Pantalla Grande

Summer of Soul

Cuando la revolución no pudo ser televisada



Director: Ahmir “Questlove” Thompson

Productora: Mass Distraction Media / RadicalMedia / Vulcan Productions / Concordia Studio / Play/Action Pictures / LarryBilly Productions

Productores: David Dinerstein, Robert Fybolent, Joseph Patel, Cora Atkinson, Inuka Bacote-Capiga, Gregoy A. Thomson

Montaje: Joshua L Pearson

Dirección artística: Lauren Nikrooz, Mark Thompson

Fotografía: Shawn Peters

Intérpretes: Stevie Wonder, B.B. King, Nina Simone, Abbey Lincoln, Mahalia Jackson, Moms Mabley, Jesse Jackson, Mavis Staples, David Ruffin, Cal Tjader, The 5th Dimension, Sly and The Family Stone, Hugh Masekela, Max Roach, Herbie Mann, The Chambers Brothers, Babatunde Olatunji, Gladys Knight, The Pips, John V. Lindsay, Ray Barretto, The Edwin Hawkins Singers, Mongo Santamaria


Idioma (VOSE): Inglés

Duración: 118'

SESIÓN 21.12.22

Los psiquiatras suelen decir que también los paranoicos pueden sufrir persecuciones. No todas las cosas importantes que suceden en la vida y que desaparecen de nuestra memoria o no llegamos a conocer, lo hacen por efecto del azar o el paso del tiempo. A veces, aunque no siempre, sucede que el Ethos que condiciona a la tribu decide lo que debemos saber y lo que no. Hoy lo llamaríamos una “mano negra”, aunque la metáfora no es muy afortunada al hablar de la película. Son muchos factores los que conspiraron para que el Harlem Cultural Festival quedase en el olvido poco tiempo después de haberse celebrado. Nos encontramos ante el primer gran encuentro de música moderna celebrado en Estados Unidos, bautizado ahora por muchos como el Black Woodstock. Es cierto que se tiende a comparar con el festival hippy por excelencia, pero Woodstock era ligeramente posterior en el tiempo y sobradamente conocido por todos los que tengan un poquito de memoria musical.

Para poner en situación al lector, nos retrotraeremos a los acontecimientos que propiciaron, de una u otra forma, este festival en el distrito neoyorkino de Harlem. Nos encontramos en 1969, los hijos de la Segunda guerra Mundial quieren pasar página; el macartismo ha sido enterrado, la sociedad experimenta un periodo de progreso y evolución. Este cambio se manifiesta en la música que sonaba en las emisoras de radio o en la recién nacida televisión. Pero en esta joven nación quedaba una deuda con el pasado que aún estaba lejos de saldarse: el racismo del que nadie quería hablar, pero que estaba presente en el adn de toda una sociedad de origen europeo, fundada y concebida bajo unos postulados esclavistas. Era un gigantesco elefante dentro de la habitación, que el ciudadano blanco, anglosajón y protestante fingía no ver. Los años sesenta fueron tiempo de lucha y de conquista. Desde el esfuerzo de integrar a los negros en las escuelas, en las universidades y hasta en los transportes públicos, hasta conseguir el statu quo de ciudadano con los mismos derechos reales que el hombre blanco. En esta lucha se perdió mucha gente por el camino, especialmente sus líderes morales más significativos: Malcom X o Martin Luther King. El mismo año en que mataron a este último, fue asesinado Robert Kennedy, posiblemente el blanco que más luchó contra la segregación racial en los centros educativos. Y como las desgracias nunca vienen solas, la heroína circulaba y empezaba a hacer estragos entre la población negra.

Pero miremos la botella medio llena, fueron tiempos de contrastes y también de esperanza. La ciencia y la tecnología progresaban en beneficio de todos, mientras nos llegaban desde Detroit una nueva forma de hacer música que sintetizaba las raíces pasadas con el venturoso futuro que se prometía: era el sonido motown; una combinación con ligeras remembranzas de godspell, pero con el potente ritmo y la belleza de los flamantes automóviles que salían en aquella época de la ciudad del motor. Los astrólogos nos contaban que la Luna se encontrará en la séptima casa y Júpiter se alineará con Marte, dando paso a la paz interplanetaria y al amor; era la Era de Acuario, que cantaba por aquel entonces el musical Hair. La Luna, por cierto, sería pisada por el hombre ese mismo año, para orgullo de la clase media del país y para total indiferencia de los negros que habitaban los suburbios. Resumiendo, y echando mano de Dickens, aquel 1969: “Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría y de la locura…dónde lo teníamos todo, pero no teníamos nada…”

Como habrán podido ver, es imposible enfrentarse a este grandioso documental sin contextualizar como se vivieron aquellos convulsos años. Si Summer of soul merece ser vista, no sólo es por la calidad de sus imágenes, la música, el montaje y la narración en off de las mismas; hay un valor añadido que convierte al documental en eso que con frecuencia se dice, y que casi nunca lo es: Summer of soul es un film necesario. Su necesidad nace de la reivindicación de una cultura y una música con identidad propia y que ha sido eje e influencia de buena parte de lo que posteriormente escucharíamos. Es también el grito de rabia y esperanza de una comunidad maltratada y condenada a heredar el ghetto como única perspectiva. Por último, era una cuestión de justicia sacar del oscuro lugar donde se encontraban durante más de cuarenta años, los miles de metros filmados y que, salvo breves conexiones televisivas en aquel momento, no volverían a ser vistos ni conocidos por la mayoría. 

Durante varios fines de semana del mes de julio de 1969, pasarían por el escenario situado en el Mount Morris Park de Harlem los más destacados artistas negros (y también latinos) del momento: David Ruffin, Ray Barretto, B.B. King, Mahalia Jackson, un jovencísimo e increíble Stevie Wonder, una sensacional y reivindicativa Nina Simone, por citar a unos pocos y no hacer interminable esta crítica. Todos ellos representaban una forma y cultura musical diferente, dentro de sus semejanzas. En Harlem sonó el jazz, el soul, pero también una forma de música pop y hasta los timbales de la salsa portorriqueña. En aquel olvidado y bullicioso parque del barrio más pobre de Nueva York, todos los estilos tenían cabida, solo les unía la reivindicación étnico-cultural de lo que eran. Fue un verano de sana proclamación racial. La palabra negro se empezó a pronunciar con orgullo y naturalidad. Ese año murió el hombre de color y nació el negro.

Questlove es el nombre artístico de un todoterreno de la música. Su nombre real es Ahmir Khalib Thompson, es batería, Dj, compositor, escritor y estudioso musical. Aunque este es su primer documental, había participado con anterioridad como productor en este género. Pero antes de hablar de Questlove es obligado mencionar el nombre del que hizo posible el nacimiento de esta obra: Hal Turchin, un productor televisivo que invirtió hasta el último dólar para poder gravar el festival, en la creencia de que un espectáculo así supondría un excelente reclamo para que lo comprasen las televisiones. Lamentablemente, Turchin fue un adelantado a su tiempo y, ya lo dijo Margarita Yourcenar, adelantarse a su tiempo es una hermosa manera de equivocarse. Podríamos decir que no se equivocó, acertó con cincuenta años de adelanto; ese fue el tiempo en que, después de dar muchas vueltas, llegaron las películas almacenadas a manos de Questlove. Estaban en perfecto estado y él les supo dar forma e introducir la presencia en el documental de algunos de los supervivientes de aquel verano maravilloso. 

Summer of soul es una manifestación de vitalidad y de rebeldía. Ante el público allí congregado, dijo un joven reverendo Jesse Jackson, poco impresionado por la gesta del Apolo XI: “Cuando estamos más preocupados por la Luna que por los hombres, es mejor que alguien se despierte”.

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