Pantalla Grande

El agente Topo

El asesino es la soledad



Directora: Maite Alberdi

Guión: Maite Alberdi

Fotografía: Pablo Valdés

Música: Vincent van Warmerdam

Montaje: Carolina Siraqyan

Dirección Artística: Catalina Devia

Productora: Marcela Santibáñez

Co-Productores: Ingmar Trost, Fleur Knopperts, Denis Vaslin, María del Puy Alvarado y Marisa Fernández Armenteros

Productores Ejecutivos: Julie Goldman, Christopher Clements y Carolyn Hepburn

Intervienen: Sergio Chamy, Rómulo Aitken, Marta Olivares, Berta Ureta, Zoila González. Petronila Abarca, Rubira Olivares


Idioma (VOSE): Español

Duración: 84'

SESIÓN A 28.10.21

Sesión B 02.11.21

La película empieza con la iconografía clásica del cine negro: la oficina de un detective privado, puerta con cristal esmerilado, un póster de Al Pacino en Scarface, un despliegue de instrumentos y recuerdos del oficio (lupas, cámaras, diplomas, un viejo carnet de Interpol), y una música a juego. Estamos en la agencia del detective Rómulo Aitken, quien ha puesto un inusual anuncio en el periódico, buscando un “adulto mayor”, entre 80 y 90 años, “autovalente”, con buena salud, discreto y con “manejo en tecnología” para realizar una investigación, con disponibilidad para vivir fuera de su casa por tres meses. La misión: una mujer ha contratado al detective para que investigue el trato que recibe su madre en una residencia de mayores, y se trata de infiltrar en la residencia a un espía, un “agente topo” que se haga pasar por un residente más y averigüe si tratan bien a la mujer, si le pegan o la roban. Varios hombres se presentan al casting, poniendo de manifiesto la insuficiencia de las pensiones, la imposibilidad de encontrar trabajo a partir de cierta edad, y sus dificultades con la tecnología (“estoy en el internet, pero no lo uso porque no es necesario”, dice uno). El elegido es Sergio Chamy, un viudo reciente que desea el trabajo para entretenerse y salir de una casa en la que todo le recuerda a su mujer.

En unas desternillantes escenas posteriores, Rómulo, como el Q de las películas de James Bond, instruye pacientemente a Sergio en la utilización de la alta tecnología del espionaje: el smartphone (con el número de teléfono pegado con celo), el WhatsApp, las videollamadas, y un boli con minicámara. Por cierto, al probar ésta, la imagen muestra al equipo de cámara y sonido que está rodando la película que vemos, incluyendo a la directora Maite Alberdi. Pero todos siguen como si nada. Aclarados los temas legales entre Rómulo, Sergio y su hija, con la intervención desde fuera de campo de la directora, Sergio ingresa en el Hogar San Francisco. Allí está ya el equipo de rodaje, y una de las residentes mira de reojo la alcachofa de un micrófono que se ha materializado sobre su cabeza… Sergio se va adaptando al lugar, mientras intenta identificar el “blanco”, la mujer cuyo bienestar debe vigilar, y va remitiendo reportes diarios a Rómulo, que tratan sobre cualquier cosa menos sobre la misión. Localizado finalmente el “blanco”, resulta ser una mujer poco sociable, que casi no habla, pero que tampoco parece sufrir malos tratos. En cambio, otras residentes (pues casi todas son mujeres) le recitan poemas y hasta le llegan a hacer proposiciones de matrimonio… Sergio puede ser un desastre como espía, descuidado y nada discreto, pero en cambio resulta ser un hombre educado, atento y encantador, “autovalente” (la verdadera aristocracia de la residencia), capaz de escucharles con atención y paciencia, y desarrollar una relación de amistad y confianza con ellas…

La pregunta que todos nos hemos hecho al ver esta película: ¿es documental o ficción, lo que vemos es real o está dramatizado? Pues un poco las dos cosas. La directora, Maite Alberdi (Santiago de Chile, 1983), ha explicado el cómo se hizo en varias entrevistas y en el press-book que pueden ver en el enlace que hemos puesto en la ficha. Así que, si no quieren saberlo, sáltense esto o, mejor, lean estas páginas después de ver la película. Inicialmente, Alberdi quería hacer un documental sobre un detective privado, y trabajó tres meses como ayudante de uno. Le llamó la atención que muchos casos tenían que ver con la desconfianza entre cercanos (padres e hijos, hermanos, jefes y empleados), sobre cuestiones que se hubieran podido resolver preguntando y conversando, sin necesidad de recurrir a detectives. Partiendo de esto, el encargo es real: el detective Rómulo Aitken fue contratado para infiltrarse en una residencia de mayores y comprobar la situación de una señora. También son reales el anuncio y el casting de aspirantes a topos, en el cual eligieron a Sergio Chamy, el gran hallazgo de la película (Alberdi: “Él era el acertado para el trabajo, porque tenía buena salud, buena memoria, y sobre todo porque quería hacerlo y no tenía nada que se lo impidiera. Había enviudado hace poco, y estaba buscando una nueva vida. Y para mí como directora fue fundamental, porque estaba abierto a la experiencia, es un hombre empático, que se conecta con los demás y que estaba él mismo cuestionándose su propia vejez”).

Primero, rodaron toda la “formación” de Sergio en la oficina. Luego, el equipo de Alberdi entró a rodar en la residencia, dos semanas antes de que llegara Sergio, con la “tapadera” de hacer un documental sobre ese hogar, que fue autorizado por la gerencia, a la que sin embargo no revelaron el “MacGuffin” de la historia hasta el final. Así pues, la residencia es real, el Hogar de Ancianos San Francisco de El Monte, en la Provincia de Talagante, a 35 kilómetros de Santiago de Chile. La idea era que, pasado un tiempo, el personal y los residentes “desvieran” las cámaras y actuaran con naturalidad (“uno se vuelve parte del lugar”). Y después, cuando ingresó Sergio Chamy, hicieron como si no le conocieran, como si fuera un residente más, durante tres meses de filmación (“Fue un ejercicio de esperar y de observar y de que la gente se acostumbrara a lo que estábamos haciendo. Donde Sergio era uno más en ese hogar, tanto para la gente que vivía allí como para nosotros. O sea, yo no podía definirlo ahí mismo como protagonista”). Filmaron cinco días a la semana, de 12 de la mañana a 8 de la tarde, luego el topo se quedaba solo y registraba lo que viera con sus cámaras espía. Pero no grababan todo el tiempo, esperaban, se adaptaban al tiempo lento de la vida en la residencia, observaban y daban al REC sólo cuando la realidad se revelaba ante ellos (“a veces durante tres jornadas uno sólo filma una conversación simple”). También, claro, se implicaron emocionalmente (“nos llenamos de amor y dolor, nos tocó compartir con muchas personas que murieron y que ya eran parte de nuestra vida”). Y la realidad fue transformando la película: la idea inicial era centrarse más en la “investigación” del Agente Topo, pero el propio protagonista fue cambiando la historia, porque no le importaba la misión y abrió la película a lo que le pasa a él con las relaciones que va haciendo en el hogar, lo que Alberdi considera el gran regalo que le hizo Sergio (“Sergio es una persona mayor que está dispuesta a vivir una experiencia y a escuchar a los otros, y eso es nuevo para ellos porque son personas que no están siendo escuchadas”). En total, reunieron 300 horas de material rodado.

El Agente Topo se estrenó en el Festival de Sundance de 2020, donde causó sensación, y luego ha ido recogiendo reconocimientos por el mundo. A España nos tocaría un 10% de los aplausos, dado que se trata de una coproducción en la que nuestro país (a través de la productora Malvalanda) participa con Chile (36%), Estados Unidos (24%), Alemania (18%) y Holanda (12%). Pero también ha provocado controversia y ha recibido algunas críticas, que han discutido el aspecto ético de filmar a estas personas (el equipo ató firmemente el tema legal y la autorización de todos los que aparecen o sus tutores), o la han calificado de manipuladora, paternalista y conservadora. No comparto esas descalificaciones, me parece una película hermosa, oportuna y reveladora, con una interesante forma cinematográfica que difumina la línea entre ficción y realidad, pero para contar una verdad.

Hace ya diez años, vimos en el Cine Club Arrugas (2011), ficción de animación de Ignacio Ferreras sobre el cómic de Paco Roca, una de las pocas películas que han mostrado el interior de las residencias de mayores, un mundo que la pandemia ha puesto de triste actualidad, recordando que la vejez es el destino común hacia el que todos nos encaminamos (aunque peor sería no llegar). El Agente Topo, generalmente etiquetada como “documental”, empieza como homenaje al cine negro y engancha como parodia del de agentes secretos, pero enseguida da un giro hacia algo muy diferente: ¿por qué la clienta, en lugar de contratar detectives, no acude a visitar a su madre? Si la vemos como intriga detectivesca, podemos decir que los crímenes son el abandono y el olvido, y el asesino es la soledad… Maite Alberdi concluye: “A mí me gustaría que las personas que vean esta película salgan de la sala de cine con ganas de llamar a sus padres o a sus abuelos. Es una invitación a encontrarse”.

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