Pantalla Grande

Nuevo orden

Sólo los muertos han visto el final de la guerra



Director: Michel Franco

Productora:  Coproducción México-Francia; Teorema, Les Films d'Ici

Productores: Michel Franco, Cristina Velasco, Eréndira Núñez Larios

Guion:    Michel Franco

Fotografía: Yves Cape

Música:  Dmitri Shostakovich

Montaje: Óscar Figueroa

Intérpretes: Naian González Norvind, Diego Boneta, Mónica del Carmen, Darío Yazbek Bernal, Fernando Cuautle, Eligio Meléndez, Lisa Owen, Patricia Bernal, Enrique Singer, Gustavo Sánchez Parra, Javier Sepulveda, Sebastian Silveti, Roberto Medina


Idioma (VOSE): Español

Duración: 88'

SESIÓN A 26.01.22

Sesión B 02.02.22

Cuando en el pasado Festival de Venecia de 2020 se proyectó Nuevo orden, si bien tuvo una mayoritaria buena acogida, un porcentaje no pequeño del público de todo el mundo (y especialmente en Mexico) calificó la película como una distopía clasista con un barniz mal disimulado de racismo. Michel Franco pretendía reflejar el estado de una sociedad que vive ignorando el hecho de que las crecientes diferencias entre ricos y pobres estaban creando un peligroso polvorín, al que sólo le faltaba que el odio acumulado acercase la llama para provocar la definitiva explosión. Es lo que tienen las distopías.

Durante mucho tiempo el ardor revolucionario era el instrumento para construir un feliz y luminoso futuro en el que no habría ni oprimidos ni opresores. El nuevo amanecer nos traería una sociedad más justa donde el bien prevalecería y todos seriamos más felices, solamente tendremos que pasar por el enojoso trámite de matar al explotador, a sus colaboradores necesarios y a todos los que nos lo impidan. Ya saben el dicho ése de lo de hacer una tortilla y romper los huevos. Pero Michel Franco observa la realidad con el pesimismo propio del que piensa que un giro radical nos traerá los mismos resultados que lamentablemente han aportado muchas otras revoluciones: el horror cambiará de bando. Porque nuestro director, al igual que quién esto suscribe, tiene más de hobbesiano que de roussoniano. El hombre no es bueno por naturaleza, es un lobo para el hombre.

Pero vayamos a la historia. Los Novello, una familia adinerada de Mexico, celebran la boda de su hija Marian con su prometido Alan en la lujosa mansión que éstos poseen en el sur de la capital. Los preliminares del enlace coinciden con el inicio de unas protestas populares que están extendiéndose por todo el país y que terminarán por convertirse en mucho más que una testimonial huelga, arrasando todo a su paso con una brutalidad que la “buena gente” de los barrios ricos no estaba en condiciones de procesar. La casa de los Novello se convierte en la sinécdoque de la sociedad mexicana o probablemente de la sociedad desarrollada en general. En la película, el color verde elegido por los revolucionarios deja de tener esas connotaciones asociadas comúnmente a dicha tonalidad, tales como la esperanza, el nacimiento, la vida o la energía vital. Aquí es el color de los desheredados. Al otro lado está Marían con su maravilloso vestido rojo, constituyendo la otra mitad del problema, aun sin ella saberlo. Franco escogió intencionadamente esos dos colores como metáfora de la bandera de su país.  Estamos en guerra y el verde es el color elegido por uno de los bandos. No se hacen prisioneros.

Michel Franco ha sido bautizado por la crítica de su país como el Haneke mexicano. Esta comparación no deja de ser una losa que va a tener que arrastrar muy a su pesar. Él no ha querido ocultar nunca la admiración que le produce el director austriaco, pero con frecuencia los resultados no han acompañado siempre a la buena voluntad puesta en el intento. Nuevo orden es su sexta película (al realizar esta crítica ha estrenado su séptima en Venecia, con opiniones mayoritariamente favorables) y la mejor de todas. Ha sido un asiduo en el Festival de Cannes donde ha conseguido diferentes premios en la sección paralela Un Certain Regard. Con Nuevo orden conseguiría el León de Plata en Venecia y el aplauso generalizado -que no unánime- de la crítica. Su cine demuestra que hay vida después Ripstein, Cuarón, Iñárritu o Del Toro, por citar a los directores más importantes de su país. Ha rodado en español y en inglés, pero se mantiene fiel a sus raíces y afirma que prefiere no filmar fuera de Mexico. A pesar de eso, y del marcado carácter social, que tiene su película, su cine es diferente a lo que podríamos entender por cine latinoamericano. De formación autodidacta. Empezó rodando por su cuenta pequeños trabajos y consiguió que con poco más de veinte años un cortometraje suyo contra la corrupción se proyectase en más de quinientas salas. Trabajo también como director en el mundo publicitario y musical. Todo esto le habría de servir de experiencia y acreditación para conseguir ascender de categoría y dar el salto a su primer largometraje: Daniel & Ana.

Desde el inicio de los disturbios, Nuevo orden no da tregua al espectador y lo arrastra en una espiral de violencia descontrolada sin que respete las buenas o malas intenciones de cada protagonista. Marian intentará situarse en el lugar adecuado, defendiendo a los que hasta el día anterior cuidaban su jardín, cocinaban o los habían llevado al colegio en el coche cuando eran niños. Pero, como suele suceder algunas veces, en situaciones desesperadas la gente a menudo se enfrenta al dilema entre escoger lo que está bien o lo que le conviene. Marian se equivocó en la elección. En esta historia no sirve de nada la actitud o empatía que se pueda sentir hacia los otros, lo único que cuenta es de qué lado de la trinchera está cada personaje. Qué clase de revolución sería si los que la organizan pierden el tiempo con escrúpulos y cuestiones morales ¡Por favor! Es probable que este pesimismo nihilista hacia las clases más desfavorecidas fuera lo que más molestó a los espíritus sensibles que tuvieron la mala suerte de ver el film. Confundieron ese tsunami violento con una deslegitimación de la causa o de sus protagonistas. Vieron el dedo en lugar de la Luna.

Al final (¡Atención Spoiler!) como en todo relato distópico que se precie, la resolución del conflicto terminó otorgando el poder a los auténticos halcones y, como si fuese un proceso natural previsto para que las cosas continúen como estaban, se encargarán ellos de purgar el sistema hasta la nueva revolución La limpieza será total e implacable. Latinoamérica está acostumbrada a ello. Un conocido militar argentino, Ibérico Saint-Jean, durante la dictadura que padeció ese país en los años setenta dijo: «Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes y, finalmente, mataremos a los tímidos».

En los preliminares de Nuevo orden el director nos muestra un mural abstracto que lleva por título la célebre frase de George Santayana con la que me he permitido titular este comentario. Si el cine, como arte, tiene otra finalidad, además de la sublimación estética de los sentimientos o de la realidad que rodea al artista -y yo quiero creer que la tiene- confío en que Michel Franco consiga que su voz se una a las de otras muchas anteriores a la suya, para decirnos que está en nuestras manos cambiar la dinámica de las cosas antes de que lo hagan a su manera los iluminados, populistas y salvadores que están esperando que llegue la tormenta para sacar partido de ella. No sé ustedes, pero yo ya empiezo a ver nubes oscuras.

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