Decía Tolstoi, en Anna Karenina, que todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz lo es a su manera. Esta reflexión viene a propósito del sentimiento de dolor o angustia, que es la más obvia manifestación personal de la infelicidad. Cada uno lleva en su mochila una forma personal de sufrimiento anímico, producto de los distintos golpes que le haya dado la vida o, simplemente, resultado de una imperiosa necesidad de que alguien regule nuestros niveles de litio en el organismo. Sufrimiento, al fin y al cabo.
De todo esto habla A real pain. Dos primos que deciden emprender un viaje organizado a Polonia de donde procedía su abuela, y conocer los campos de exterminio de los que se salvó milagrosamente, consiguiendo emigrar a Estados Unidos. Quieren visitar también la casa familiar donde creció y rendirle un homenaje íntimo frente a la puerta de su antigua casa. David (Jesse Eisenberg) y Benji (Kieran Culkin) son nuestros protagonistas. Cada uno de ellos manifiesta el dolor de una forma distinta. David sobrelleva su trastorno obsesivo compulsivo con medicación y con una actitud pesimista por no poder ser como los demás. Benji es un torbellino de emociones, el amigo que todos querrían tener y que siempre termina convirtiéndose en el alma de las reuniones. Pero en su interior hay un hombre torturado, acosado por la idea del suicidio. Este infierno sólo lo conoce su primo, que para sacarlo de él le ha convencido para iniciar este viaje.
Jesse Eisenberg, el director y coprotagonista, llevaba unos cuantos años con la idea de llevar al cine esta historia. Al igual que su personaje, también es judío. Años atrás decidió conocer sus orígenes en la lejana Polonia, de donde también huyeron sus familiares. Interpreta un hombre casado, maniático y que necesita el apoyo afectivo de su familia para sobrellevar sus rarezas, y también el apoyo de las pastillas que metódicamente consume cada día. En el fondo admira la vitalidad de su primo, por ese motivo le destroza contemplar cómo se autodestruye. Benji no comparte su dolor con nadie, no quiere o no sabe hacerlo. Cuando no puede soportar su depresión se aleja de todos acudiendo, paradójicamente, a una estación de tren o a un aeropuerto. En esos momentos necesita rodearse de gente, observar cómo esperan, cómo caminan apresuradamente hacía el andén, o cómo reciben a sus familiares al volver de un viaje.
Esta visión del dolor le condujo a rodar esta película, contraponiendo el dolor colectivo provocado por el genocidio con el dolor individual que para cada uno es diferente. La historia no habla de seres atormentados que deciden emprender un viaje para olvidar. No, la historia también habla de seis millones de personas que hasta el último estertor sintieron su dolor como una pesada carga que sólo ellos padecían.
Los viajes a los campos de extermino se promocionan en forma de tour para viajeros occidentales, con reclamos como “El tour del Holocausto”, visitas completas, comida incluida, etc. Benji se da cuenta de esa frivolización, probablemente no pretendida, en el momento en el que les montan en un tren con destino a uno de los muchos campos de la muerte, Majdanek . Ellos son un grupo de occidentales de clase media que acuden a visitar ese templo del horror en un vagón de primera clase, con cafetería, restaurante y aire acondicionado. Posiblemente deslizándose por las mismas vías por las que transitaron hacinados en siniestros vagones millones de judíos.
El mérito de Eisenberg es seguir la tradición de muchos otros judíos anteriores a él, decorando con brochazos de comedia algunos de los momentos de la película. Decía Woody Allen en Delitos y faltas que el humor es tragedia más tiempo. No es la primera película que se enfrenta al Holocausto o al nazismo utilizando el humor. Así, y sin documentarme mucho más, me vienen a la cabeza To Be or Not to Be de Ernst Lubitsch o Los Productores de Mel Brooks. Pero A real pain película no es una comedia y sin embargo es posible que en muchos momentos sonriamos o lleguemos a reír directamente, pero nos quedaríamos en la hojarasca de esta historia si no penetráramos en el tuétano de ella: Un verdadero dolor. Nadie jamás sentirá por Benji el sufrimiento que le abruma hasta acercarle al suicidio.
A real pain fue recibida con el aplauso de la crítica y del público, a pesar de ser un producto pensado como cine independiente. Kieran Culkin obtuvo un merecido Oscar -entre otros premios- por su interpretación. Jesse Eisenberg demostró en esta segunda película que nos encontramos con un director al que habrá que seguir en los próximos años. Como actor sigue transmitiendo esa imagen de fragilidad entrañable que siempre da la impresión de estar interpretándose a sí mismo.
La película está llena de momentos en los que se percibe que el rodaje tiene la apariencia de un caos organizado, con secuencias largas y teatralizadas, probablemente fruto de la improvisación de Culkin. Todo ello aderezado con la música de Chopin.
Seguro que disfrutarán viéndola, aunque es posible que en algún momento la sonrisa se les congele y noten una punzada que les haga recordar de qué va la historia. No cabe duda de que la pena anímica, la angustia existencial, es algo terrible y nadie puede sentirla por nosotros. Pero piensen que los grandes novelistas sólo han parido sus mejores obras desde la tristeza. La felicidad nos iguala y también nos priva de parte de nuestro yo. El secreto, supongo, es sobrellevarlo y lo mejor es pensar como Woody Allen, que decía que la vida está llena de soledad, miseria, sufrimiento y tristeza… y lo peor es que se acaba pronto.