Pantalla Grande

Nino

La vida iba en serio



Dirección: Pauline Loquès

Productor: Sandra da Fonseca

Guion: Pauline Loquès, Maud Ameline

Reparto: Théodore Pellerin, William Lebghil, Salomé Dewaels, Jeanne Balibar, Camille Rutherford.

Música: Thibault Deboaisne

Fotografía: Lazare Pedron

Montaje: Geraldine Riez


Idioma (VOSE): Francés

Duración: 96'

SESIÓN 31.03.27

La frontera de los treinta se supone que es la que separa definitivamente la juventud de la madurez. Se suele pensar que al cumplir los treinta años es el momento en el que uno debe preguntarse: «¿Qué estoy haciendo con mi vida?», en el supuesto de que los caminos que hayas tomado no te lleven al lugar que soñaste de joven o adolescente. Si uno no se ha hecho esta pregunta, año arriba o año abajo, probablemente es porque que está satisfecho con lo que ha llegado a conseguir o es un pesimista incorregible y cree que las cosas podrían ser aún peor. Para Nino Clavel (Théodore Pellerin), hoy es el día en el que tiene que hacerse esta dichosa preguntita. Su treinta cumpleaños coincide con un futuro profesional incierto, una reciente ruptura con su novia y una sensación de haber tirado la toalla hace tiempo. Pero, si ustedes piensan que las cosas no pueden ir a peor, se equivocan; pregúntenle a Murphy. Hoy, justamente hoy, le acaban de confirmar en el hospital que le han descubierto un sarcoma en la garganta, desencadenado por un virus del papiloma contagiado en algún escarceo sexual. Le dicen que debe someterse a quimioterapia y radioterapia y, suponiendo que pretenda perpetuar la especie, debe presentar una muestra de semen para su congelación, ya que este tratamiento le producirá esterilidad irreversible. Todas estas noticias se las proporciona su hospital de referencia con una escandalosa falta de tacto y empatía. Tiene tres días para contar sus problemas a su madre o a algún íntimo amigo y entregar la «esencia de la vida» en el banco de semen del hospital. Hay días en los que uno no tendría que levantarse de la cama. Nino no es una comedia negra, aunque lo parezca por el preámbulo anterior; es un paseo en tres días por la existencia de un joven dentro de los límites de su ciudad.

Para los que estén familiarizados con el cine de Agnès Varda, una de sus películas, Cleo de 5 a 7 (1962), nos muestra a la protagonista deambulando por París mientras espera los resultados de unos análisis médicos que le hacen sospechar que puede tener cáncer. En el caso de Nino, el periodo es un fin de semana y él sabe ciertamente que tiene un sarcoma; esos días son el preámbulo de un cambio en su vida que será fundamental, en uno u otro sentido. Para Cleo, esas dos horas de paseo le sirven para hacer un balance de su vida, una autoexploración. Nino siente que su propio yo le es ajeno, como si las cartas las hubiesen repartido cuando nació, y esos tres días nos sirven para ver todo lo que rodea al personaje: su mundo y sus amigos, a los que a veces le cuesta identificar como integrantes de su propia vida. Nino realmente es un desastre, un náufrago aislado en los márgenes de su existencia. Pierde con frecuencia las llaves de su apartamento, los acontecimientos le superan y no tiene el valor de contarle su enfermedad a su madre. Es un niño, emotivamente hablando, al que le cuesta mostrarse ante los demás. En algunos momentos de la película, su falta de decisión provoca momentos de humor negro que acentúan su aturdimiento.

Los personajes que pasan delante de los ojos de Nino son retazos de su vida, de lo que fue y de lo que puede llegar a ser. Su exnovia, su mejor amigo Sophian, la alocada Lina que comparte con Nino su interés por perpetuarse y la desconocida Zoe que le ayuda y conforta en los momentos más embarazosos. Dentro de este desfile de figuras, merece ser recordado un personaje sin nombre al que conoce en unos baños públicos (Mathieu Amalric). Le dará sabios consejos para enfrentarse a la vida y le mostrará una foto de su mujer que guarda un parecido sobrenatural con Romy Schneider. La vida siempre te depara el conocer gente fascinante.

Nino es la ópera prima de Pauline Loquès, una excelente y prometedora muestra de talento, y la recepción en las pantallas europeas lo ha sabido premiar. Además de esta particularidad interesante, es una película compuesta en el apartado técnico, en su mayoría, por mujeres —salvo en la dirección de fotografía—. Sin embargo, Pauline trata de evitar la acusación de mostrar la realidad a través de los ojos de una mujer. Los personajes femeninos rodean a nuestro protagonista; cada uno de ellos es diferente, porque cada uno es un fragmento del entorno vital de Nino. Sin embargo, él es un hombre. Reúne buena parte de los problemas asociados a un treintañero: miedo al compromiso, huida ante los problemas y una inmadurez que le obliga a convertir su vida en una continua procrastinación. Es posible que estos clichés también se apliquen a las jóvenes de su misma edad. Aunque creo que ellas reaccionarían de otra manera. El denominador común es un brillante acercamiento psicológico a la certeza o posibilidad de la muerte, vista desde los ojos de alguien que descubre que la vida va en serio —como diría Gil de Biedma—, que aún no ha tenido la ocasión de dejar huella y marcharse entre aplausos, y que morir es el único argumento de la obra.

Acompáñenos a seguir a Nino en estos tres días. Si están leyendo esto, es muy posible que no hayan conocido el miedo a marcharse de este mundo tan pronto; pero, seguramente, habrán compartido en ocasiones algunos de los dilemas que se le plantean a nuestro héroe. Hasta los treinta años, la vida es un ensayo entre bastidores que nos servirá para mantener la dignidad a la hora de alzarse el telón frente al patio de butacas.

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