Pantalla Grande

La mujer que escapó

Un mundo de mujeres



Director: Hong Sang-soo

Guion: Hong Sang-soo

Fotografía: Kim Sumin

Música: Hong Sang-soo

Supervisor técnico: Lee Jean-han

Sonido: Seo Ji-hoon

Productor: Hong Sang-soo

Asistente del director: Shin Seok-ho

Montaje: Hong Sang-soo

Intérpretes: Kim Min-hee (Gam-hee), Seo Young-hwa (Young-soon), Song Seon-mi (Su-young), Kwon Hae-hyo (Mr. Jung), Lee Eun-mi (Young-ji), Ha Seong-guk (Young Poet)


Idioma (VOSE): Coreano

Duración: 77'

SESIÓN A 06.04.22

Sesión B 20.04.22

Hong Sang-soo es uno de los directores surcoreanos de mayor referencia internacional. Cuenta con más de una veintena de largometrajes que, en gran parte, responden al modelo clásico de cine de autor. Asimismo, es una figura reclamada en algunos de los festivales más prestigiosos. Gracias a su modo tan particular de hacer cine, este prolífico director puede permitirse rodar una (o incluso dos) películas al año. Su última cinta, La mujer que escapó, es una obra intimista sobre la búsqueda de identidad de una joven que se encuentra perdida entre el amor y su propia vida.

La mujer que escapó es una cinta centrada en las mujeres y en las relaciones que entablan entre ellas. En varias ocasiones los personajes masculinos intentan entrometerse en el filme, pero fracasan de manera sistemática.

En efecto, se trata de una historia de mujeres que hablan de sí mismas, de los hombres y de sus preocupaciones vitales. La protagonista, Gam-hee, interpretada por Kim Min-hee -mujer del director y habitual protagonista en sus últimas películas-, decide visitar a sus amigas cuando su marido se va de viaje. No se habían separado ni un solo día durante cinco años y, en cada conversación, este hecho parece resonar como un eco en la cabeza de todas sus amigas. Gam-hee quiere recuperar lo que ha perdido durante esos años: su tiempo y su espacio (pese a intentar convencer, y convencerse, de lo contrario).

Cada una de las visitas estructura la narración y le da forma al conjunto, como si se tratase de los capítulos de un libro sobre cómo ser mujer. De este modo, Hong Sang-soo vuelve a escribir otro poema de intrusos y excluidos, donde los hombres se entrometen en el discurso de ellas; ya no son sujetos sino objetos, e incluso son quienes interrumpen sus charlas y sacuden su armonía vital. De hecho, son una fuente constante de ansiedad en la película, pues, para todas, el hablar de ellos supone un breve episodio agónico.

La mujer que escapó es -como la mayoría de títulos que componen la filmografía del director- una película pequeña y, en cierto sentido, muda; es una obra profunda pero familiar, que expone temas importantes, transcendentes, mediante susurros en espacios cerrados. No hay una voz más elevada que otra, se emplea el mismo tono para conversar sobre la comida que para debatir sobre el abandono animal entre vecinos (una de las escenas finales más sobresalientes del filme), interiormente agitados, pero calmados en el exterior.

Minuto a minuto, visita a visita, se van sucediendo preciosas casas minimalistas con mujeres encerradas en sí mismas. La amplitud del espacio se irá cerrando según avance el relato y la incomodidad del diálogo se hará visible y casi palpable. Todas parecen atrapadas frente a la visión del espectador. Además, hay un continuo juego con los silencios, con las pausas y con la construcción de la propia película; de ahí que la sensación sea de estar esperando a que suceda algo muy significativo de un momento a otro, aunque nunca se alcance ese clímax.

La mujer que escapó es una puerta abierta a la vida interior de una mujer, Gam-hee, en un viaje de encuentros con sus amigas: infinitas conversaciones, confidencias, algo de comida, una copa de vino, café y una cámara que se mantiene, en general, en un plano fijo (salvo algún zoom eventual que enfatiza el rostro, en un primer plano, de la protagonista).

El cine de Hong encierra siempre más de una lectura bajo su superficie transparente y de apariencia prosaica. Su película más reposada y doméstica, La mujer que escapó sin embargo subvierte el tópico de la estabilidad ligado a la pareja hetero clásica. Y mientras el motivo de las cámaras de vigilancia sugiere un mayor control respecto a unas vidas que en su filmografía anterior mantenían la puerta abierta al azar, la misteriosa figura que inspira el título y el final apelan a la imagen de la mujer en fuga como sinónimo último de libertad.” (Eulalia Iglesias, en Fotogramas)

Podría pensarse también que la película trata, en realidad, de los hombres. Hombres despistados y egoístas que despiertan el diálogo entre las mujeres y que sirven para revelar sus emociones más ocultas. Hong Sang-soo reviste este tema irónico con humor y empatía, llevando a la protagonista, cerca del final, hasta un cine. Allí, sola, quedará embelesada por un mundo tranquilo y reconfortante al que no puede acceder: el mundo del arte, un mundo fascinante de verdad.

En la rueda de prensa, algunas preguntas al director le inquirieron sobre su visión autoral de la amistad o la soledad. Hong dio una respuesta muy habitual en su discurso: que no quiere hacer películas sobre ningún tipo de concepto. En sus propias palabras: ‘Intento surfear en la superficie de las cosas, y confiar en que eso me lleve a algo. Al rodar hay cosas que me son dadas, sin que yo las busque. Me siento agradecido por ellas’. Nada nuevo para quienes le conocen, pero que conviene recordar para comprender qué tienen de especial sus planos. Y ya concretando de una vez, nos vamos a centrar en uno de La mujer que escapa. Con él, pretendemos resumir la maestría de Hong en un gato. Situémonos. Estamos al final del primer encuentro de Gam-hee, en la casa de su amiga Young-soon (Seo Young-hwa) y su compañera. El timbre interrumpe la charla distendida de las tres mujeres. Young-soon sale a la puerta, y aquí comienza el largo plano. Quien ha llamado es un hombre, que permanece siempre de espaldas a la cámara, para hacer una petición a sus vecinas: que dejen de alimentar a un grupo de gatos que rondan la zona. A Young-soon se unen su compañera y Gam-hee para aseverar, con modales intachables, que su idea es seguir nutriendo a los mininos. «Pero los humanos son lo más importante», dice el hombre. ‘Sí, pero aun así los gatos necesitan comer’, responde ella. Los mismos argumentos, variando apenas las palabras, se repiten. Afloran así pequeños placeres en los que fijarnos. La unidad cómplice de las tres mujeres juntas en la puerta frente a la cámara y esa espalda sin rostro, la verdad que hay en la claridad meridiana de su argumento, la comicidad absurda de la situación… Todo ello posibilitado por la duración y la posición fija del plano. Pero, sobre todo, también vemos es que en la parte baja del encuadre, desde el fondo, empieza a dejarse ver un quinto actor. Uno de los gatos de la zona que acude a curiosear. Sin que perturben su presencia, la conversación de los humanos termina, los actores salen de cuadro, y el animal queda solo en la pantalla. No contento con eso, Hong le dedica uno de sus famosos zooms y le concede todo el espacio del encuadre. El minino, a cambio, no hace más que bostezar y mirar fijamente a la cámara con esa mezcla tan felina de indiferencia y soberbia. El golpe de efecto llevó a que la sala de la Berlinale donde tuvo lugar su presentación mundial arrancara a aplaudir.” (Miguel Muñoz Garnica, en Revista EAM)

En la película todo avanza con una linealidad clara y una enorme sencillez. Nada más que el gusto por la charla, la compañía y el observar las cosas que nos rodean. La mujer que escapa, como todas las cintas de Hong de un tiempo a esta parte, está hecha sobre la marcha. El cineasta escoge un espacio, unos actores, y empieza por filmar alguna situación ordinaria que le dicte su instinto. De modo que, a partir de lo que rueda cada jornada, decide continuar en una dirección u otra. Todo está muy “guionizado” en sus escenas, pero la escritura se hace día a día, en el camino. En segundo lugar -es cuestión de estilo-, sabemos que Hong es un cineasta de mínimos, y que su evolución artística ha ido por la vía de la depuración formal. Hace ya tiempo que descubrió que, para su manera de desarrollar las situaciones entre los personajes, lo mejor eran los planos largos sin cortes y alejados de los actores para no invadir su espacio. Y que, para compensar esta distancia, el zoom era la mejor manera de escrutarlos. El resultado: una película magnífica, con momentos memorables, especialmente cuando reflexiona de manera vitriólica sobre cómo la etiqueta social afecta a la comunicación. 

PROXIMAMENTE
Pantalla Grande
El agente Topo

SESIÓN A 28.10.21

Sesión B 02.11.21

PROXIMAMENTE
Ciclo Luis García Berlanga
Esa pareja feliz

Sesión 02.11.21

PROXIMAMENTE
Ciclo Luis García Berlanga
Plácido

Sesión 08.11.21

© Cineclub Uned 1994-2021

info/a/cineclubuned.es - 975 224 411