Miradas de Cine II

La vida secreta de las palabras

Aprendiendo a nadar



Directora: Isabel Coixet

Guión: Isabel Coixet

Fotografía: Jean-Claude Larrieu

Montaje: Irene Blecua

Diseño de Producción: Pierre-François Limbosch

Efectos Visuales Digitales: Molinare y El Ranchito

Producción: Esther García

Productores Ejecutivos: Agustín Almodóvar, Mauricio Díez y Jaume Roures

Productores Asociados: Miss Wasabi y Javier Méndez

Intérpretes: Sarah Polley, Tim Robbins, Javier Cámara, Julie Christie, Sverre Anker Ousdal, Danny Cunningham, Dean Lennox Kelly, Daniel Mays, Emmanuel Idowu, Eddie Marsan, Steven Makintosh, Reg Wilson, Leonor Watling, Daphne Brown, Muriel Hobson, Nina Marléne, Peter Wight


Idioma (VOSE): Inglés

Duración: 110'

Sesión 22.02.22

Hanna (Sarah Polley) trabaja en una fábrica de Irlanda del Norte. El suyo es un trabajo mecánico (maneja y empaqueta unos grandes rollos de plástico transparente), en el que parece concentrarse por completo. Está parcialmente sorda y apaga su audífono cuando quiere aislarse. No habla con nadie, no tiene amigos. Es una trabajadora ejemplar, tanto que en cuatro años no se ha tomado un día libre ni unas vacaciones… hasta el punto de irritar a sus compañeros y a los sindicatos. Su jefe (Reg Wilson) le obliga a tomarse unos días de vacaciones. No sabiendo qué hacer, y tras ignorar las insistentes llamadas de Inge (Julie Christie) para que contacte con ella, viaja a una triste localidad costera. Allí, en un pub escucha casualmente una conversación telefónica de Victor (Eddie Marsan): ha habido un incendio en una plataforma petrolífera, y hace falta una enfermera que vaya hasta allí para cuidar a un herido. Hanna es enfermera, y se ofrece para el trabajo. En la plataforma, supera las reservas inconscientemente xenófobas del Doctor Sulitzer (Steven Mackintosh), que le pregunta si ha trabajado como enfermera “en el Reino Unido”: ella responde que una quemadura es una quemadura en cualquier parte, y que ha atendido a gente que estaba mucho peor… El herido, Josef (Tim Robbins), tiene quemaduras y está temporalmente ciego.

“Hay pocas cosas: silencio y palabras”, dice la enigmática voz en off de una niña al principio del film. Hanna apenas habla, mientras su paciente, Josef, a pesar de su ceguera y su dolor, habla todo el rato, hace bromas, cuenta historias, coquetea con la misteriosa enfermera… Pero ambas cosas, el silencio de una y la verborrea de otro, son distintas formas de ocultarse, de no revelar realmente nada de sí mismos. Será mucho más adelante, después de días de contacto y tanteos, cuando puedan empezar a abrirse y compartir algo, cuando Josef revele su culpa y cuando Hanna cuente su experiencia en la antigua Yugoslavia, cuando se muestren sus cicatrices, morales y físicas… No quiero anticiparles nada más, pero la escena del relato de Hanna, en la estremecedora interpretación de Sarah Polley, pone la carne de gallina.

La plataforma petrolífera es un mundo aislado y fascinante. Como un barco o una nave espacial, pero que no va a ninguna parte. Es como el Nostromo, pero el alien seríamos nosotros. Sus pobladores, como resumirá luego un personaje, son gente que quiere que la dejen en paz. Como el cocinero, Simon (Javier Cámara), náufrago de la alta cocina convertido en sanador gastronómico de los tripulantes, o el científico idealista, Martin (Daniel Mays), que dedica sus ratos libres a investigar el crecimiento de los mejillones… Según podemos ver en la edición especial del DVD, se eliminaron al menos tres escenas completas. Una conversación de la protagonista con el cocinero, que revela más sobre los antecedentes de éste (tenía un restaurante, pero no podía soportar la presión competitiva de la alta cocina); otra de Hanna con Martin, en la lavandería (precisamente); y un diálogo más largo entre Hanna y Josef. Por un lado, es una pena, por todo el trabajo realizado y porque, al cortarlas, se pierden algunos matices de los personajes, pero hay que reconocer que hubieran alargado excesivamente el film. Tampoco es malo que no sepamos demasiado de personajes como Simon o Martin, que queden cosas en el misterio…

Como en Cosas que nunca te dije y A los que aman, la comunicación vuelve a ser un tema central en esta película, ya desde el mismo título y desde la voz en off de la niña (cuya identidad sólo podremos intuir al final). Como en las dos películas citadas, hay mensajes interceptados, personajes que oyen palabras no destinadas a ellos: Hanna escucha, en el móvil de Josef, los mensajes que le dirige una mujer que le ama (Leonor Watling). Está la sordera selectiva de Hanna, según apaga o enciende su audífono. El relato de Cortázar (La señorita Cora) que Josef le cita a Hanna. Un libro de John Berger. La monja portuguesa. Palabras que cuentan o que esconden, o que dejan mucho por descubrir, o que adquieren esa vida secreta de que habla el título. Y Hanna hablando de sí misma cuando finge hablar de una “amiga”.

Y una pena tan grande que puede ahogar a todos, si no consiguen aprender a nadar.

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