Miradas de Cine II

La librería

Un sueño modesto



Directora: Isabel Coixet

Guión: Isabel Coixet

Sobre la Novela de Penelope Fitzgerald

Fotografía: Jean-Claude Larrieu

Música: Alfonso Vilallonga

Montaje: Bernat Aragonés

Diseño de Producción: Llorenç Miquel

Vestuario: Mercè Paloma

Productores: Jaume Banacolocha, Joan Bas, Adolfo Blanco y Chris Curling

Co-Productores: Jamila Wenske y Sol Bondy

Productores Ejecutivos: Albert Sagalés, Paz Recolons, Fernando Riera y Manuel Monzón

Co-Productores Ejecutivos: Thierry Wase-Bailey y Henrietta Wollmann

Intérpretes: Emily Mortimer, Bill Nighy, Patricia Clarkson


Idioma (VOSE): Inglés

Duración: 108'

Sesión 26.04.22

A finales de los años 50, en el pequeño pueblo costero inglés de Hardborough, la viuda Florence Green (Emily Mortimer) pretende abrir una librería. Es el sueño de su vida. Cuando era más joven, trabajó en una, y conoce el negocio. Conoció a su marido en una librería, y ambos vivieron una vida humilde y feliz, leyendo juntos y compartiendo el amor por los libros, hasta que llegó la guerra… Ahora, endeudándose hasta las cejas y negociando durante meses, Florence ha logrado adquirir Old House, un caserón que llevaba años abandonado. Con mucho trabajo e ilusión, y alguna ayuda, consigue rehabilitarla. Se muda a ella y comienza a montar su librería. Hay un momento precioso en que mira su obra terminada con una expresión de pura felicidad… Pero esta iniciativa, modesta y aparentemente inofensiva, choca con la mayor “fuerza viva” del pueblo, la señora Gamart (Patricia Clarkson), que se ha empeñado en utilizar la histórica Old House para establecer en ella un “centro para las artes”. Y eso empieza a movilizar fuerzas hostiles, que se conjuran para echar a Florence de su casa y de su vida. En una fiesta en la mansión de los Gamart, donde la hacen sentirse incómoda y desplazada, la propia señora Gamart le sugiere “amablemente” lo beneficioso que sería para ella (para ahorrarse decepciones e incluso algún dinero) buscar otro local mas apropiado, o incluso irse a otro pueblo… La presión le llega a Florence por todos los lados. El director del banco que le ha concedido el préstamo, Mr. Keble (Hunter Tremayne), pone en duda su capacidad y le larga un discurso pomposo y paternalista (hoy lo llamaríamos mansplaining). El pescadero Deben (Nigel O’Neill) le ofrece su local, porque ha oído que va a irse de Old House. Su propio abogado, Mr. Thornton (Jorge Suquet) parece trabajar para la parte contraria. La modista (Frances Barber) le confecciona un inadecuado vestido rojo (bueno, granate oscuro) que la pone en evidencia. Y a su alrededor revolotea el indolente Milo North (James Lance), cuya personalidad líquida se introduce por los puntos más vulnerables de los demás hasta encontrar un lugar apropiado en el que instalarse y sacar de él el máximo provecho (según le describe Penélope Fitzgerald en la novela). Entre tanto, el negocio de la librería se revoluciona por la publicación de Lolita de Vladimir Nabokov.

Sin embargo, aunque sea en los márgenes más alejados del establishment local, Florence también encuentra aliados. Como Mr. Raven (Michael Fitzgerald), el piloto del ferry que le envía a los Scouts del Mar para que la ayuden a montar las estanterías. O Christine Gipping (Honor Kneafsey), la niña vivaz e inteligente que trabaja como su ayudante (y sufrirá, por su parte, la persecución de la inspección escolar por ese atrevimiento). Y, sobre todo, establece una relación, primero epistolar y luego (en dos únicos encuentros) en persona, con Mr. Brundish (Bill Nighy), un viudo misántropo, lector compulsivo, a quien le descubre los libros de Ray Bradbury, y cuyas raíces en el pueblo son lo bastante antiguas para ponerlo en una posición superior a la señora Gamart. Las soledades de Florence y Brundish se encuentran. Ella le vuelve a hacer creer en cosas que creía olvidadas… Pero, como pasaba en 84 Charing Cross Road y Aprendiendo a conducir, se trata de algo que no puede llegar a ocurrir en este momento, en esta vida, en esta realidad.

“De lo que iba en realidad el argumento era de la maldad por la maldad, de la vanidad como motor de la actuación de la antagonista, y, por añadidura, del carácter insano de una comunidad que no permite que uno de los suyos realice un sueño. Un sueño pequeñito, sin alardes. Pero ni eso”. Como indica Isabel Coixet, el verdadero objetivo de la señora Gamart (impresionante Patricia Clarkson) es reafirmar su poder absoluto, nada más. No creemos que ese “centro de las artes” le importe realmente. Old House llevaba años vacía, sin que hubiera tomado ninguna iniciativa al respecto. Sin embargo, cuando Florence, una persona pequeña, sin poder ni influencias, pero valiente, osa plantarle cara e intenta hacer algo, no puede permitirlo y decide destruirla (hay un par de momentos, que no estaban en la novela, en los que vemos el lado crispado y psicópata de Violet Gamart cuando le llevan la contraria). Pero aún es peor la cohorte de gentecilla que se apresura a cumplir los deseos de la cacique local, sin que haga falta una orden formal ni una reunión de los conjurados. Por otro lado, en relación con Florence, se pone en cuestión la fantasía de que, si tienes un sueño y trabajas duro, se hará realidad. Parece más cierto lo que dice el cínico Milo: te esfuerzas y luego te mueres, así que, ¿qué triunfo es ese? Parece más cierto que, si tienes un sueño y trabajas para cumplirlo, alguien intentará machacarlo…

Pero, apartándose en esto de la novela, la película nos ofrece una esperanza, que nos permite pensar que algo queda de esos sueños, que alguien puede continuarlos… Isabel Coixet lo ha hecho con esta hermosa película, con un reparto impecable y creada en estado de gracia.

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