Pantalla Grande

Espíritu sagrado

¿Hacia dónde camina la humanidad?



Productores: Miguel Molina, Leire Apellaniz, Marina Perales Marhuenda, Xavier Rocher

Director: Chema García Ibarra

Guion: Chema García Ibarra

Fotografía: Ión de Sosa 

Música: No tiene banda sonora específica

Dirección artística: Leonor Díaz 

Montaje: Ana Pfaff

Intérpretes: Nacho Fernández, Llum Arques, Joanna Valverde, Rocío Ibáñez 


Idioma (VOSE): Español

Duración: 97'

SESIÓN 25.01.23

Espíritu Sagrado supone uno de los debuts más esperados de cine español. Su director Chema García Ibarra lleva más de una década amasando premios y un estatus de culto a través de sus cortometrajes en festivales como Cannes, Sundance y Berlín. Su primer largometraje, ambientado en Elche, su ciudad natal, reelabora la tradición costumbrista de nuestros mejores directores para convertir una historia de búsqueda de fe en una película de misterio con elementos de ciencia-ficción. Una película tan libre y hermosa como inquietante.

En realidad, Espíritu sagrado no es más que la traslación al largometraje del mundo original, extraño y cotidiano que estaba presente en cortos como El ataque de los robots de Nebulosa 5 (2008), Protopartículas (2009), Misterio (2013), La disco resplandece (2016) y Leyenda Dorada (2019), esta última codirigida con Ion de Sosa, su director de fotografía habitual.

José Manuel y el resto de miembros de la asociación ufológica Ovni-Levante se reúnen semanalmente para intercambiar información sobre mensajes extraterrestres y abducciones. Julio, su líder, muere inesperadamente, dejando a José Manuel como el único conocedor del secreto cósmico que puede alterar el porvenir humano. Mientras tanto en España se busca a una niña que desapareció hace semanas.

A caballo entre lo castizo y la ciencia-ficción, el surrealismo costumbrista de Chema García Ibarra recuerda, en algunos momentos, a Buñuel, y, en otros, a Álex de la Iglesia. En un escenario perfectamente reconocible, el barrio de Carrús, en Elche, donde mucha gente sobrevive realizando pequeñas tareas de reparado de calzado, la película bascula entre dos líneas argumentales que se entrecruzan: por un lado, Vanesa (Llum Arques), una niña del barrio, ha desaparecido; por otro, un extraño grupo de inadaptados se reúne en una inmobiliaria, son los miembros de la asociación OVNI-Levante. El punto de contacto entre las dos historias es José Manuel (Nacho Fernández), que regenta un bar decorado con motivos egipcios, lee la revista Más allá de la ciencia, es tío de la niña desaparecida y pertenece a la mencionada asociación.

Una de las particularidades del estilo de Chema García Ibarra es que no trabaja con actores profesionales, sino con gente corriente a la que tan solo le da unas pautas generales, pero que no se aprende literalmente las líneas de diálogo, lo que lleva a expresiones muy vivas, muy de la calle, en ocasiones inesperadas. Leonor Díaz, la directora de arte, ha conseguido que todo el barrio (los bares, los locales, las viviendas…) tenga una estética kitsch que recuerda al primer cine de Almodóvar. De hecho, da la sensación de que los personajes de Almodóvar han ido a pasearse por un bazar multiprecio y han salido a la calle con los más llamativos estampados. Contribuye a esa sensación haber rodado la cinta en formato 16 milímetros, al que ya nos tiene acostumbrados el tándem García Ibarra/De Sosa.

Entre el thriller, el true crime y el más rancio costumbrismo (no se pierdan a la cotilla del barrio, siempre anunciando nefastos augurios, o a la madre del protagonista, una vidente que padece alzhéimer), Carrús se convierte en una caja de resonancias esotéricas, con reuniones de sectas de base cristiana e inquietantes avistadores de ovnis. “Lo que hace García Ibarra es una suerte de costumbrismo‑ficción, de sincretismo postindustrial. En un barrio popular como este, se pone de manifiesto la omnipresencia de la televisión, siempre encendida en las casas y en los bares. De hecho, García Ibarra utiliza lo que vemos y oímos en ella de una forma narrativa, lo que le lleva a crear materiales específicos como los noticiarios locales o los más extravagantes documentales. También el uso de la música está perfectamente estudiado, con la elección de algunos temas que serán reconocibles inmediatamente por el público”, comenta Joaquín Juan Penalva en El espectador imaginario.

Espíritu sagrado tiene uno de los mejores finales que se han visto en mucho tiempo, perfectamente cerrado, en el que recoge muchos de los elementos que el guion había ido diseminando a lo largo del metraje. Además, ese final deja al espectador en una situación bastante comprometida, ya que, si bien durante toda la película no ha sabido distinguir bien el tono en el que estaba hecho el film (entre la comedia y el drama), el cierre es absolutamente inesperado y desolador. No en vano, el propio García Ibarra, en una entrevista con Fernando Bernal, afirmaba que le “gusta provocar la incomodidad, que el espectador se ría y luego reciba información y se cuestione si debía haberse reído”.

El ilicitano tiene buenas ideas, y acierta al dar caña a los conspiranoicos, que lanzan teorías extrañas a partir de cualquier cosa, y a quienes se aprovechan de ellos, montando un buen negocio. Y tiene mérito que vaya por completo a contracorriente, con un argumento original que no se sabe muy bien hacia donde se dirige, ritmo pausadísimo, y largos planos estáticos, con una fotografía feísta de Ion de Sosa. Mezcla drama, comedia negra, y ciencia ficción, aunque tienen sobre todo valor sus escenas más costumbristas.

Chema García Ibarra debuta con una interesante e inclasificable película. “Yo lo definiría como ilicitanismo fantástico, ciencia ficción doméstica, documental de ultra ficción”, dijo el cineasta. 

Comedia, drama, fantástico, ficción pero con aspecto de documental, el filme se mueve en un combinado de egiptología, certeza de la vida después de la muerte, videos de YouTube con investigaciones inverosímiles sobre la inmortalidad del ser humano… elementos que se van abriendo hacia un camino bastante inquietante. “Yo quería que esta película tuviera como una especie de vaivén emocional -confesó el director a rtve.es en Sevilla-, que fuera muy divertida, pero a la vez, muy oscura. Y por eso tenía que irme a lugares muy complicados de habitar y de contar.” 

En fin, película, rara, extravagante, nada comercial y… sugestiva.

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