Decididamente, Richard Linklater es un personaje singular dentro del gremio de directores norteamericanos actuales. Ha combinado casi todos los géneros dentro de su filmografía. Podría decirse que, menos el cine de ciencia ficción y el de terror, ha tocado todos los palos. El factor tiempo es algo que tampoco le preocupa; puede contar una historia de amor en tres décadas diferentes: Antes del amanecer (1995), Antes del atardecer (2004) y Antes del anochecer (2013); o puede emplear una década de trabajo para narrar ese periodo de tiempo en la vida de un niño: Boyhood (2014). Ya solo le faltaba batir su récord y rodar una historia en solo quince días: Blue Moon (2025). Sí, de esta última película toca escribir ahora.
A partir de unas cartas encontradas por el guionista, Robert Kaplow, Linklater nos narra uno de los últimos días en la vida del gran letrista Lorenz (Larry) Hart. Pondré en antecedentes al respetable público del Cineclub: Larry Hart formó una pareja creativa legendaria con Richard Rodgers. Hasta principios de los años cuarenta habían firmado casi mil canciones. Habrían constituido la pareja más importante de la música melódica del siglo XX si no fuera porque Rodgers formaría una nueva y larga alianza con Oscar Hammerstein II. Podríamos decir que es como si Lennon, al separarse de McCartney, hubiese formado un grupo musical mucho más famoso que los Beatles.
La acción transcurre, casi en su totalidad, en el mítico Sardi’s Bar, la noche del 31 de marzo de 1943. Hart acude allí tras el estreno del musical Oklahoma!. Sardi’s era famoso por albergar a los miembros integrantes de los musicales de Broadway la noche del estreno. Actores, productores, prensa y gente de la alta sociedad se citan y lo celebran allí. Hart no forma parte de ese grupo: hace meses que su asociación con Rodgers terminó; Hammerstein es el letrista de este estreno y de los que lleguen en el futuro. Nuestro pequeño, contrahecho y alcohólico protagonista se siente ese día como si acudiera de invitado a la boda de su exmujer. Pero no importa; Hart está dispuesto a hacer de tripas corazón y tratar de desplegar todo su ingenio, simpatía y verborrea ante los invitados a esa «boda».
Sin ser una obra de teatro, Blue Moon tiene una clara apariencia teatral al narrarse la historia en un único escenario (salvo pequeños momentos). El guionista del filme halló en un archivo, hacía tiempo, una interesante correspondencia mantenida con Larry Hart por una desconocida llamada Elizabeth Weiland. Realmente solo se encontraron las cartas de ella y no las de él. A partir de lo que aparecía en estas misivas, Kaplow ficcionó las respuestas y la relación que podría existir entre ellos. Hay cosas que se conocían de Hart: su ingenio provocador, su homosexualidad y su vida entregada por completo a descubrir qué se esconde en el fondo de una botella de bourbon.
El protagonista es el actor fetiche de Linklater, Ethan Hawke, con el que ha trabajado en otras ocho ocasiones. Su papel fue nominado al Oscar a mejor actor principal; lamentablemente, se lo darían, de forma un tanto discutible, a Michael B. Jordan por Pecadores (Sinners) (2026). Hawke carga con más del sesenta por ciento del texto y el consiguiente peso de la obra, sin contar con una fabulosa caracterización física, convirtiendo a un actor de más de metro ochenta en un renqueante personaje de metro y medio. Hawke ha declarado en alguna entrevista que el reto más gratificante para un profesional es dar vida a un personaje en el que se da lo que él llama «correlación de opuestos». Larry Hart era el más pequeño de la sala, pero el más grande de todos ellos; era un homosexual enamorado de la joven Elizabeth; era vanidoso y amargado, pero también cariñoso y empático. Esa complejidad le dota al personaje, porque le da complejidad.
El papel de la desconocida Elizabeth Weiland lo interpreta una fantástica Margaret Qualley. Añadamos al elenco al barman (Bobby Cannavale) y a Rodgers (Andrew Scott) como miembros principales de todo ese mundillo que habita el Sardi’s.
Durante los cien minutos de duración tendremos ocasión de escuchar buena parte de las mejores melodías con letras del bueno de Larry. Las interpreta al piano un joven soldado de permiso (hay que recordar que nos encontramos en plena II Guerra Mundial). Entre todas ellas, la que da nombre a la película: Blue moon. Un título controvertido y del que hay diferentes interpretaciones, pero en las que todas coinciden en que es una de las mejores canciones de nuestro pasado siglo XX. Nos contará entre anécdotas, comentarios subidos de tono y reflexiones interesantes, el secreto para narrar una buena historia al que otro le pondrá música: huir de la cursilería y de los lugares comunes. Pocos meses después de esa imaginaria cita en el café de los artistas, caería en plena calle de Manhattan víctima de una neumonía aguda, agravada por su alcoholismo.
Blue Moon no es la única película que narra la vida de Larry Hart. En 1948 se estrenó Letra y música (Words and Music, 1948), dirigida por un discreto Norman Taurog, que en su trayectoria profesional nunca corrió el riesgo de morir de un ataque de talento, pero al que se le deben algunas de las colaboraciones entre Judy Garland y Mickey Rooney. En ésta, Mickey es nuestro letrista y la historia da un repaso edulcorado a toda su colaboración con Rodgers (Tom Drake). Al igual que el original, Rooney era bajito, fumaba puros continuamente y al final se muere. Pero no busque excesivos conflictos existenciales y sexuales en ella.