Pantalla Grande

Un pequeño mundo

El mundo es un patio de colegio



Directora: Laura Wandel 

Guión: Laura Wandel

Fotografía: Fréderic Noirhomme

Montaje: Nicolas Rumpl

Diseño de Producción: Philippe Bertin

Vestuario: Vanessa Evrad

Productor: Stéphane Lhoest

Productor Asociado: Philippe Logie

Co-Productores: Jan De Clercq y Annemie Degryse

Intérpretes: Maya Vanderbeque, Günther Duret, Karim Leklou, Laura Verlinden, Lena Giard Voss, Simon Caudry, Thao Maerten, James Seguy, Naël Ammama, Émile Salamone, Laurent Capelluto, Sandrine Blancke


Idioma (VOSE): Francés

Duración: 72'

SESIÓN 22.03.23

El mundo es un patio de colegio donde siempre ganan los abusones, y el patio de colegio es un mundo en miniatura, que reproduce o anticipa las relaciones de poder, sumisión y dominio territorial del mundo exterior. En una cruel paradoja, la festiva palabra “recreo” es sinónimo de terror para los niños que sufren acoso escolar. Esta película pone la cámara en el patio, los pasillos, el comedor y los baños de un centro belga de educación infantil para mostrar el monstruo de cerca.

Es el primer día de colegio de Nora (Maya Vanderbeque). La niña se abraza a su hermano mayor Abel (Günther Duret) y se aferra a su padre (Karim Leklou), porque no quiere entrar sola en ese mundo desconocido. Espera que Abel pueda ser su escudo y apoyo en el colegio, pero enseguida constata que la organización escolar les separa y no le permite estar con él en el comedor. En el patio, Abel también parece extrañamente esquivo y guarda distancia con su hermana pequeña. Nora descubre que su hermano sufre maltrato a manos de sus supuestos “amigos”, pero él le hace prometer que no se lo dirá a nadie. Sabe que convertirse en un “chivato” sólo empeorará su situación. Por su parte, la tímida y sensible Nora parece que va encontrando su lugar y haciendo amigas, con el paso de los días. Pero llega un momento en que se siente obligada a contar a su padre lo que le pasa a Abel. La intervención del padre, que moviliza al colegio y los padres de los otros chicos, no consigue nada más que palabras bienintencionadas y falsas disculpas. En el mundo del colegio, la situación de Abel empeora, y Nora empieza también a sufrir rechazo por asociación…

El acoso escolar o bullying es una lacra eterna, que tiene que ver con la crueldad humana y con las relaciones de poder del fuerte sobre el débil, del grupo sobre la persona, de los integrados sobre los marginados. El patio del colegio tiene reglas tan inexorables como el patio de la cárcel (me supongo, nunca he estado en ésta): no puedes chivarte, y te machacan si no sabes defenderte. Ha pasado siempre, pero en los últimos años, afortunadamente, se habla más de ello. Aunque se quede en declaraciones y “protocolos” repletos de buenas palabras en lenguaje orientador, de dudosa eficacia, que parecen más dirigidos a eludir la responsabilidad. Al menos, por la edad de los protagonistas, en esta película no aparece el acoso a través de las redes sociales, ese maravilloso invento que ha conseguido que el patio se extienda al mundo entero, incluyendo tu propia casa, y ya no quede un lugar donde se pueda estar a salvo. En la situación de la película, Nora se encuentra ante un conflicto de lealtades, traicionar a su hermano para intentar salvarle, o abandonar a su hermano para salvarse ella. El padre, el profesorado, el sistema escolar, parece que hacen lo que pueden, la película no condena a nadie, pero hay demasiados conflictos, demasiados alumnos y poco tiempo. El que una maestra (Laura Verlinden) consiga tener un momento para escuchar de verdad a Nora puede marcar la diferencia.

La directora Laura Wandel pone la cámara a la altura de Nora y sigue todo el tiempo a la niña. Hay una dinámica muy interesante entre lo que vemos y lo que no, entre el on y el off, tanto visual como sonoro. En dos escenas muy importantes, la cámara muestra el primer plano del rostro de Nora, y oímos lo que ella oye, pero no vemos lo que ella ve, sólo su reacción. Otro recurso muy expresivo es que, cuando las compañeras de Nora son sus amigas y se divierten juntas, como en la preciosa escena de la forma de los sándwiches, vemos sus rostros; en cambio, cuando dejan de ser amigas, sólo oímos sus voces en off y la cámara muestra sólo el rostro de Nora. Toda la acción se desarrolla en el colegio. No hay ninguna escena situada en el exterior, ni vemos nada de la vida de los personajes fuera del colegio. Como al colegio sólo acude el padre de Nora y Abel, la directora decidió no dar ninguna explicación sobre la madre: no sabemos si la madre murió, o si se divorciaron, o si la madre es la que trabaja, o si está en casa (“al no decir nada acerca de la ausencia de la madre, dejo total libertad al espectador, para mí es muy importante que haga suya la película y que pueda proyectar cosas personales”).

Aunque muchas reseñas mencionan el aspecto “documental” de la película, Laura Wandel ha insistido en que la película es una ficción y todo se preparó y trabajó por adelantado, sin dejar nada al azar. Ensayaron en fines de semana durante tres meses, creando grupos de trabajo para construir la unión entre hermanos, la relación entre amigos y las dinámicas de los grupos, trabajando las emociones, acostumbrándose a la cámara. Rodaron en vacaciones, durante 25 días, con niños actores y extras, aunque para muchos era la primera vez que actuaban delante de una cámara. Filmaron de manera cronológica y en planos secuencia, para que los niños pudieran permanecer en la emoción de la escena lo máximo posible, y porque no había tiempo para otro tipo de planificación. Hicieron al menos veinte tomas de cada plano secuencia, de manera que Wandel tuvo mucho material para trabajar con su montador Nicolas Rumpl. El sonido, que no incluye música original, es muy importante, recreando el agobiante griterío del patio de colegio. No se grabó todo con sonido directo, porque la directora daba indicaciones a los niños durante el rodaje, sino que hubo un trabajo importante en postproducción, para añadir material nuevo, incorporar sonidos grabados en patios de colegios y diálogos en off y dar más vida a lo que ocurre fuera de campo.

“La película también habla de ayudarse mutuamente”, dice Laura Wandel, “a veces se hace algo para ayudar, pero esa decisión puede llevar a lo contrario de lo que se pretendía”. Queremos creer que el pequeño gesto final de Nora, que reproduce el plano inicial, pero con un sentido muy distinto por todo lo que ha pasado entre ambos, puede romper el círculo de la violencia… Ojalá.

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