Pantalla Grande

Ven y mira

El cuarto sello



Director: Elem Klimov

Productora: Mosfilm, Belarusfilm

Guion:   Elem Klimov, Ales Adamovich

Fotografía: Aleksei Rodionov

Música:  Oleg Yanchenko

Montaje: Valeriya Belova

Intérpretes: Alexei Kravchenko, Olga Mironova, Liubomiras Laucevicius, Vladas Bagdonas, Victor Lorents


Idioma (VOSE): Ruso

Duración: 146'

SESIÓN A 09.02.22

Sesión B 16.02.22

“Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente, que decía: Ven y mira. Miré, y he aquí un caballo amarillo, y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Infierno le seguía; y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras de la tierra” (Apocalipsis 6, 7-8)

En el año 1985 se cumplían los cuarenta años del final de la Segunda Guerra Mundial. Para los soviéticos esa fecha coincide con el cuarenta aniversario del final de la Gran Guerra Patriótica, cuyo comienzo tuvo lugar en 1941 con la invasión de la URSS por las tropas alemanas. Son dos formas de interpretar la Historia que, en cualquier caso, coinciden con la derrota del nazismo.

La URSS estaba muy lejos de ser una democracia, pero se empezaban a intuir cambios en el horizonte. Gorbachov sería elegido ese año Secretario General del PCUS (que es tanto como decir el hombre con mayor poder de su país), empezaríamos a aprender palabras como glasnost o perestroika, y Fukuyama nos contaría, poco tiempo después, que nos encaminábamos a una era feliz a la que él bautizó como El Final de la Historia. Bueno, no siempre se acierta.

En este contexto sembrado de grandes esperanzas se encargó a Elem Klimov el rodaje de una película que nos recordara aquellos trágicos años y conmemorase la victoria sobre Hitler. Los tiempos habían cambiado y empezaba a existir en la URSS una corriente que reivindicaba la memoria de sus héroes pero sin ahorrar al espectador la atrocidad de la guerra. Los héroes también se manchan las manos con sangre enemiga.

Ven y mira en España se tituló: Masacre: Ven y mira, gracias a la estúpida contribución de los distribuidores a la hora de poner su toque personal. No obstante,  en adelante me referiré a ella con la traducción literal, respetando la voluntad de Klimov. La importancia del título: Ven y mira, viene dada por ser la admonición que recoge el capítulo sexto del Apocalipsis de San Juan, más concretamente en el momento en el que se abre el cuarto sello al que hace referencia el texto.

La película tiene lugar en Bielorrusia, año 1943, durante las matanzas que el Ejército Alemán (y más concretamente las SS)  perpetraron en los poblados de dicha república. El hilo conductor es Flyora, un joven muchacho, poco más que un niño, que va experimentando en un par de días un recorrido emocional que lo lleva desde el entusiasmo infantil en participar como joven partisano en la defensa de su tierra, a descubrir todo el horror de la contienda. Klimov estructura este viaje en tres partes claramente diferenciadas, y aunque el director no establece ninguna separación formal entre ellas podemos identificarlas nitidamente.

La primera parte nos muestra a Flyora intentando desenterrar un fusil en un campo donde se ha combatido, probablemente hace muy poco. El chico sabe que sólo le admitirán los guerrilleros bielorrusos si aporta su propia arma. Su madre trata de hacerle entrar en razón, pero la guerra es lo más divertido que le puede pasar a un niño y sus compañeros de armas constituyen un escuadrón surrealista en el que cada soldado tiene el equipamiento que puede conseguirse; conviven personajes con ropaje de aldeano, uniforme soviético o casacas y cascos de los propios alemanes. Todo esto en una alegre y surrealista camaradería.

En el segundo acto Flyora se encuentra con Glasha, una joven que en poco tiempo ha conocido a muchos hombres y sueña con encontrar el amor en los brazos de un valiente soldado. Mientras caminan juntos en busca de su regimiento, se enfrentan con la muerte cara a cara  en toda su expresión; contempla con  horror los cadáveres amontonados de casi todo su poblado natal, se entera del asesinato de su madre y sus hermanas y, al mismo tiempo, comienza a morir el niño que fue. Ahora quiere vengarse, pero antes debe encontrar a sus compañeros de armas y conseguir comida para los pocos supervivientes de su aldea.

La tercera parte es la más brutal y al mismo tiempo la más onírica. La violencia, aunque narrada sin ningún tipo de filtro, parecería estar sacada de un cuadro de El Bosco. Flyora conoce al enemigo y es hecho prisionero junto a los integrantes del último poblado donde se refugia. Los atroces acontecimientos se suceden mientras vemos retratados a los invasores sin otorgar a ninguno de ellos el más pequeño rasgo de humanidad. Sólo el hecho de saber que estamos ante una película con pretensiones patrióticas hace que espectador confíe en que, de alguna manera, nuestro protagonista sobrevivirá. Cuando todo parece perdido para el pobre Flyora, se manifiesta el recurso del Deus Ex Machina; con cierto grado de coherencia, sin duda, pero afortunado.

Durante mucho tiempo Ven y mira fue considerada la mejor película que se había hecho sobre la Segunda Guerra Mundial. Tendrían que pasar trece años hasta que Steven Spielberg mostrase sus credenciales en este género con Salvar al soldado Ryan. Muchos siguen anteponiendo el film de Klimov sobre la cinta de Spielberg, aduciendo que aquél desnuda la historia de diálogos innecesarios. El peso descansa en las tremendas vicisitudes del protagonista y en los primeros planos y en la expresividad de los rostros, reflejando hasta el paroxismo el dolor y la rabia sin caer en la sobreactuación. Esas caras atormentadas que nos recuerdan las primeras películas de cineclub, o de arte y ensayo, que veíamos en nuestra juventud universitaria cuando teníamos menos años y más pelo. Podría decirse que es la mejor marca registrada del cine soviético canónico, cuando era bueno de verdad.

A pesar de la dureza que podamos encontrar en sus imágenes, es una película no exenta de lirismo. Lo podemos apreciar en los paisajes desolados, las ciénagas, la imagen de los aldeanos aferrándose a sus últimas creencias, la joven Glasha que ya se siente mujer y el pobre Flyora que aún no puede ser hombre. Si tuviera que ponerle alguna pega, pequeña eso sí, quizá sobraría esa ráfaga de imágenes en moviola que retroceden en el tiempo paso a paso, recorriendo todos los errores que cometió el mundo para permitir que un ridículo hombrecillo, un cabo como Hitler llegase al poder. Nuestro director se retrotrae, fotograma a fotograma, a la lejana niñez del Fuhrer, cuando sólo era un niño sobreprotegido por su madre. Se recarga innecesariamente ese recurso, como queriendo decirnos: “hemos tenido muchos momentos para haber evitado acabar en esto”. Llegado a este punto, es llamativo que entre los errores cometidos por la humanidad, Klimov no recogiese ninguna imagen del indigno tratado que firmaron en 1939 alemanes y soviéticos, personificados en Ribbentrop y Molotov respectivamente. Perdónenme esa maldad, no lo he podido evitar.

Sabemos que nuestro Cineclub se caracteriza por proyectar películas recientes que no hayan podido ser emitidas en las salas comerciales de nuestra ciudad. Nos hemos permitido hacer esta excepción -no es la primera vez que obramos así- para disfrutar de la reciente remasterización a la que se ha sometido este film y que ha permitido ser reestrenado en todos los cines del mundo. Es una excelente excusa que obliga a  acercarse a Ven y mira  de nuevo a todos los que que la vieron hace décadas, o a comprobar que es una película plenamente actual casi cuarenta años después a los que tengan la oportunidad de conocer la historia de Flyora y su pueblo por vez primera. 

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