Pantalla Grande

Memorias de un caracol

Vivir hacia adelante



Director: Adam Elliot

Guión: Adam Elliot

Fotografía: Gerald Thompson

Música: Elena Kats-Chernin

Montaje: Bill Murphy

Supervisor de Animación: John Lewis

Diseño de Producción: Adam Elliot

Dirección de Arte: Bob Shea

Productores: Liz Kearney y Adam Elliot

Intérpretes (voces): Sarah Snook, Kodi Smit-McPhee, Jacki Weaver, Eric Bana, Nick Cave, Magda Szubanski, Dominique Pinon, Tony Armstrong, Paul Capsis, Bernie Clifford, Davey Thompson, Charlotte Helsey, Mason Litsos


Idioma (VOSE): Inglés

Duración: 95'

SESIÓN 10.12.25

El australiano Adam Elliot (1972) ha construido (podríamos decir mejor que ha “modelado”) una filmografía única y deslumbrante, formada hasta ahora por dos largometrajes y seis cortos. Ganó el Oscar con su cortometraje Harvie Krumpet (2003). Su primer largo, Mary and Max (2009), es una obra maestra de culto, que les recomiendo ver a toda costa (en su día, se presentó en el Festival de Sitges, pero no se estrenó comercialmente en España; ahora la tenemos en formato doméstico). Elliot cultiva el difícil y minucioso arte de la animación stop motion, fotograma a fotograma (en la película que nos ocupa, hay una desternillante explicación del método de trabajo, con una “animación dentro de la animación”, cuando la protagonista quiere hacer películas en stop motion). Como bien señala el director, este tipo de animación, que llama “arcillografía” (“clayography”) tiene una magia especial, que no se consigue con la animación digital. En nuestro nivel, supongo que no será necesario aclarar que ésta no es una película “para niños”, aunque pueda verla todo el mundo.

La joven Grace Pudel (voz de Sarah Snook) acompaña a su mejor amiga, la anciana Pinky (voz de Jacki Weaver) en sus últimos momentos. Antes de morir, Pinky grita «¡patatas!», un “rosebud” que Grace no comprende. Desolada, la joven se sienta en el jardín, libera a su caracol favorito, Sylvia, y le cuenta su historia hasta entonces… En los 70, Grace vivía en Victoria, Australia, con su inseparable hermano mellizo Gilbert (voz de Kodi Smit-McPhee) y su padre parapléjico, alcohólico y soñador, Percy (voz de Dominique Pinon). La madre había muerto al dar a luz a los mellizos. El padre era un malabarista callejero francés, al que ella conoció en un viaje, pero cuando intentó trasladar su espectáculo a las calles de Victoria le atropelló un camión. Grace sufre acoso en la escuela porque es rara y tiene un labio leporino. Gilbert la defiende a muerte. Los dos adoran leer. Grace está fascinada por los caracoles, porque ella misma siente a menudo que quiere desaparecer dentro de su “concha” y porque los caracoles mueren al poner huevos, como su madre en el parto. Acumula figuritas de caracoles y caracoles vivos, y lleva un gorro con cuernecillos de caracol… El padre, Percy, sufre apnea del sueño y los hermanos tienen que despertarle aplaudiendo para que no se asfixie. Pero una noche ya no se despierta… Los servicios sociales se hacen cargo de los huérfanos y les separan. Grace es adoptada por un matrimonio de Canberra, aficionados a los libros de autoayuda y el intercambio de parejas. Gilbert termina en una familia de fanáticos religiosos, en una granja de Perth. Sólo se mantienen en contacto a través de las cartas… Pasan unos años. Grace conoce a una mujer excéntrica, Pinky, que le cuenta asombrosas historias de su vida: casada dos veces, ha sido bailarina exótica, perdió un dedo en Barcelona (en Els Quatre Gats) y jugó al ping pong con Fidel Castro… Entre otras cosas, Pinky le enseña a Grace que las peores “jaulas” son las que nos construimos nosotros mismos y que tiene que salir de la concha y vivir hacia adelante… Y el resto ya lo verán.

Un letrero en los títulos finales proclama que «esta película está hecha por seres humanos». Toda una reivindicación del arte y la artesanía. Y menudo arte. Adam Elliot ha creado 200 personajes, docenas de decorados (destacan la detalladísima calle Brunswick y el Luna Park) y miles de objetos y animales (entre ellos, cientos de caracoles y unas cuantas cobayas), todos de una inspiración abracadabrante. El director ha padecido siempre temblores en las manos, a lo que atribuye su estilo de dibujo “brusco”, orgánico, de líneas irregulares y no pulido. Por lo mismo, él no puede mover personalmente las figuras en el rodaje, para lo que cuenta con un equipo de animadores. No se trata sólo de arcilla o plastilina, hay partes duras horneadas, imanes para las pupilas, pelos de alambre, piezas de cerámica y madera, lubricante para imitar el agua… Todo un mundo salido de la imaginación y, al mismo tiempo, corpóreo y real, girando en torno a la espiral de los caracoles. El proceso de preparación y realización del film duró ocho años, algo “mágico”, sí, pero también supongo que a ratos duro y tedioso… Elliot ha dicho que al principio había pensado en utilizar mariquitas, pero luego se dio cuenta de que las mariquitas eran demasiado “monas” y no quería nada “mono”. Los caracoles, que han aparecido de manera recurrente en sus películas, le fascinan, por el evidente simbolismo de la concha-refugio, por el dibujo espiral y porque siempre se mueven hacia adelante, nunca retroceden. 

Para dar vida a sus criaturas, Adam Elliot ha reunido un impresionante reparto de “seres humanos”. La maravillosa Sarah Snook (Predestinación, Succession) pone voz a Grace, la protagonista y narradora. Jacki Weaver (Animal Kingdom) es la impagable Pinky. Kodi Smit Mc-Phee (Déjame entrar, El poder del perro) es Gilbert. El francés Dominique Pinon (Delicatessen) es el padre francés de los hermanos. Magda Szubanski (Babe), lesbiana y activista LGTBIQ+ en la vida real, es la temible fanática religiosa y homófoba Ruth. También colaboran el músico Nick Cave y Eric Bana (Munich), éste en un corto pero jugoso papel de juez… No obstante, en la película, como pasaba en Mary and Max se prima la narración sobre el diálogo, a causa de la dificultad de sincronizar el movimiento de los labios en stop motion.

Citando a Kierkegaard, Pinky le dice a Grace que la vida sólo se comprende mirando hacia atrás, pero que hay que vivirla hacia adelante.  Esta hermosa y agridulce película tiene que ver con la melancolía, las novelas románticas, la soledad, la inseguridad, la depresión, la inadaptación y el abuso. Pero también con la amistad y la esperanza. La concha del caracol protege, pero también aísla, así que hay que atreverse a vivir y correr riesgos…

PROXIMAMENTE
Ciclo F. W. Murnau
Amanecer

SESIÓN 10.02.26

PROXIMAMENTE
Pantalla Grande
Vermiglio

SESIÓN 11.02.26

PROXIMAMENTE
Ciclo F. W. Murnau
Tabú

SESIÓN 17.02.26

PROXIMAMENTE
Pantalla Grande
The apprentice: la historia de Trump

SESIÓN 18.02.26

© Cineclub Uned 1994-2026

info/a/cineclubuned.es - 975 224 411