Pantalla Grande

Si pudiera te daría una patada

Mujer al borde de un ataque de nervios



Directora: Mary Bronstein

Guión: Mary Bronstein

Fotografía: Christopher Messina

Dirección de arte: Kyra Boselli

Montaje: Lucian Johnston

Productores: Sara Murphy, Ryan Zacarias, Ronald Bronstein, Josh Safdie, Eli Bush

Intérpretes: Rose Byrne, Delaney Quinn, Asap Rocky, Conan O’Brien, Christian Slater


Idioma (VOSE): Inglés

Duración: 113'

SESIÓN 24.02.27

Madre no hay más que una, pero Linda (impresionante Rose Byrne) está agotada, sobrepasada, desbordada, cansada, extenuada, exhausta, frustrada, al borde de un ataque de nervios, harta… Ya no puede más. Su marido lleva ausente por trabajo mucho tiempo y ella tiene que lidiar con todo: con su hija aquejada de una enfermedad rara que exige cuidados las 24 horas del día, con su trabajo y, por si fuera poco, con una gran gotera en su casa cuya reparación no parece tener fin. Y ahí está, varada en un motel tratando de solucionar sus problemas, incluido una no muy sana relación con el alcohol; bregando con la complicada máquina que mantiene con vida a su hija y, siempre tratando de poner su mejor cara. Pero quienes esperen el relato de una abnegada madre que luchará con sus últimas fuerzas por salir adelante, quienes esperen ver un drama lacrimógeno y sensiblero, quienes busquen un retrato idealizado de la maternidad no lo encontrarán en Si pudiera te daría una patada (If I had legs I’d kick you), el impactante, brillante (e inclasificable) filme dirigido y escrito por la estadounidense Mary Bronstein. 

En Si pudiera te daría una patada hay momentos delirantes, surrealistas, humor (mucho, la verdad, pero del negro, claro) y, en ocasiones, verdaderas escenas de terror. «Es una película muy difícil de describir porque incorpora muchos géneros», señala su protagonista, Rose Byrne, cuyo trabajo fue reconocido con el Oso de Oro a la Mejor Interpretación del Festival de Berlín y el Globo de Oro a la Mejor Actriz de Comedia o Musical, entre otros muchos galardones. «Esa madre, Linda, se encuentra en una situación muy difícil que, por suerte, no muchos padres tienen que atravesar», añade. «Lo que vive la protagonista», puntualiza la directora de la película, «es tan duro que el público necesita pequeños momentos de liberación. Esos instantes cómicos, incluso los toques surrealistas o de horror funcionan como válvulas de escape». Porque «atender a su hija no es algo que le provoque placer. Lo siente como un problema y parte de su crisis. Que Mary [Bronstein] se haya atrevido a mostrarla así es un verdadero desafío porque las madres no tienen permitido sentirse de esa manera», expone Byrne.

Si pudiera te daría una patada no es una película cómoda de ver. Al contrario. Su atmósfera agobiante va ‘in crecendo’ a medida que avanza el metraje hasta el punto de que el espectador se ve tan sobrepasado (puede incluso que más que Linda) y completamente inmerso en la efervescencia de los sentimientos de estrés, ansiedad, culpabilidad, soledad y desesperanza que la atenazan. 

La maestría de Mary Bronstein, que escribió esta historia inspirada parcialmente en una experiencia personal, consiste precisamente en meter de lleno al público en la historia sin darle un respiro mediante un ritmo trepidante, un marcado montaje, planos muy cerrados y la cámara al hombro siguiendo siempre nerviosamente a la protagonista. También, por supuesto, utiliza ciertos ‘trucos’: no vemos el rostro de la hija. Sólo conocemos su voz… y su verborrea machacante y, en ocasiones, chillona. 

En todo ese contexto, el gran boquete de la gotera de la casa aparecerá como metáfora de la propia vida de Linda, paradójicamente, una psicoterapeuta incapaz de ayudarse a sí misma. La avería cada vez se irá haciendo más grande al igual que todo lo que se le va de las manos y no puede gestionar en su vida.

Es difícil imaginar a otra actriz más capacitada que Rose Byrne dando vida a Linda con esa energía tan hermosa y arrolladora, siempre saliendo más que airosa al transitar la cuerda floja que separa lo cómico de lo histriónico; lo superficial de lo complejo; la ternura de la aspereza. Sin duda es una de las grandes interpretaciones de la década. «Lo que me tuve que plantear era cómo me podía identificar yo, y por tanto el público, con ella. Ésa fue la clave», asegura. 

Durante alrededor de seis semanas actriz y directora desgranaron y diseccionaron en la mesa de la cocina de Bronstein cada una de las páginas del guion e imaginaron la vida de Linda (antes de que comenzara a desmoronarse en su vida). Todo ese trabajo previo dio sus frutos durante los (breves) 27 días de rodaje del filme. «Recuerdo verla en los monitores y pensar que lo que estaba haciendo Rose superaba cualquier cosa que yo hubiera imaginado», reconoce la directora, que tardó ocho años en sacar este proyecto cinematográfico adelante. 

Ese recital interpretativo, por supuesto, llega a su clímax en la escena final. La incomodidad en la butaca en esos momentos llega ya a un extremo tal que es difícil no sentir la necesidad de, si pudiéramos, levantarnos, atravesar la pantalla y abrazar fuertemente a Linda/Rose. 

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