Pantalla Grande

Preparativos para estar juntos un periodo de tiempo desconocido

El ministerio de una mujer



Directora: Lili Horvát

Guion: Lili Horvát

Fotografía: Róbert Maly

Música: Gábor Keresztes

Diseño de producción: Sandra Sztevanovity

Directora de arte: Anna Nyitrai

Productores: Dóra Csernátony, Lili Horvát, Péter Miskolczi

Montaje: Károly Szlai H.S.E.

Intérpretes: Natasa Stork, Viktor Bodó, Benett Vilmányi, Zsolt Nagy, Péter Tóth, Andor Lukáts, Attila Mokos, Linda Moshier, Júlia Ladányi, Réka Pelsöczy, Ernö Sebö, Rozi Székely, Éva Bandor


Idioma (VOSE): Húngaro

Duración: 95'

SESIÓN A 13.10.21

Sesión B 20.10.21

La directora húngara Lili Horvát nos introduce en este film dentro del mundo del cine negro psicológico con el fin de investigar quién es quién entre unos personajes bastante singulares.

Los recuerdos, sentimientos y pensamientos son fundamentales para que las películas rodadas desarrollen una historia dada. Al activar las propias fantasías y expectativas del espectador, podemos dirigir su atención al terreno real de nuestra historia, más allá de las acciones concretas: la estrecha línea que separa la realidad y la realidad imaginada. Por tanto, nuestra elección del material fílmico no fue un lujo estetizante, sino más bien un gesto que equipara la imaginación creativa del espectador con las expectativas de Márta, lo que nos permite potenciar los verdaderos temas de Preparativos para estar juntos…”, indica Lili Horvát, que ha realizado la película en celuloide.

Y explica: “Róbert Maly, el director de fotografía y yo trabajamos juntos desde nuestro primer año de universidad. Cuando nos planteamos cómo poner un guion en imágenes, siempre intentamos primero encontrar referencias. El elemento clave de Preparativos… es la inseguridad, la fragilidad y la precariedad de la realidad. Mientras lo investigábamos, dimos con la obra de Saul Leiter, un fotógrafo americano, en una exposición en Viena.

El misterio que se esconde en sus fotos, en su textura, color, iluminación y encuadre, se convirtió en nuestro primer punto de referencia. Fuimos conscientes de que, para trasladar a la pantalla un mundo parecido a la atmósfera de Leiter, era esencial filmar en celuloide.

En un sentido técnico, el celuloide es una materia prima imperfecta. Nunca será perfectamente nítido. Es granuloso y ruidoso. Su gama y profundidad de color es restringida. Registra menos fotogramas. Ya de por sí, estás eligiendo un material físico con propiedades limitadas comparado con el vídeo. Esta imperfección queda irremediablemente plasmada en el material cuando lo revelas.”

Márta, una brillante neurocirujana de cuarenta años que trabaja en Estados Unidos, se enamora y deja atrás su prometedora carrera para regresar a Budapest y comenzar una nueva vida con el hombre que ama. Han quedado en el Puente de la Libertad, pero él no acude a la cita. Márta emprende una búsqueda desesperada y cuando finalmente lo encuentra, el que para ella es el amor de su vida, afirma no haberla conocido nunca antes.

Cautivadora película húngara, muy bien interpretada y para gente inteligente, donde los gestos muestran y los diálogos ocultan. Jugando continuamente a un ratón y gato del amor, como todo buen noir, con toques en el cerebro, entre la neurocirugía que profesan sus protagonistas y la locura que juega con la excelente Natasa Stork, Márta Vizy en la película, quien se ilusiona, se enamora, recibe un plantón y una negativa y comienza a sentirse descolocada ante sus circunstancias. Conduciéndonos a través de su medida interpretación, de una gran economía gestual, y una iluminación que nos va contando tanto de la animosidad de Márta como su proceder. De hecho, el tercer protagonista, como en las películas de Don Siegel o su discípulo aventajado, Clint Eastwood, es la luz.

Huye de clichés y se centra en la reacción conductual de la neurocirujana húngara regresada de la Costa Este estadunidense para ejercer en Budapest no por volver a casa, sino por ese encaprichamiento que en su mente se convirtió en puro deseo de ser amada. Mujer cercana a la mediana edad, sólo casada con su profesión y que parece un retrato femenino en el andén de Paul Delvaux esperando que pase su tren y que éste, de nombre Janos Drexler, no lo pierda, salvo que sea una alucinación, como nos hace creer el excelente guion de la realizadora magiar.

Por otra parte, hay que citar la cuidadísima banda sonora, que comienza con un desconcertante sonido de espera entre línea y línea telefónica con un Para Elisa, de Beethoven, y un magnífico lied de F. Liszt, que contribuye a crear ese tono de cine negro psicológico donde la investigadora no sabe si persigue fantasmas o su propia cordura, algo así como El detective y la muerte o la última parte de Norwegian Wood, especialmente en la novela de Murakami, pero muy bien marcado en su versión cinematográfica dirigida por otro viejo conocido de Seminci, Tran Anh Hung.” (Carlos Ibáñez, en revista Atticus)

Una mujer, rebosante de amor, viaja hasta el hombre con el que empezará una nueva vida. Sin embargo, cuando llega, él reacciona de forma extraña, diciendo: “No te conozco. Es la primera vez que te veo”. La realidad estremece, no sabemos si el hombre o la mujer dicen la verdad. Alrededor de esta idea gira y crece la historia. ¿Quién es la mujer? ¿Quién es el hombre? La película habla del enorme papel que tiene nuestra imaginación cuando estamos enamorados.

Desde la primera secuencia la directora intenta atrapar al espectador, escena que es también el núcleo de todo el relato y donde se crea la intriga subsiguiente. La mujer va a ciegas pero con decisión hacia algo, incluso en los momentos de mayor duda la fuerza de la intuición brilla en ella. Aunque alguna vez está a punto de perder la razón, cualquier que haya esperado en vano en una cita o que haya previsto algo cuando está enamorado, puede sentir lo que ella siente. Márta es fuerte, un personaje intrépido pero también frágil. Es una outsider. En Hungría, es una forastera en la casa de la que se fue, una forastera debido a sus insólitas decisiones, una forastera incluso en su propio ámbito de trabajo como neurocirujana dado su excepcional talento. Lleva una existencia solitaria. Se ha adaptado a ella, e incluso le gusta. Tiene contactos (amistades, a veces relaciones románticas), pero no deja entrar a nadie. La soledad no le amarga, sino que se traduce en una vida interior muy intensa e interesante. Entonces, en un congreso de medicina celebrado en New Jersey, un encuentro fortuito con un doctor húngaro la fulmina como un rayo. Es la primera vez en su vida que siente que hay una persona a quien permitiría entrar en su mundo interior. A partir de este instante de intuición, de pronto aquello a lo que se ha dedicado hasta ahora (su carrera, su vida como ciudadana americana) le parece insignificante. Desechando todos los argumentos racionales, y sin pensárselo dos veces, sale en pos del hombre que le hace sentir así.

En el desarrollo del personaje de Márta, la directora se inspira en figuras femeninas obsesivas como Kätchen von Heilbronn de Kliest, Madeleine en Vértigo de Hitchcock, Adèle H de Truffaut y los personajes femeninos de Kieslowski. Y la verdad es que llega a su altura.

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