En los últimos años el cine de Corea del Sur está en pleno auge. se realiza buen cine y sus películas tienen éxito en Occidente, en ocasiones prácticamente superando a algunas producciones de Hollywood.
En este curso, el cineclub va a pasar un título muy reciente de uno de sus directores más prolíficos, Hong Sang-soo. las películas de Hong retratan la vida diaria de la sociedad coreana de una manera incisiva, dando mucha importancia a las relaciones humanas. A pesar de que la mayoría de sus trabajos no han cosechado grandes éxitos comerciales, Hong es uno de los mejores directores de cine coreanos presentes en el panorama internacional. Y aunque trabaja con presupuestos bajos, sus películas han participado en los festivales internacionales de cine más prestigiosos y ha recibido importantes premios.
En la viajera trabaja con la actriz francesa Isabelle Huppert y no es la primera vez que lo hace. Para quien conoce la obra del coreano, su estilo es inconfundible: Historias mínimas que reflejan la vida cotidiana de gente normal. Planos largos en los que se desarrolla una acción que parece improvisada y rezuma verismo. Un interés decidido por sus personajes, más que por la acción. La viajera es su tercera película con Isabelle Huppert que, por cierto, destaca porque no va de diva, sino de señora normal, con una presencia y un encanto fenomenales. Ella es un pretexto genial para meterse en la vida de las personas y preguntarles cómo se encuentran y qué les hace felices. Nada más, y nada menos.
Iris, una viajera misteriosa, vagabundea por las afueras de Seúl. Allí convence a una serie de personas para enseñarles francés con un método tan poco ortodoxo como seductor, a pesar de su falta de experiencia. Entre paseos por el parque y botellas de vino de arroz makgeolli, Iris parece de pronto una más de la familia. Con sombrero de paja, vestido de flores y chaquetilla verde, su personalidad desinhibida crea a su alrededor un clima de confianza, diversión y aprendizaje que provoca momentos hilarantes fruto de su desparpajo y algún malentendido.
«Hong Sang-soo tiene un método único de trabajar, pero me sentí totalmente libre, y no diría más creativa, pero sí llena de imaginación, al trabajar con él. Su manera de rodar es muy especial, porque a veces te da las frases el día antes, pero la mayoría de las veces lo hace la misma mañana del rodaje… Es rico, inspirador. Nunca me he cuestionado qué haré, a quién interpreto, pero simplemente la situación de estar rodeada, la mayoría de las veces, de gente a la que no entiendo cuando habla, te hace sentir de manera inmediata la riqueza de la situación. La gente intenta estar unida, aunque venga de diferentes sitios y mundos, e intenta hacer algo junta. Y eso es lo que siento al hacer películas en Corea. Es una experiencia muy especial. Y también hay mucho sentido del humor, porque la mayoría de situaciones son muy divertidas«, comenta la protagonista. Esta alegre y ligera profesora de francés, perdida en alguna ciudad coreana, no solamente se comporta, desde el primer minuto de metraje, como una presencia atípica en un entorno ajeno, sino parece que este comportamiento excéntrico entabla una relación simbiótica con el entorno, nutriéndose de este y, a su vez, modificándolo.
Y es que el personaje de Huppert da la impresión de haber comenzado a existir en el momento de inicio de filmación. Lleva consigo un pasado muy vago, ambiguo, y no hay ningún indicador preciso acerca de cuáles son sus motivaciones principales, sus deseos. Su actitud como personaje consiste en conectar con su alrededor de manera improvisada, e ir descubriendo por el camino cuál será la lógica de cada interacción. Su método de didáctica ha sido fabricado por ella misma, y, hasta ahora, aparenta ostentar un relativo éxito: en lugar de centrarse en las estructuras sintácticas, las conjugaciones de los tiempos verbales o la pronunciación, demanda de sus alumnos una expresión emocional, a partir de la cual ella configura ad hoc, un pequeño texto en francés, que les entrega en forma de una tarjetita, escrito a mano. Y la lectura de esta tarjeta en voz alta parece obrar el milagro. Es a través del aprendizaje cómo construye Iris un puente emocional con sus alumnos.
La segunda parte de La viajera se abre hacia otra relación, la de Iris con el chico con el que vive, cuya madre lo visita inesperadamente y le interroga sobre esa mujer francesa que vive con él. Se revelan aquí nuevos vínculos, no solo en la película sino también en el propio universo de Hong: entre madre e hijo, y entre una mujer mayor y un joven que le pregunta a ella si realmente son amigos. Los dos se quieren, de alguna manera, y se encuentran emocionalmente porque conectan. Las relaciones siempre han sido importantes para Hong, y aquí se exploran no solo respecto de lo idiomático, sino por cómo se establecen los contactos.
Para quien no conoce a este director coreano, La viajera es una buena película para introducirse en su obra, o para convencerse de que ese tipo de cine no le va: planos fijos, largas conversaciones, poca acción, gente sin nada especial… Pero, si el espectador acepta el desafío y observa y escucha, puede descubrir el arte de preguntar, de interesarse por los demás y de preguntarse por el sentido de la vida y por la búsqueda de la felicidad en las cosas pequeñas de cada día.
Como ya he insinuado, lo realmente llamativo de La viajera es cómo aborda el tema del lenguaje. La película reflexiona sobre las dificultades de comunicarse cuando se trata de expresar emociones profundas en un idioma que no es el propio. Hablar del clima es sencillo, pero poner en palabras de otro idioma lo que sentimos en lo más íntimo del alma es un desafío. Y ahí es donde esta cinta acierta de lleno.
La diva francesa no solo emerge como figura cómica, sino que hay algo casi fantástico en su presencia: el personaje se muestra extrañamente al límite en su experimento y ajeno a cualquier corsé social, y su pasado así como sus perspectivas son desconocidas, como si acabara de aterrizar de la nada, en Corea, o en la película. A la vez, Huppert se muestra luminosa, entre otras cosas por los hermosos y vivos tonos verdes de su ropa, los mismos colores de algunos de los escenarios.