Los rótulos iniciales nos informan de que vamos a ver la “canción” de un Hombre y su Esposa, una historia que no es de ningún lugar y es de todos los lugares… Vemos un dibujo de una estación de tren, con el letrero: Verano, época de vacaciones. La ilustración se convierte en una estación “real” (maqueta de trenes en primer plano y personas de verdad al fondo) y se suceden imágenes superpuestas del veraneo: trenes que se cruzan, un barco, bañistas en la playa y turistas que llegan a una aldea indeterminada. En ella, una atractiva y desenvuelta Mujer de la Ciudad (Margaret Livingston) lleva varias semanas de vacaciones, alojada en una “casa rural” de la época. La mujer se acicala en modo “vampiresa”, hace que la patrona le limpie los zapatos, camina hasta una casa y silba desde el exterior. Dentro de la casa, el Hombre (George O’Brien), atormentado pero incapaz de resistir la tentación, oye la llamada y sale sumiso tras ella. La Esposa (Janet Gaynor) queda sola y abatida, con su pequeño hijo. Una vecina (Bodil Rosing) recuerda que, hasta hace poco, el Hombre y su Esposa se amaban y eran como niños, despreocupados y siempre felices (vemos un flashback del matrimonio en el campo, junto a las vacas, riendo, abrazándose y besándose). Pero ahora, el Hombre se está arruinando por la Mujer de la Ciudad, hipotecando la granja y vendiendo las vacas, mientras la Esposa languidece sola.
El Hombre y la Mujer de la Ciudad se encuentran en los pantanos, bajo la luna, se abrazan y se besan apasionadamente. En cierto momento, él está recostado en los brezos y ella le besa en el cuello (un claro guiño vampírico). La Mujer le pregunta si es completamente “suyo” y el Hombre responde que sí (es la misma pasión absorbente y destructiva de Phantom). Entonces, la Mujer le propone que venda la granja y se vaya con ella a la ciudad… ¿Y mi esposa? —pregunta él. Ella se ríe y de pronto su mirada se vuelve implacable: ¿no podría ahogarse? Así, le sugiere al Hombre que mate a su esposa durante un viaje en barca, arrojándola por la borda o volcando el bote. Al principio, él se opone violentamente y casi estrangula a la Mujer, pero el poder de seducción de ella se impone y vuelven a besarse… El Hombre propone “afectuosamente” a su Esposa un viaje en barca hasta la ciudad. Ella acepta ilusionada. Pero durante el viaje empieza a mosquearse, hasta que él se abalanza sobre ella, dispuesto a matarla… sin embargo, en el último momento, se arrepiente. Al llegar a tierra, ella huye, pero él la sigue y la convence de que le perdone… Y de pronto se encuentran como una pareja joven en la ciudad, asisten a una boda que les hace recordar la suya, van a una peluquería, se hacen una foto, se ríen, beben, acuden a una feria, bailan… Y el resto ya lo verán.
«Donde quiera que salga y se ponga el sol, en el ajetreo de la ciudad o bajo el cielo abierto de la granja, la vida es siempre lo mismo: a veces amarga, a veces dulce», dice un rótulo al principio del film. El encanto de la historia, procedente del cuento original de Hermann Sudermann, es que trata sobre un matrimonio que recupera su amor (bueno, lo recupera él, porque ella nunca lo había traicionado) y sobre la “redención” del hombre, salvado por la mujer buena (tema recurrente en Murnau). El tontaina redescubre la belleza de su mujer gracias a la mirada de los otros (el fotógrafo), y hasta hay una escena cómica de celos cruzados, cuando una manicura se acerca al marido y un ligón a la mujer. Esta bella premisa se transmite con un magistral trabajo de diseño visual, cámara y montaje (cuya elaboración hemos detallado en otra página) y con notables interpretaciones, sobre todo de la angelical Janet Gaynor y la villana Margaret Livingston. Una obra maestra de encanto perenne.