Miradas de Cine II

Spain in a day

Autorretrato de un país



Directora: Isabel Coixet

Sobre el formato “In a Day” creado por Scott Free Productions

Música: Alberto Iglesias

Supervisora Editorial: Cristina Andreu

Montaje: Dani Arbonés, Potato y Aixalá

Productor: Jaume Roures

Productora Delegada: Maite Pisonero

Directores de Producción: Bernat Elias y Eva Garrido

Productores Ejecutivos: Javier Méndez, Marisa Jiménez, Fátima Ovejero, Ridley Scott, Jack Arbuthnott y Carlo Dusi


Idioma (VOSE): Español

Duración: 81'

Sesión 19.04.22

¿Qué hicieron ustedes el 24 de octubre de 2015? ¿No lo recuerdan? Bueno, pues ese día hubo al menos 22.678 españoles que grabaron un vídeo para el proyecto de Spain in a Day. Siguiendo el formato de Life in a Day (2011), se trataba de reunir vídeos grabados por la gente, que reflejaran aspectos de la vida en un día concreto.

Al revisar los vídeos recibidos, Isabel Coixet se encontró con algunas sorpresas. Una fue la emoción: “Hay algo en este filme, hecho de retazos, de momentos, de paisajes absolutamente deslumbrantes, de viñetas de vida, de palabras sueltas, de fogonazos creativos, de canciones, de silencios, de fiesta, de dolor, de pasión, de risas, besos, abrazos, comida, placeres, lágrimas, carcajadas, intimidad, amor que me atrapa, que nos atrapa a todos los que hemos trabajado en él. Y que, no me cabe duda, atrapará a todos los espectadores que la disfrutarán”. Otra, por increíble que nos resulte en el actual ambiente de crispación, es que no hubo ni un solo vídeo con manifiestos políticos, discursos o proclamas: “Puede sorprender a muchos, pero así fue; las tensiones políticas que se viven en España no se colaron en nuestro proyecto”, dijo la directora, que subrayó que la gente comparte lo que de verdad les importa: familia, trabajo para ellos y sus hijos, amigos, encontrar una pasión en la vida, compartir el dolor, sobrevivir… lo que vienen a ser las cosas básicas de la vida.

Evidentemente, toda elección implica un criterio, una mirada, una preferencia o, si lo prefieren, un sesgo. No pudo ser algo mecánico y objetivo, sino que tuvo que filtrarse a través de la sensibilidad de Isabel Coixet y su equipo. Según ella misma ha explicado, intentaron embutir el mayor número de vídeos posibles, pero el límite de la hora y media era innegociable. No buscaban la “calidad” de la imagen, sino la “verdad”. Y no querían el postureo de youtubers o instagramers. Se primaron los testimonios que fueran constructivos (“Por ejemplo, que alguien te envíe un vídeo de una enfermedad y que el camino que te abre la enfermedad sea el de la empatía hacia los demás”). Tenía que haber paisajes, porque la gente los envió a cientos, pero lo que más interesaba a Coixet era cuando la gente explicaba cosas con verdad y las rodaba de una manera sencilla pero eficaz (“Hay cosas que te tocan porque, más allá de si está bien rodado o no, hay alguien exponiéndose”). Primó las cosas que le emocionaban, ya que pensaba que, si le emocionaban a ella y al equipo de montaje, seguro que emocionarían a los espectadores. Y un tema recurrente fue la comida, claro (“se podía haber hecho una película sólo con los vídeos de paellas”).

Como hilo conductor, la película sigue el orden de las horas del día, aunque desde Australia las horas son un poco distintas… Los montajes de secuencias de amaneceres, desayunos, comidas, cenas, van sirviendo de separadores de la miscelánea de historias que forman la película. Evidentemente, no podemos recordar aquí todas. Mencionemos, entre las más memorables, el clip del niño de dos años extendiendo el brazo para “coger” un rayo de sol, la joven que llama a sus padres para decirles que les quiere (bueno, tenía que haber algo de cine fantástico), la mujer con cáncer, la anciana de 100 años que ya no recuerda su edad ni cuántos hijos tuvo, los padres ciegos que cuidan a su bebé, la pareja que lleva 78 años juntos, el camionero que quisiera tener un trabajo cerca de casa y con horario fijo, el farero, las mariscadoras que se juegan la vida recogiendo percebes, el hombre que considera que ha tenido un buen día porque ha dado su paseíto, ha trabajado y se ha tomado unas cañas, los emigrantes y refugiados… Tampoco falta la parte de “españoles por el mundo”, asumiendo que tener que salir fuera o querer hacerlo son salidas naturales: los dos amigos en Australia, que ponen un toque de humor y de contrapunto horario, o la bailarina que vive y toma clases en Suiza (y que enamora a la cámara como una joven Leonor Watling).

Podía haber sido un batiburrillo o un tostón, sin embargo, interesa y emociona, y realmente nos aparece como el autorretrato de un tiempo y un país. Sin ninguna proclama ni mensaje político explícito, no puede dejar de mostrar las realidades del desempleo, la precariedad, los refugiados… Pero viene a recordarnos que la vida diaria en este país “está bastante bien”, según ha dicho Coixet. Hay mucha gente en situaciones precarias por la crisis, pero las relaciones familiares sólidas y el fuerte espíritu solidario de los españoles han permitido mitigar, en parte, esas situaciones (“esto del apoyo familiar, por ejemplo, si haces este documental en Estados Unidos no te aparece ni por el forro”). Seguro que ese día pasaron cosas malas, que hubo crímenes, traiciones y violencia de género, pero lo que la gente quiso compartir fue lo bueno.

La conclusión final de la directora, y el “mensaje” principal de la película es que a los españoles nos unen más cosas (y más importantes) que las que nos separan: “Hay una vigorosa corriente de solidaridad, de cariño, de bonhomía, de sentido del humor, de esperanza, de pura vida que recorre la hora media de la película que muestra a los españoles como a un colectivo con ilusiones, con valor, con sueños, grandes y modestos, y con un indudable sentido del coraje”.

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