Es imposible hablar de la película sin sentir una enorme emoción, porque está basada en la historia real de Andrea, un adolescente romano que sufre un acoso escolar insoportable. Basada en una historia real que conmocionó a Italia en 2012, la película muestra la vulnerabilidad adolescente, el primer amor y el peso de la mirada ajena.
Margherita Ferri dirige una crónica de la vida, de las alegrías, y finalmente del sufrimiento de este adolescente que como tantos a su edad solo quiere encontar un lugar en el mundo. El film va sobre la vida. Es muy vital. Y aunque acaba de manera triste, quiere enseñar a los chicos que tienen que hablar, que en caso de acoso es fundamental hablar y también denunciar.
«Cuando vi la película sentí una emoción increíble -dice Teresa Menes, la madre de Andrea-, no solo porque me pareció que volvía a encontrar a mi hijo, sino sobre todo por el impacto que la película podía tener. La madre del protagonista es una mujer luchadora constante contra el bullyng, que se deja la piel y el corazón para que no se repita algo tan tremendo y desolador como lo que le ocurrió a su hijo. Pasado un tiempo, esto se transformó en una acción socio-política. «Lo hago -aseveró-, sobre todo por otros chicos como Andrea. Unos pantalones rotos que se destiñeron fueron el detonante. A partir de aquí, un infierno de humillaciones –los pantalones eran unos vaqueros que había estropeado la lavadora, pero a él le gustaba ese tono rosa que era original-. Ahí empezó el calvario. El acoso escolar se nutre de prejuicios. Lo que hay que acabar es precisamente con esa subcultura. «El chico de los pantalones rosas»es el título que compañeros del instituto de Andrea pusieron a una página de facebook en la que se mofaban de él. Homofobia, crueldad y ciberacoso. Lo que verdaderamente desató el drama fue sobre todo el silencio, el de quienes vieron y no dijeron nada. El silencio también de mi hijo que no gritó al saberlo. El silencio de Andrea golpeó la mente y el alma de quienes le querían, que tras su tragedia se preguntaban por qué. En aquellas noches en que no podía dormir, solo estás pensando en eso por qué, por qué, por qué…
La película se basa en el libro que escribió su madre para sobrevivir al sufrimiento. El chico de los pantalones rosas, de la que se prepara un remake norteamericano, está narrada desde la mirada del protagonista, que de manera luminosa nos relata su vida familar en color, sus anhelos, su amor, el abuso que padeció, su tristeza, su soledad y su decisión final.
El film se convirtió en un fenómeno en Italia, donde alcanzó el estatus de película nacional más taquillera del año, y se han extendido sus proyecciones en escuelas e institutos para prevenir el bullying. Dirige la poco conocida fuera de su país Margherita Ferri, que evita el melodrama explícito y opta por una puesta en escena contenida, para dar voz a la víctima, a la que describe como un chico sensible, con un enorme talento para la música. Se luce a la hora de componer secuencias cálidas, como la convivencia con la familia, los paseos junto al mar con su amiga, o la actuación del coro al que pertenece Andrea frente al Papa. Estos momentos sirven de respiro dentro de una estructura narrativa progresivamente opresiva.
El muchacho de los pantalones rosas describe una espiral de aislamiento en la que Andrea intenta resistir manteniendo su forma de vestir y su identidad, pero esa afirmación personal es reinterpretada por el entorno como motivo para castigarle con injustificables insinuaciones homófobas. A la par, describe el bullying en toda su complejidad, mostrando la banalidad del mal, pues afirma que los agresores a menudo no son «monstruos», sino jóvenes comunes cuya falta de empatía y búsqueda de validación grupal los lleva a actos de crueldad extrema. También resulta sobrecogedora su constatación de que la situación ha empeorado en tiempos de redes sociales, pues el acoso ya no termina al salir de clase; persigue a la víctima hasta su habitación a través de la pantalla.
Ningún actor desentona. El experimentado joven Samuele Carrino construye sin subrayados dramáticos a Andrea Spezzacatene como un personaje en primer lugar alegre, pero que se va apagando de forma progresiva. Claudia Pandolfi conmueve al mostrar el amor materno de Teresa Manes y brilla en los momentos de intimidad, donde la relación madre e hijo se convierte en el núcleo emocional del film. Sara Ciocca aporta humanidad a Sara, la amiga estable, y Andrea Arru sale airoso de un papel muy complicado, Christian, pues se trata de un personaje ambiguo que oscila entre el carisma inicial y la crueldad social posterior, reflejando la presión del grupo como factor determinante en su comportamiento.
A nivel técnico, El chico de los pantalones rosas es funcional. La fotografía resulta limpia, sin grandes riesgos. El montaje acompaña la historia de forma clara y la música aparece en los momentos esperados. Todo está bien, sin mucho más, en una historia potente, real devastadora que consigue transmitir ese dolor a buena parte del público y, con toda probabilidad, dejará huella en más de un espectador.
El chico de los pantalones rosas es una película que cumple una función importante, visibilizar una realidad durísima como el bullying desde un enfoque respetuoso y humano.
La película se mueve entre la genuina amistad con Sara y la tensión de una amenaza inminente que encarna Christian. A esto se suma el impacto de la separación de los padres de Andrea (Corrado Fortuna interpreta al padre) y la difícil transición a su primer año en el instituto. A pesar de la temática que aborda, la película, llena de luz y matices, está basada en el libro que Teresa Manes, la madre de Andrea, escribió tras su decisión de transformar la tragedia familiar en un mensaje de advertencia, con el fin de que los lectores pudieran identificar los síntomas de acoso y evitar caer en los mismos errores. Teresa no se dio cuenta de lo que estaba viviendo Andrea hasta casi el final, al descubrir en facebook un perfil llamado precisamente “El chico de los pantalones rosas”. El propósito de la página era burlarse de Andrea simplemente porque usaba unos pantalones que, tras un mal lavado, habían pasado de rojos a rosas. A esa edad, como ya sabemos todos, “si te sientes un perdedor, crees que esa realidad no cambiará nunca”. Esta película podría ayudar a innumerables jóvenes a comprender que eso no es así. En Italia la película se pasó en diferentes escuelas y colegios.