Pantalla Grande

Petite Maman

A mí me interesa, soy una niña



Directora: Céline Sciamma 

Guión: Céline Sciamma

Fotografía: Claire Mathon

Música: Para One (Jean-Baptiste de Laubier)

Montaje: Julien Lacheray

Diseño de Producción: Lionel Brison

Vestuario: Agathe Meinnemare

Productor: Bénédicte Couvreur

Intérpretes: Joséphine Sanz, Gabrielle Sanz, Nina Maurisse, Stéphane Varupenne, Margot Abascal


Idioma (VOSE): Francés

Duración: 72'

SESIÓN 08.03.23

Esta pequeña gran joya se basa en una idea preciosa, fantástica y bellísima… que no puedo desvelar. Así que, si quieren, pueden pasar a la siguiente página. Si deciden quedarse un par de minutos más conmigo, vamos a ver de qué podemos hablar sin arruinar la película… ¿Les gusta Brahms?

Bueno, ya que insisten, contamos un poco el principio. En la primera escena, Nelly (Joséphine Sanz), una niña de ocho años, hace crucigramas con una persona mayor, luego se despide de ella y de las demás habitantes de la residencia de ancianos. Al final del pasillo, llega a la que era la habitación de su abuela (Margot Abascal), que está vacía y recogida. Porque su abuela ha muerto y Nelly no se pudo despedir bien de ella… Nelly y sus padres (Nina Meurisse y Stéphane Varupenne) van a la casa de la abuela en el campo, para vaciarla. Es la casa en la que creció la madre, y está llena de recuerdos del pasado. Detrás de los muebles, aparece el viejo papel pintado que la madre veía en su infancia. Y también aparecen sus cuadernos escolares y sus dibujos. Y el recuerdo de la imaginaria “pantera” que se aparecía en la habitación por la noche… “Cosas de niños”, dice la madre, para descartar esas historias y no asustar a su hija, y Nelly responde con lógica implacable: “A mí me interesa, soy una niña”. La pequeña juega en el bosque alrededor de la casa, donde conoce a otra niña de su edad, Marion (Gabrielle Sanz), de la que se hace amiga y con la que construye una cabaña en el bosque…

Hace un par de años, vimos en el Cine Club la anterior película de Céline Sciamma, Retrato de una mujer en llamas (Portrait de la jeune fille en feu, 2019). Mientras escribía el guión de ésta, a la directora se le ocurrió la idea de Petite maman, cuya simplicidad le encantó y se quedó dando vueltas y creciendo en su mente. Al acabar el confinamiento por la pandemia, Sciamma recuperó la idea para seguir escribiéndola, y descubrió que la primera escena (la despedida de la niña de las habitantes de una residencia de ancianos) había adquirido una resonancia mucho mayor con el covid: “Sentí que la película seguía siendo relevante y quizás más urgente que nunca, sobre todo porque trataba sobre niños”.

La “sencillez” de la historia y la forma naturalista en que se muestra, con la cámara siempre a la altura de la niña, no excluye un alto nivel de elaboración y “fabricación” de los aspectos formales. Sciamma pensó que la magia del relato enlazaba con la lógica primitiva del rodaje en estudio, que la película quepa dentro de una “caja”. Todos los interiores de la casa de la abuela fueron construidos en estudio, decidiendo desde la estructura general, pasando por el mobiliario, hasta la situación de cada interruptor de la luz. Mezcló sus recuerdos de la casa de su propia abuela con la “memoria compartida” de los interiores franceses de la segunda mitad del siglo XX. A la directora le fascinó todo este proceso, porque la construcción del decorado condicionaba al mismo tiempo las decisiones de dirección y puesta en escena: el travelling que sigue a un personaje depende de la longitud del pasillo, y el sonido de los pasos cambia según el pavimento y las alfombras. 

Los exteriores, de colores otoñales bellamente captados por la fotografía de Claire Mathon, se rodaron en Clergy-Pontoise, en Val-d’Oise, al noroeste de París, donde la directora nació y creció, que ya había aparecido en su anterior Water Lillies (2007) y que antes habíamos visto en El amigo de mi amiga (L’ami de mon amie, 1987) de Éric Rohmer. Pero también fueron modificados, con un herbario permanente. Sciamma: “Pasé una semana maravillosa viendo a un grupo de adultos construir una cabaña en el bosque de mi niñez”. El vestuario debía tener igualmente cierta “intemporalidad”, tenía que ser de 2021, pero también incluir el “común denominador” de la ropa de los niños en los suburbios de París desde 1950, para lo que estudiaron fotos escolares de las últimas décadas.

Debemos tomarnos el elemento fantástico de la película con la misma naturalidad con que lo trata la directora, sin buscar “explicaciones” racionales. La propia Sciamma ha invocado expresamente a Hayao Miyazaki, y podemos pensar en concreto en Mi vecino Totoro (Tonari no Totoro, 1988). Esa idea central, pequeña y universal, plantea algo con lo que todos podemos conectar. Céline Sciamma ha integrado en ella sus propios recuerdos y pensamientos, pero cada persona podría pensar en un “remake personal” adaptado a su propio caso y sus propias tristezas… Bonjour, tristesse.

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