Soria de Cine

La fabulosa historia de Diego Marín

Pioneros en vuelos



Director: Fidel Cordero

Guion: Fidel Cordero, Daniela Féjerman

Fotografía: Pancho Alcaine

Música: Francisco Cruces

Diseño de producción: José Luis Arrizabalaga, Biaffra, Peio Villalba

Montaje: Julia Juaniz

Vestuario: Mabel Gutiérrez

Intérpretes: Martxelo Rubio, Alicia Borrachero, Aitor Mazo, Irene Bau, Txema Blasco, Emilio de Cos, María Jesús Ruz, Nacho de Diego, Carlos Lucas, Kandido Uranga, Silvia Casanova, Chus Castillo, Luis García, Paco Sagarzazu, Joseba Apaolaza, Goizalde Nuñez, Carlos Bernal, Fanny Condado, Alfonso Asenjo, Jose Luis Martin Sastre, Bernardo Garcia, Felicitas Garcia, Carla Calparsoro, Arsenio Luna


Idioma (VOSE): Español

Duración: 86'

Sesión 21.12.21

En la Castilla de finales del siglo XVIII, Diego Marín, un pastor burgalés, fue acusado de hereje por lograr la hazaña de volar. 

Ambientada en los últimos años de 1700, esta película cuenta la historia real de Diego Marín, un  pastor de la provincia de Burgos que consiguió algo heroico: volar como las aves. Este sueño hecho realidad le llevó a ser uno de los primeros españoles especializados en ciencia aeronáutica, pero también a ser tomado por loco ya que la gente en su momento no creyó que hubiera volado. La idea de volar toma forma durante su infancia, cuando se dedicaba al pastoreo y observaba el vuelo de las aves en el horizonte. Intentó ir de Coruña del Conde a Soria, donde tenía algún pariente, pasando por El Burgo de Osma.

El director Fidel Cordero (n.1964), licenciado en Psicología, autor de numerosos cortometrajes, vídeos y publicidad, escribe y dirige esta historia, rodada con no demasiados medios, pero que cuenta con esforzados actores.

En 1996, el director de cine Fidel Cordero rodó un largometraje con su historia titulado La fabulosa historia de Diego Marín. En esta película de 90 minutos relata cómo este pastor de Coruña del Conde inició el desarrollo de su aparato volador, sin encontrar el apoyo de sus más allegados, e incluso siendo acusado de hereje por lograr esta hazaña. 

Fidel recuerda que fue su amiga Daniela Féjerman (coguionista de la película) quien le habló de esta historia tras leer un artículo en el que Julio Llamazares mencionaba esta proeza. Le llamó mucho la atención y pensó en crear un corto, sin embargo, con el tiempo la idea fue creciendo y se convirtió en un largometraje, el primero de su carrera. ´Pensé en el argumento, y cuando me di cuenta se había armado como algo más, algo demasiado largo para ser un corto´, señala. 

El director madrileño destaca la importancia de los sueños en esta película y la vinculación que tienen con la figura del protagonista. ´Los sueños te estructuran la vida te hacen buscar algo, avanzar, y al mismo tiempo te destruyen porque te alejan de la realidad´ -apunta- relacionándolo con la historia de Diego Marín, que ve su sueño frustrado tras varios años de trabajo e ilusión. 

Hoy en día esta película, que se emitió sobre todo en festivales, Canal + y Televisión Española resulta difícil de poder ver. Su director espera que en algún momento esta obra pueda volver a difundirse, porque permitiría no solo conocer la historia del burgalés, sino también entender la época en la que se produjo y la relación entre una persona y sus sueños.” (Fernando Gómez del Val).

Peculiar drama biográfico y de aventuras que no llegó a estrenarse en salas, aunque conoció algún pase televisivo, centrado en el personaje de Diego Marín, inventor intuitivo, si bien desconocía la ley de la gravedad, dibuja máquinas voladoras que reproduce como puede, lo que –como hemos visto- de inmediato le hace ser tildado de demente y hereje por sus envidiosos y supersticiosos convecinos. Como se sabe, al final las fuerzas reaccionarias se coaligan para destruir a este solitario visionario.

“Unas ambiciones demasiado elevadas y un presupuesto inversamente escaso fueron las rémoras de este proyecto, primer largo del realizador madrileño Fidel Cordero”, comenta el crítico Francisco María Benavent.

La fabulosa historia de Diego Marín contó con el apoyo y colaboración de Julio Llamazares y Fernando Lara. Entre los sorianos que intervinieron y participaron en el film se puede citar a Ana Arlegui, auxiliar de dirección; José Luis Martín Sastre, que interpreta al esbirro 2; el profesor Benedicto León, que tiene un pequeño papel en una de las primeras secuencias, así como David Hernández… La productora agradece el apoyo de los Ayuntamientos de Calatañazor, El Burgo de Osma y Ucero, a los bomberos de El Burgo, al Museo Numantino, a las Amas de Casa de Alcubilla del Marqués, al Centro de Interpretación de la Naturaleza del Cañón del Río Lobos, al Bar Cañón del Río Lobos, a los anticuarios Gil de Soria, Moreno y Mª Jesús de Almazán y al de Cidones, al Cine Palafox de El Burgo, a la Cooperativa de Enseñanza de Abioncillo, a Agua Montepinos, a la Cooperativa Lechera Soriana, al alfarero de Tajueco y a Alfonso de Almazán.

La película se presentó en la capital soriana el año 2004, dentro de la 6ª edición del Certamen de Cortos Ciudad de Soria con la presencia de su director Fidel Cordero, quien ya había realizado en la provincia su corto Aizul, sobre el relato de Juan Antonio Gaya Nuño. 

Biografía del personaje

“Diego Marín Aguilera (Coruña del Conde, Burgos, 1757-1800). Mecánico e inventor. Algunas circunstancias de su vida hacen suponer que su familia -gentes de escasos recursos, pero, según parece, sin agobios económicos- se pudo dedicar a la agricultura y ganadería. La muerte del padre le puso, como primogénito, al cargo de sus siete hermanos, circunstancia que fomentó su sentido de responsabilidad y el carácter emprendedor del que dio sobradas muestras, cuando sólo contaba catorce años.

Ingenioso en extremo, gran observador de la naturaleza y dotado de gran inteligencia natural, pese a ser analfabeto, ideó pequeños inventos llevado por la intención de facilitar el trabajo de sus vecinos, como un nuevo mecanismo -cuando sólo tenía once años- para hacer funcionar un molino que aún se conserva sobre el río Arandilla. Posteriormente, construyó otro artilugio con destino a una máquina para batanes y otra para aserrar los mármoles de las cercanas canteras de Espejón. Igualmente, creó un dispositivo para fustigar a las bestias durante las faenas de la trilla.

Sus largas horas de soledad, pues cuando no ayudaba en la fragua se dedicaba al pastoreo, agudizaron su espíritu reflexivo, mientras observaba el firme y sereno vuelo de las rapaces, especialmente las águilas, por encima de la almenada torre del viejo castillo. Pasó mucho tiempo estudiando la forma de su vuelo, lo que le llevó a discurrir la construcción de un aparato volador, una especie de “pájaro mecánico”. Para ello decidió acumular la mayor cantidad posible de datos antes del inicio de la empresa.

Así, durante seis años consiguió atrapar -mediante trampas donde utilizaba como cebo carne de reses muertas- un buen número de águilas y buitres, a los que desplumaba, pesando por separado el plumaje y el cuerpo, midiendo la envergadura de las alas, hasta hacerse con una cantidad de plumas que guardaran proporción con el peso de su cuerpo y con las dimensiones del artilugio que tenía ideado.

Cuando Diego creyó hallarse en posesión de todos los datos -con la ayuda y complicidad del herrero del pueblo, de su único amigo Joaquín Barbero y de una hermana de éste-, inició la construcción de su máquina voladora que, por lo que se sabe, guardaba algún parecido con un “ala delta” actual, compuesta por una viga armada de madera y dotada de alas constituidas por varillas de hierro cruzadas de alambres en las que colocó telas y plumas; dichas alas tenían una envergadura de unos ocho metros, recordaban a las de las aves y se movían en abanico, mientras que la longitud del cuerpo propiamente dicho era de unos cuatro metros y medio.

En su centro de gravedad se situó Marín, en un pequeño bastidor de madera sujeto con correas para soportar su peso. Las alas se batían mediante unas manivelas, y con unos estribos, en la parte inferior, podía -con los pies- dirigir y orientar la cola del singular aparato. Naturalmente, se imponía el más absoluto sigilo, ya que en la España de la época tales actividades se consideraban más próximas a la brujería que a la ciencia.

La noche del miércoles 15 de mayo de 1793, ascendió, ayudado por sus amigos y confidentes, hasta la peña más alta del castillo, ya que era imposible que una sola persona pudiera manejar el aparato, y desde allí se lanzó al espacio. Se elevó unas cinco o seis varas (una vara burgalesa equivale a 0,835 metros) y salió volando en dirección al Burgo de Osma y Soria, donde tenía parientes a los que pretendía visitar. Pasó en vuelo rasante por encima de las casas del pueblo y recorrió una distancia de cuatrocientas treinta varas (trescientos cincuenta y nueve metros), cuando sufrió una avería que le hizo caer a tierra, cerca del cauce del Arandilla, al haberse roto una pernia del ala derecha, sin más consecuencias que la contrariedad sufrida.

Habiendo comprobado que su máquina funcionaba, pensó en reconstruirla y perfeccionarla, más convecinos y parientes, temiendo le ocurriese alguna irreparable desgracia, se la destrozaron y quemaron. Triste y abatido, cayó en una profunda depresión que le llevó al sepulcro.

Hace unos años, su hazaña fue reconstruida en un aparato similar -no igual, ya que Marín no dejó ningún dibujo, descripción o testimonio de ninguna clase- al utilizado en 1793; eso sí, se emplearon para el programa televisivo Al filo de lo imposible idénticos materiales, construido en colaboración con la Facultad de Ingenieros Aeronáuticos de la Universidad Politécnica de Madrid.”

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