Ciclo José Luis Borau

Brandy, el sheriff de Losatumba

EN BUSCA DE JUSTICIA



Productor: Eduardo Manzanos

Director: José Luis Borau

Argumento: José Mallorquí

Guion: José Luis Borau

Fotografía: Manuel Merino 

Música: Riz Ortolani

Dirección artística: José Luis Galicia, Jaime Pérez Cubero

Montaje: Mercedes Alonso

Productor ejecutivo: Rafael Marina 

Intérpretes: Alex Nicols, Maite Blasco, Jorge Rigaud, Luis Induni, Robert Hundar, Antonio Casas, Natalia Silva, Paola Barbara, Antonio Gradoli, José Canalejas


Idioma (VOSE): Español

Duración: 85'

SESIÓN 30.03.27

Beau, un ganadero sin escrúpulos, capitanea un grupo de desaprensivos que siembran el terror en Losatumba, un pueblecito de Arizona. Como el sheriff no puede controlar la situación, la dueña de una granja decide reclutar a un antiguo pistolero para resolver el problema.

Brandy es un caso típico de un film absoluta y escandalosamente infravalorado, por ser español, por ser del Oeste, y, mejor aún, por ser una película española del Oeste, hecha en unos años en los que la proliferación de «westerns» españoles, en todo o en parte, era inversamente proporcional a su aprecio y valoración críticas… Lo cierto es que aquí el mundo del Oeste se muestra con una gran naturalidad, y, para ser el primer film de largo metraje dirigido por José Luis Borau, éste hizo una gran labor de dirección, más propia de un cineasta veterano y curtido en el género que de un novato.

Por supuesto, se aprecia el influjo de Río Bravo (1959), de Howard Hawks, pero el argumento de José Mallorquí, y el guion del propio Borau, hacen que la historia parezca distinta y sea distinta, y que Brandy tenga una personalidad propia. Por ejemplo, aunque Maite Blasco se parezca físicamente a Angie Dickinson, su personaje también es diferente. En cuanto al estadounidense Alex Nicols, que fue actor y director de cine, su papel de Brandy, el borracho protagonista, tampoco tiene mucho que ver con el personaje de Dean Martin en el film de Hawks, y es impresionante su modestia, su valor y su presencia física. Jorge Rigaud está muy bien en su papel de villano, y Antonio Casas también desempeña muy bien su papel de sheriff.

Brandy quizás no posea la buena factura alcanzada por algunas películas, las últimas de Romero Marchent. En este sentido se lograron metas importantes en su momento con títulos muy correctamente realizados, incluso dentro del spaghetti-western. La película de Borau puede ser, en principio, algo más torpe de realización, por falta, sin duda, de oficio, pero más moderna de construcción y, sobre todo, tan atractiva o más de contenido. En el film de Borau hay personajes de carne y hueso, hay conflicto humano, hay interés por unos determinados  seres. El proceso de regeneración que nos relata no es precisamente demasiado original; ni siquiera las causas y condicionamientos de la misma; ni tampoco el personaje que la vive. Pero aun así resulta preferible a tantos otros films del género, realizados en Europa, estúpidos, vacíos, insulsos, huecos, increíbles, como en la década de los sesenta del siglo pasado nos llegaban de Italia, Alemania  o muchos de los que se hacían aquí. Borau, además, ha demostrado un excelente pulso en el tratamiento de algunas escenas, en la composición de los tipos, en la dirección de actores. Ha sabido matizar con sensibilidad la historia amorosa, y ha conseguido que Alex Nicols compusiera un personaje lleno de hunanidad y de verdad. «Todo ello -como recuerda Antonio Giménez Rico- en medio de un mundo de presiones y limitaciones como el que rodeó a José Luis Borau a lo largo de la realización, montaje y sonorización de este western«.

Su cuidada factura técnica. El film cuenta con un gran trabajo como director de fotografía de Manuel Merino y, a pesar de su limitado presupuesto, con una estupenda labor de ambientación de la que supongo no es ajena la participación de la Produzioni Europee Associati de Alberto Grimaldi, productor responsable de gran parte de los mejores spaghetti westerns (Antes llega la muerte, La muerte tenía un precio, El bueno, el feo y el malo, El halcón y la presa, Cara a cara o Salario para matar).

El mensaje un tanto progresista de la película, en un momento en que la censura campaba por sus anchas en España, ya que describe una sociedad corrupta y autoritaria controlada por unos pocos y en la que los poderosos (autoridades políticas, representantes de la justicia, grandes comerciantes) explotan al pueblo llano al que no le queda más remedio que unirse para enfrentarse a la tiranía. En este sentido cobra gran importancia la figura del párroco, interpretado por el italiano Renzo Palmer que, tras asistir a la voladura de un negocio por negarse su dueño a ser extorsionado, implorará: «Hasta cuando Señor sufrirá tu pueblo la tiranía de sus enemigos«, o la asamblea de los habitantes de la ciudad en la que deciden rebelarse y acabar con esa situación porque «nadie puede hacer nada por nosotros salvo nosotros mismos«.

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