Bryan, antiguo agente de la patrulla fronteriza, ahora ayuda a emigrantes mexicanos a cruzar a Estados Unidos. Su antiguo compañero de la patrulla Mitch está obsesionado por capturarle. Mientras, Chuck, joven agente enamorado de Engracia, una prostituta mexicana, decide casarse con ella para legalizar su situación.
Eficaz drama fronterizo coproducido entre España y Estados Unidos, bien dirigido por José Luis Borau, que entrecruza los periplos de diversos personajes. El conjunto funciona por la realista puesta en escena y porque Borau tuvo a sus órdenes a actores de primera categoría.
Este film ìtiene el suficiente interés, especialmente por su sólida construcción y su ìimpecable acabado. El mundo de la emigración clandestina entre México y Texas estaba mostrado con tanto vigor como credibilidad. Sus atractivos se refuerzan teniendo en cuenta las vicisitudes que sufrió su rodaje.
Todo lo que ocurre en Río abajo es totalmente real. Los personajes son inventados, pero ese grupo humano existe en la frontera entre México y Estados Unidos. Son historias sobre ese grupo de gentes que viven junto a esa raya divisoria: contrabandistas, policías, prostitutas. Un mundo que nace y vive al calor de la política artificial que crea una frontera. José Luis Borau afirmaba que no era partidario de las fronteras ni de las nacionalidades. Las fronteras sólo delimitan los intereses humanos y los egoísmos políticos. Por lo tanto, la película es un alegato contra las fronteras. La historia de Río abajo narra el choque político y cultural de unos personajes que viven a ambos lados de la frontera.
Interesante coproducción España/Usa/Australia (los minuciosos y extensos créditos iníciales, aparte de ser una rara avis ya que en la mayoría de las películas solemos verlos al final, te ponen en la frontera antes de empezar la película), dirigida en un largo (cuatro años) rodaje lleno de incidentes por José Luis Borau y escrita en colaboración con el australiano David Greig, en el que se nos cuenta a la manera «vidas cruzadas», de forma realista y con las ciudades de Laredo (Texas) y Nuevo Laredo (México) como reales escenarios donde transcurre la acción, varias historias que tienen como eje de la trama la vieja rivalidad entre Bryan (David Carradine), un coyote que antes estuvo en la patrulla fronteriza y Mitch (Scott Wilson), un duro ex compañero de este, que a lomos de su avioneta de patrulla sobre el Río Grande ha convertido la caza de Bryan en una obsesión, mostrándonos a su vez las debilidades e idas y venidas de los agentes, que lo mismo capturan y zahieren a los inmigrantes que pillan cruzando la frontera, que luego se pasan a la parte mexicana y se nos muestran como unos sinvergüenzas de tomo y lomo.
Precisamente a través del personaje de Engracia Gómez (Victoria Abril), una desenvuelta prostituta del club “Papillon” y la obsesión con esta por parte de Chuck (Jeff Delger) un aspirante a agente que a su vez se ve envuelto en un incidente en el que muere un chaval que intentaba cruzar en el interior de un camión conducido por Bryan y el también encaprichamiento de la sensual Engracia por parte de un cada vez mas mezquino Mitch, es donde reside el mayor interés de la película, lo que acompañado de la magnífica y en algunas escenas cuasi documental ambientación y teniendo en cuenta que la vieja rivalidad que al comienzo parecía ser el leiv motiv se queda en apenas nada (David Carradine a partir de la primera media hora prácticamente desaparece), nos da como resultado una más que digna película fronteriza (también hay una subtrama político/social sobre el espinoso asunto de la inmigración).
Por último añadir el gozo que supone reencontrarnos con el gran Sam Jaffe (el profesor Erwin Riedenschneider en la mítica La jungla de asfalto, 1951) en el papel de “El gabacho”, un libidinoso y turbio anciano al que todos le muestran temor y respeto (hay una escena al final en el que le vemos aproximarse a una pared donde hay colgado un almanaque con unas mujeres desnudas esgrimiendo una libidinosa sonrisa que nos hace recordar de forma inmediata su escena final en la película de John Huston).
Especialmención merece, por su calidad, la presencia específicamente española, centrada en la protagonista y el director de fotografía. Victoria Abril consigue una interpretación aceptable, no simplemente basada en su presencia física. Tal vez le falte la debida gama expresiva que su complicado papel hubiera exigido, junto a una indudable soltura, adquirida en sus numerosas salidas a coproducciones internacionales. Su actuación no desmerece , junto a las más «profesionales» y experimentadas de David Carradine y Scott Wilson en sus respectivos y ajustados papeles. Por su parte, Teo Escamilla vuelve a acreditarse como uno de los directores de fotografía más maduros de nuestro cine. El hecho de haber trabajado con un numeroso equipo de «cámaras» no le ha roado el toque personal y sugerente a que nos tiene acostumbrados.