos sin saber que parte predomina. Personalmente, a mí me encantó desde el primer día en que la vi a finales de los ochenta. Es cierto que esta fusión de géneros no es obra de Alan Parker, el principal responsable se llama William Hjortsberg, que escribió la novela en la que se apoya el film. Pero Parker siempre se ha caracterizado por saber buscar buenas historias, cuando no crearlas él mismo. En este caso, respetando la esencia de la novela, realizó los suficientes cambios para que no pareciese como leer Cosecha roja o El largo adiós, mientras estás viendo la película. Se suprimió la voz en off y la acción se compartió entre Harlem y Nueva Orleans.
El protagonista se llama Harry Angel, un detective mugriento al que se le presenta un trabajo aparentemente fácil. La persona que le contrata es un respetable caballero que se hace llamar Louis Cyphre y le ofrece una generosa cantidad de dinero si encuentra a un músico al que se le perdió la pista hace tiempo.
Pero el trabajo no parece tan sencillo, allá donde va sólo hay evasivas y gente que termina muriendo de la forma mas cruel imaginable. El detective querría abandonar, pero la curiosidad es más fuerte que él, y le obliga a continuar la búsqueda hasta la propia Nueva Orleans, donde el vudú es algo más que un exótico juego de amuletos y bailes para turistas. La película contó con el protagonismo de Mickey Rourke y Robert De Niro, donde cada uno dio lo mejor de sí mismo, ayudados por una dirección artística y un vestuario, especialmente escogido para que formen parte de esta fantasmagórica historia contemporánea.
En manos de Alan Parker, nunca esas dos ciudades fueron más sórdidas, sucias y, a la vez, más bellas. El tratamiento turbio y vaporoso y ese idilio con la oscuridad que ha mantenido Parker desde que se dedica al cine, hacen de esta película una de las más logradas del autor. Es cierto que buena parte de la responsabilidad en la traslación de las imágenes la tiene uno de sus directores de fotografía habituales: Michael Seresin, un profesional al que la academia le debe un Oscar por algunos de sus trabajos. En este caso, El corazón del Ángel no obtuvo tampoco ningún premio o reconocimiento importante, era una época en la que el cine de género no gozaba del respeto que disfrutan otras historias.