Pantalla Grande

El acusado

¿DÓNDE ESTÁ LA VERDAD?



Productores: Olivier Delbosc e Yvan Attal

Director: Yvan Attal

Guion: Yaël Langmann, Yan Attal, según la novela de Karine Tuil Les choses humaines

Fotografía: Rémy Chevrin  AFC

Música: Mathieu Lamboley

Dirección artística: Samuel Deshors 

Montaje: AlbertineLastera

Director de producción: François Hamel

Intérpretes: Charlotte Gainsbourg, Matthieu Kassovitz, Pierre Arditi, Ben Attal, Suzanne Jouannet, Audrey Dana, Benjamin Lavernhe, Judith Chemla


Idioma (VOSE): Francés

Duración: 138'

SESIÓN 19.10.22

Un joven es acusado de haber violado a una chica ¿Quién es él y quién es ella? ¿Es él culpable o inocente? ¿Es ella una víctima o simplemente busca venganza como afirma el acusado? Los dos jóvenes protagonistas junto a sus familiares y amigos serán testigos de cómo sus vidas, convicciones y certezas se rompen en pedazos pero… ¿hay una única verdad?

Película francesa que rompe con lo políticamente correcto para plantear de forma aséptica un juicio penal por una supuesta violación de un chico a la hija del nuevo novio de su madre.

El director comenta que la novela en la que se basa la película se acababa de publicar. “Me interesaba la autora, a quien ya había leído, y también el tema: un joven acusado de violación el día después de una fiesta. El relato me estremeció. Lo sentía por el acusado -en quien podía ver a mi hijo-, lo sentía por la víctima -en quien podía ver a mi hija-, me identifiqué completamente con los padres de los dos jóvenes implicados en el suceso. Modifiqué la estructura de la historia -primero «él», luego «ella» y por último el juicio- para que el espectador tuviera tiempo de conectar con ellos. Quería saber de dónde venían, quiénes eran, cómo había percibido cada uno la velada que precedió al drama, por qué para ella se trataba de una violación y por qué para él había sido consentido. El tema era contemporáneo, los personajes complejos. Y por primera vez, este libro me daba la oportunidad de alejarme de la comedia, de encontrarme con un género cinematográfico que me inspiraba a hacer cine con elementos que nunca había tenido la ocasión de grabar: una comisaría de policía, un Palacio de Justicia, el registro de un domicilio...”

Durante el proceso de escritura me entrevisté con jueces, policías o abogados para ver de cerca su campo de acción, y entender cómo conciben su oficio. La novela me proporcionó un magnífico material dramático, pero necesitaba impregnarme del sistema, del escenario en que se mueve cada personaje. Lo que más me marcó fue la sala del juicio, donde reinaba el silencio y una tensión muy palpable. No es una sala de

espectáculos. Evidentemente, los abogados hacen sus ‘actuaciones’, en ocasiones teatrales, pero con el objetivo de causar un fuerte impacto y convencer, porque hay mucho en juego. Asistí a un juicio por violación. En ese caso no había duda alguna sobre la culpabilidad del hombre. Pero, después de todo, hay un ser humano en el banquillo y otro que engrosa la lista de víctimas. Hay varias vidas en juego y, a pesar de las convicciones que uno pueda tener, de las emociones, se sale estremecido. La lectura de la novela no era suficiente, tenía que vivir la experiencia.

Los casos de violación pueden ofrecer narrativas cautivadoras, aunque inquietantes, que buscan no solo ese tipo de verdad que, con suerte, permite obtener justicia en los tribunales, sino también descubrir esa otra verdad «real», de la que a veces solo existe una. En El acusado, el director Yvan Attal se enfrenta a este complicado desafío, mientras firma una sólida pieza de cine francés clásico, presentando unas buenas interpretaciones y una intrincada estructura narrativa.

Conocemos a Alexandre Farel (Ben Attal, el hijo del director), un estudiante de Stanford de 22 años, cuando vuelve a París para una visita de fin de semana con la intención de asistir a una reunión de excompañeros de clase. También planea visitar a sus padres, recientemente separados, Jean (Pierre Arditi) y Claire (Charlotte Gainsbourg, esposa del director y madre de Ben Attal), dos ilustres personalidades en la escena nacional de líderes de opinión: él es un experto televisivo de alto nivel, que aspira a la Legión de Honor; ella es una reconocida, y a veces controvertida, ensayista centrada en temas feministas. Claire, que se ha mudado a vivir con Adam (Mathieu Kassovitz), invita a Alexandre a cenar en su nuevo hogar, donde también vive Mila (Suzanne Jouannet), la hija de 17 años de Adam. Mientras Alexandre se prepara para ir a su fiesta, alguien le sugiere que lleve a Mila con él. De repente, saltamos al día siguiente, cuando Alexandre es detenido por la policía, ya que Mila le ha denunciado por violación. Durante el interrogatorio, el joven confirma que hubo intimidad sexual, pero asegura que fue consentida. Mientras tanto, sus padres reciben la noticia con angustia. La relación entre Claire y Adam se deteriora inmediatamente, ya que los dos defienden y condenan respectivamente a Alexandre. “Él nunca haría algo así”, le asegura Claire a su pareja. «Lo mataré», confiesa Adam. Jean se pone en contacto con un reconocido abogado para llegar a un acuerdo, pero este es rechazado rotundamente por la madre de Mila (Audrey Dana), una judía ortodoxa. Retratados de cerca y de forma personal, estos episodios exponen a la humanidad en su forma más primitiva: cuando se trata de proteger a nuestros hijos, nos convertimos en bestias feroces (aunque, cuando hay una Legión de Honor en juego, las cosas pueden volverse algo más cínicas). En ese momento entra en juego el sistema judicial, que se apoya en razonamientos considerablemente más fríos (en ocasiones, helados).

A medida que se desarrollan los acontecimientos, divididos en dos actos (“Él” y “Ella”) y un meticuloso capítulo dedicado al juicio, asistimos a fragmentos fugaces de la noche del incidente, que arrojan luz sobre la verdad “absoluta” de lo que sucedió. A pesar de explorar de manera palpable los territorios del thriller y el melodrama, el guion de Attal y Yaël Langmann se centra en la empatía, sin abstenerse de escoger un bando (todos, en realidad), dejando pocos aspectos sin tratar.

Cuando esta ambigua e interminable historia de terror, que está dispuesta a cambiarlo todo, llega a su fin, descubrimos que los monstruos son en realidad seres humanos tomando decisiones que, en el momento equivocado, pueden acabar siendo verdaderamente monstruosas.” (Jan Lumholdt, Venecia, 2021)

Yvan Attal es un actor, guionista y director de cine nacido en Tel Aviv, aunque creció en Francia. Su debut como actor fue en la película Un mundo sin piedad en el año 1989 y con la que obtuvo el premio César del cine francés al Mejor Actor Revelación. Detrás vinieron otros títulos como A los ojos del mundo (1991), Y ahora damas y caballeros (2002), la ganadora de siete premios César Bon Voyage (2003), entre los que Yvan Attal obtuvo el premio a Mejor Actor Secundario, Es más fácil para un camello (2003), La Intérprete (2003) junto a Nicole Kidman y Sean Penn, El secreto de Anthony Zimme (2005), la nominada al Oscar en el año 2006 Munich de Steven Spielberg, Partir (2009) por la que Yvan Attal ganó del Globo de Cristal francés al Mejor Actor, No Molestar (2012) y Buenos principios (2019) entre muchos otros.

Su primera película como director fue Mi esposa es una actriz en el año 2001, en la que dirigió por primera vez a Charlotte Gainsbourg, su actual pareja y madre de sus tres hijos. Con esta película, en la que también trabajó como guionista y actor protagonista, fue nominado al César en la categoría de Mejor Ópera Prima. 

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