El 11 de septiembre de 1973, la Armada, el cuerpo de Carabineros, el Ejército y la Fuerza Aérea de Chile llevaron a cabo un golpe de Estado para derrocar al presidente Salvador Allende y acabar con su gobierno socialista de Unidad Popular. Atacaron por tierra y aire el Palacio de la Moneda, sede del Gobierno, en el que el mandatario se había refugiado con sus más directos colaboradores. Momentos antes de morir, dirigió su último discurso a la nación. «Estas son mis últimas palabras teniendo la certeza de que mi sacrificio no será en vano», sentenció.
Bajo el liderazgo del general Augusto Pinochet, Chile vivió a partir de ese momento y hasta 1990 uno de sus períodos más oscuros. No es spoiler: es historia. La que cuenta Hangar rojo, el filme con el que el realizador Juan Pablo Sallato da el salto a la ficción cinematográfica tras varios trabajos en el ámbito documental.
Con ese mismo espíritu, dar fe, Sallato se embarca en esta historia real, la del capitán Jorge Silva, un constitucionalista convencido que tendrá que elegir entre la obediencia o sus propias convicciones morales en las primeras horas del golpe militar. Al principio tratará de mantenerse al margen, pero la llegada del coronel Mario Jahn (que acabaría siendo el director de la temida DINA, (la temida Dirección de Inteligencia Nacional) acelerará una serie de acontecimientos que le obligarán a posicionarse cuando recibe instrucciones de convertir la base aérea El Bosque en un centro de detención y tortura.
En el año 2011, el informe de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura cifró en más de 40.000 las víctimas de represión de la dictadura militar chilena, de las que 3.065 fueron asesinadas y hechas desaparecer. Entre los años 1973 y 1977, la dictadura de Pinochet orquestó un cruel sistema de persecución, secuestro, tortura y asesinato de los opositores al régimen.
Pero no todos los militares secundaron el golpe de Estado. Alrededor de 80 oficiales y suboficiales de la Fuerza Aérea se negaron a participar o ser cómplices, entre ellos el capitán Silva, un piloto y experimentado paracaidista que ya en 1970, en víspera de su investidura como presidente, alertó al presidente Allende de un complot del Ejército para acabar con su vida. «Todos los militares que colaboramos con el Gobierno de Allende lo vamos a pasar mal, capitán», le advierte un amigo.
A partir de ahí, se sucederán unas horas angustiosas y decisivas en su vida que (no es spoiler, es historia) acabarán con el propio capitán en el (tristemente famoso) Estadio Nacional, torturado por sus compañeros de armas, encarcelado durante más de tres años y posteriormente obligado a exiliarse en Londres, donde, en octubre de 1998, se manifestó a favor de la extradición y enjuicimiento de Pinochet por genocidio, terrorismo, torturas y desaparición de personas tras la orden dictada por el entonces juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón.
Estrenado en la pasada edición del Festival de Cine de Berlín, en Hangar rojo Sallato construye manejando milimétricamente la tensión y el suspense una especie de thriller psicológico de temática marcial. Una estilizada fotografía en blanco y negro ayuda, además, a potenciar esa sensación claustrofóbica. Aunque, en realidad, el objetivo del director no era otro que «buscar un poco de humanidad en la barbarie».
Destaca, en especial, la interpretación de Nicolás Zárate como el capitán Jorge Silva, un pilar muy sólido de este filme que, en realidad, aunque hayan pasado ya más de 50 años desde que tuvieran lugar los hechos que narra, se siente muy actual. «Con toda la barbarie que estamos viendo, la llegada de los nuevos fascismos, las violaciones de los Derechos Humanos, genocidios… ahora se vuelve muy actual la película y eso da mucha tristeza, pero también mucho sentido al trabajo que hicimos», declaró el cineasta durante el Festival de Cine de Málaga en el que Hangar rojo se alzó con cuatro premios (Mejor Actor, Mejor Montaje, el Premio de la Crítica y del Público).
La historia de nuevo hace spoiler. Pinochet murió en el año 2006 aunque logró irse de rositas. No pagó por sus crímenes en prisión. Hoy Los Cerrillos, el Hangar rojo, donde se cometieron tantas torturas, ya no existe. El lugar alberga en la actualidad un parque y un centro de arte. Justicia poética.
El presidente Salvador Allende también lo avanzó en su último discurso a la nación aquel 11 de septiembre de 1973: «Tengo la certeza de que, por lo menos, habrá una sanción moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición».