Tuve mis dudas sobre si incluir esta película en nuestro ciclo, que es una antología y no unas “obras completas”, por si resultaba redundante junto a Las playas de Agnès. A fin de cuentas, ambas son películas “autobiográficas”. Pero creo que, aunque esencialmente hablen de lo mismo, la vida y la obra de Agnès Varda contadas por ella misma, son muy diferentes. Las playas trata más de la vida y es más atrevida formalmente. Varda por Agnès se centra más en la obra y recoge su visión del cine, revelando mucha información sobre sus “tres vidas” artísticas: fotógrafa, cineasta y artista visual.
Ante Varda por Agnès no se puede evitar la palabra “testamento”. Fue su última película, se estrenó en el Festival de Berlín sólo un mes y poco antes de su muerte, y en ella quiso sintetizar, de manera consciente, todo su conocimiento sobre el cine, la fotografía, el arte, la vida… Es una lección (magistral) de cine y de vida.
El formato (aparente) es una charla (causerie), que comienza en un teatro, donde ella se sienta en el escenario, frente al público, en una silla plegable de directora con el rótulo AGNÈS V., una charla que será ilustrada por clips de sus películas y de sus demás trabajos (fotografía, instalaciones). En realidad, como vemos enseguida, combina varias presentaciones, conferencias, entrevistas, documentos de archivo y otras secuencias de diversas épocas en las que habla directamente a la cámara. Y también escenas imaginarias, como la de la playa con los niños y las esculturas de pájaros, creadas por Christophe Vallaux… Como siempre, hay muchos saltos, libre asociación de ideas y escenas surrealistas, pero se puede decir que esta vez mantiene un formato más clásico.
El punto de partida son las tres palabras que, para ella, son la clave del cine: inspiración, creación y compartir. La inspiración es por qué hacemos una película, la motivación, las ideas. La creación es cómo hacemos la película, medios y estructura (guión, reparto, blanco y negro o color). Y compartir es crucial, porque no hacemos las películas para nosotros solos, sino para mostrarlas y que las vea la gente. Como dice luego, la pesadilla del cineasta es que la sala esté vacía. A partir de ahí da entrada a la primera secuencia, del corto Oncle Yanco. Seguirán muestras y comentarios sobre Cléo de 5 a 7, Daguerréotypes, Black Panthers, Una canta la otra no y Sin techo ni ley. Sobre ésta, tiene una conversación con Sandrine Bonnaire, en la que recuerdan el rodaje y la actriz comenta que la directora fue bastante dura con ella entonces; ahora se ríen, claro. Mantiene otra charla interesante con la directora de fotografía Nurith Aviv, a propósito de Daguerréotypes, en la que Varda proclama que nada es banal si tienes empatía y miras con amor a la gente… Sigue un repaso a otras películas, como La felicidad, Lions Love, Mur Murs, Documenteur, vuelve a Le Pointe Courte, comenta su colaboración con compositores como Pierre Barbaud y Georges Delerue, sus trabajos con Jane Birkin y la fallida Las cien y una noches, su última película de ficción en 35 mm. Y siempre Jacques Demy.
En lo que sería la segunda mitad, o segundo episodio si lo viéramos en su formato original televisivo, recuerda su trabajo como fotógrafa con Jean Vilar, el Théâtre National Populaire y el Festival de Aviñón, sus retratos y autorretratos. Su nueva etapa en el cine con el nuevo milenio, desde su descubrimiento del vídeo digital en Los espigadores y la espigadora. Y su tercera vida como artista visual (no le gustaba el término “plástica”, que le sonaba a plástico). Esta parte resulta de especial interés para nosotros. Porque sus películas podemos verlas, pero sus instalaciones y videoinstalaciones sólo podemos conocerlas un poco gracias a lo que recoge aquí y en Las playas de Agnès.