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Director. Grímur Hákonarson
Intérpretes. Sigurður Sigurjónsson, Theodór Júlíusson, Charlotte Bøving, Jon Benonysson, Gunnar Jónsson, Þorleifur Einarsson.
93 minutos

Islandés



LA ESTIRPE DE BOLSTADUR

Eyjafjallajökull. Tranquilos, no se me ha desconfigurado el procesador de textos de mi ordenador. Esa palabreja, con más consonantes que vocales, pertenece al nombre de un volcán islandés que se puso de moda hace más de seis años cuando entró en erupción. Eso nos permitió a los meridionales, que sólo nos podemos permitir una fonética basada en cinco vocales, acercarnos a un pueblo perfectamente occidentalizado, pero que conserva sus tradiciones y señas de identidad como si su existencia dependiera de ello. El idioma islandés ha evolucionado tan poco que sus hablantes son los únicos que pueden leer sin dificultad los textos de las antiguas sagas vikingas.

No acostumbraba a visitarnos el cine islandés, y la verdad no había ninguna razón que justificase esta ausencia. Si nos ceñimos al censo poblacional de su isla, no hay muchas cinematografías que tengan unas cifras tan exitosas. Directores como Gunnlaugsson, Fridrickson, Oddson, Jönasson, el hollywwodiense Kormákur y los recientes Johanesson, Hákonarson y Kari, rentabilizan con creces los poco más de trescientos mil habitantes de Islandia. Este año había dos candidatas para nuestra selección: Corazon gigante y Rams, ambas contaban con premios y reconocimiento internacional, pero la temática rural, mesetaria y ovina de la segunda, le daba un toque de entrañable hermanamiento con nuestra provincia. Cosas mías.

Rams nos habla de relaciones humanas y aislamiento. Es una historia de carneros y hombres -si se me permite la irreverencia de alterar el título de la gran novela de Steinbeck- donde la relación del hombre con su rebaño trasciende el ámbito de lo económico y laboral, para convertirse en una vinculación absoluta a la tierra de donde proceden ambos: hombre y carnero. Los carneros son la ligazón con su pasado y lo que justifica su presente, forman parte de un linaje de más de doce siglos de antigüedad, cuando los primeros escandinavos iniciaron la colonización. Las ovejas son cuidadas con maternal esmero por los granjeros, convirtiéndose en algo más que ganado: animales de compañía.

En los valles y páramos de Bolstadur viven Gummi y Kiddi, hermanos y vecinos. Se ocupan de sus carneros, premiados en los distintos concursos regionales y descendientes de los primeros animales que llegaron en el siglo noveno a la isla. Son el orgullo familiar: el linaje de Bolstadur. Se puede decir que los carneros son lo más parecido a una relación familiar y afectiva que tienen Gummi y Kiddi, no se hablan desde hace más de cuarenta años.

Después de un concurso ovino, Gummi sospecha que una de las ovejas de Kiddi presenta síntomas de scrapie, enfermedad neurodegenerativa similar a la variante bovina de las vacas locas. Una vez confirmada por los veterinarios dicha sospecha, procede el sacrificio de todos los carneros del valle para evitar que se produzca un contagio que termine con la cabaña ganadera. Esto es terrible, supone importar ovejas del continente y romper con el vínculo que les ataba a los orígenes de Islandia. Esta decisión inicialmente produce un enconamiento, mayor si cabe, de las tensiones y odio entre hermanos, especialmente de Kiddi hacia Gummi. No obstante, éste último tiene una idea descabellada que no quiere compartir con nadie y puede significar la salvación de la estirpe. (...)


AMPLIAR (Revista nº23)


José María Arroyo Oliveros

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