Pantalla Grande

Sundown

Cuando solo queda el mar



Director: Michel Franco

Guion: Michel Franco

Productora: Coproducción México-Francia-Suecia; Teorema Films, Luxbox, Film I Väst, CommonGround Pictures

Productores: Michel Franco, Cristina Velasco

Fotografía: Yves Cape

Música:  Alejandro de Icaza, Niklas Sharp 

Montaje: Óscar Figueroa, Michel Franco

Intérpretes:  Tim Roth, Charlotte Gainsbourg, Iazua Larios, Henry Goodman, Albertine Kotting, Samuel Bottomley, Mónica del Carmen, James Tarpey


Idioma (VOSE): Inglés y español

Duración: 84'

SESIÓN 22.02.23

La familia Bennett se encuentra pasando sus vacaciones en un lujoso resort de Acapulco. Los paseos en barco se alternan con sesiones de masaje, baños en su impresionante piscina frente al mar y visitas a todos los sitios de interés que una adinerada familia londinense se puede permitir. La situación se complica cuando Alice (Charlotte Gainsbourg) recibe una llamada telefónica; su madre ha muerto. Inmediatamente hacen las maletas y se ponen rumbo a Londres. En el momento previo al embarque, Neil (Tim Roth) les dice que no encuentra el pasaporte, que lo debe haber perdido u olvidado en el hotel. No pueden esperar y Alice se va con los hijos, mientras Neil se queda en tierra a la espera de conseguir el pasaporte y tomar el primer vuelo siguiente. 

Esto que no pasaría de ser un desafortunado incidente, ocurrido después de una noticia luctuosa, termina descubriéndose como una excusa de Neil. Su pasaporte estaba en la maleta. Neil no quiere volver a Londres. Busca un hotel sencillo en una zona playera de Acapulco frecuentada por veraneantes locales y se dedica a beber cervezas frente al mar, mostrando una apatía que compite con su aparente falta de remordimientos. Alice le llama frecuentemente, sorprendida de que aún no haya conseguido los papeles en el consulado para volver a su Inglaterra y ayudarle a realizar los trámites del sepelio. En cada llamada, Neil inventa alguna mentira sin mostrar mucho interés en adornarla, como si asumiera que, tarde o temprano, esa farsa se terminará por descubrir. Pero, ¿A qué se debe ese cruel comportamiento?

Michel Franco nos vuelve a descolocar, como ya hizo en su película anterior, Nuevo Orden. El director mexicano oculta información al espectador de forma particularmente sádica para confundirnos con la actitud de nuestro protagonista. Tendremos que ir averiguando la verdad poco a poco, para descubrir al final que desde el primer fotograma nos había estado suministrando algunas pistas. Aquí, al igual que en Nuevo Orden, nada es lo que parece. 

Para muchos críticos Sundown es una película menor, aunque meritoria. Se podría creer que es una especie de paréntesis en su filmografía para rodar con su amigo Tim Roth. Pero en esta historia, de menos noventa minutos, retoma algunos de sus viejos temas: la violencia, las diferencias entre clases sociales, la vida, la muerte…el amor. Nos mostrará el Acapulco al que sólo acceden los privilegiados, pero también el de los pobres, en un entorno donde la vida humana vale tampoco que apenas se alteran sus hábitos de vida ante un homicidio a quemarropa o un intento de secuestro. En ese mundo ha decidido vivir Neil, y eso le ha permitido, de manera casual, conocer a la bella Berenice, una vendedora de refrescos y suvenires para turistas. Berenice le acompañará y beberá cerveza con él mientras contemplan la puesta de sol. Las conversaciones con ella serán pequeños paréntesis entre largos silencios, que nunca serán incómodos para ninguno de ellos. El silencio también puede ser una forma de aprender a conocer a la otra persona. Pasarán juntos las horas entre el bullicio de los locales de copas y las terrazas de la playa, mientras la marea sube lentamente hasta mojarles los pies.  Es en estos concisos diálogos -porque Neil no sabe español y ella maneja un inglés rudimentario- donde descubriremos aspectos que nos permitirán conocer, poco a poco, el pasado de nuestro protagonista. Se entregará con desesperada pasión a los brazos de Berenice, como si la única certeza que le quedara en la vida fuese su compañía. Llegados a este punto de esta historia, sin historia, los acontecimientos nos terminarán por desvelar algunas cosas interesantes. La primera es que Neil es el integrante de una famosa y millonaria familia que controla el sector de la carne de porcino en el Reino Unido. La segunda, la tercera y la cuarta serán velos o cortinas pendientes de descorrerse; esos se los dejo para que ustedes los vayan apartando, si quieren unirse con nosotros para ver Sudown en el cine. 

Michel Franco ha dicho en repetidas entrevistas, cuando le preguntan por su forma de entender el cine, que su planteamiento no persigue contar una historia sino transmitir una serie de experiencias o sensaciones. Los diálogos son un apoyo fílmico para reforzar esta intención, pero no tienen un interés en sí mismo. Prefiere un buen silencio a un diálogo redundante que repita lo que la imagen nos está mostrando. Tim Roth le sugirió el acentuar más esto, su personaje es tremendamente hermético e introvertido, contrastando con el bullicio y la vitalidad impostada de una zona turística por excelencia. El actor inglés también le propuso a Michel Franco la ocurrencia de que fuera el sector porcino la fuente de ingresos de la familia de Neil. Este negocio cárnico, perfecta metáfora de una civilización donde sus individuos se convierten en dóciles gorrinos caminando hasta el matadero, le dio pie al director para desarrollar en la película algunos momentos oníricos o alucinados en los que el cerdo se convierte en protagonista.

Que el escenario de esta historia sea Acapulco no es algo casual. En los años setenta se convirtió en el idílico Dorado donde los habitantes del primer mundo veraneaban, dejaban sus dólares y contribuían a crear un espejismo de progreso, un terrible sueño narcótico, convertido hoy en pesadilla por los creadores de la principal y más rentable industria del país, que no es el turismo, precisamente.  Según las últimas estadísticas de 2021, Acapulco sigue siendo una de las ciudades con más homicidios de América. México en su conjunto tiene una tasa de 28 homicidios por cada cien mil habitantes. Si se preguntan si esto es mucho o poco, les diré que, en España, para el mismo número indicativo de habitantes, nos situamos en 0,7. Pero si ustedes amasan una considerable fortuna, nacida de la explotación porcina, vacuna o vinícola, siempre podrán veranear en este pequeño paraíso del Pacífico, en uno de esos lujosos e inexpugnables hoteles, donde los nativos sólo entran para limpiar las habitaciones y llevarnos las maletas. Todo está controlado, les aseguro que no tienen nada de que temer. Bueno, o tal vez sí. 

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