Miradas de Cine II

Demasiado viejo para morir joven

Tienes tiempo, pero no te sobra



Directora: Isabel Coixet

Guión: Isabel Coixet

Fotografía: Jesús Escosa

Montaje: Juana González

Productor Ejecutivo: Ricard Figueras

Intérpretes: Gerardo Arenas, Emma Suárez, Emilio Lain, Carmen Elías, Fernando Guillén, David Sust, Lloll Beltran, David Cuspinera, Carlos Heredia, César Ojinaga, Noël Olivé, Joan Potau, Esther Rabinaud, Katia Marín, Concepción González, Ramón Palau, Bruno Bruch


Idioma (VOSE): Español

Duración: 108'

Sesión 25.01.22

Equis (Gerardo Arenas) tiene 25 años y ningún plan que vaya más allá del día a día, rebotando de un trabajo precario a otro. Con su amigo Taxi (Emilio Lain), se pega a la alambrada del aeropuerto para ver despegar los aviones, soñando con una huida imposible. Trabaja sirviendo copas en un local nocturno, atrapado detrás de la barra. Su amigo le reprocha que su problema es que nunca ha pertenecido a nada. Gracias a los contactos de su tío-padrino (César Ojinaga), consigue un trabajo como mensajero. Un excompañero de colegio, Feito (Bruno Bruch), convertido ahora en un mafioso de opereta, con gabardina y guardaespaldas, le proporciona una moto Vespa para ese trabajo. El director de la agencia (Fernando Guillén) es culto, inteligente, leído y homosexual. Equis le aclara desde el principo que con él no hay nada que hacer, pero él responde que eso nunca se sabe… El jefe propone a Equis que se pase al turno de noche, en teoría más lucrativo, que consiste en entregar encargos “especiales”, desde una medicina a una botella de champán. En el Bar Paraíso, donde recalan los mensajeros nocturnos, Equis conoce a Evax (Emma Suárez), que se dedica al trapicheo y la compraventa.

Frente a la apatía resabiada de Equis, que va de saberlo todo sin saber nada, Evax es un personaje valiente, luminoso y lleno de energía, el más coixetiano de la película, encarnado por una arrolladora Emma Suárez. Para ella, todo va muy lento. Tiene grandes planes: comprar una iglesia abandonada, para montar una discoteca (“como en Nueva York”). Quiere poner emoción en la vida y trata de sacar a Equis de su pose lacónica (“Hablar, a veces sirve para algo, callarse nunca sirve para nada”). Lo mejor de la película es la parte en la que Evax enreda a Equis en uno de sus fabulosos planes, aparentemente de contrabando: recogen un alijo en el puerto, lo transportan en una furgoneta, les para la Guardia Civil, consiguen evitar el registro… y finalmente se descubre que hay nada ilegal, sólo son tarros de mantequilla de cacahuete. Evax le dice al atónito Equis que ha querido hacerle “un regalo de emoción”. Porque, qué es la vida sin un poco de emoción, aunque sea de mentira…

Por su parte, Taxi empieza siendo un personaje cómico: tiene que sacrificar su cresta punki para encargarse del ídem de su padre, pero luego descubre que le gusta el trabajo de taxista. Se lo toma tan en serio que, cuando lleva a su amigo Equis en el coche, le obliga a sentarse en el asiento de atrás… ¡y enciende el taxímetro! Sin embargo, tiene un lado oscuro: su obsesión por su ex, Carmen, que precisamente anda ahora con Feito. La ama y la odia; no puede dejar de pensar en ella, pero la pone de puta para arriba… Una escena memorable es un monólogo de Taxi, mientras conduce, en el que habla, suponemos que se dirige a un cliente, sobre las mujeres en general y sobre Carmen en particular… Al final del monólogo, la cámara se desplaza levemente hacia la izquierda, y vemos que no hay nadie más en el taxi.

La edad es el tema central de la película. ¿Cuántos años tienes? ¿Cuántos años crees que tengo? Son las dos preguntas recurrentes, que todos los personajes se hacen unos a otros en algún momento del film. Porque importan los dos aspectos: los que uno tiene y los que los demás creen que tiene… y la sensación de urgencia que impone el paso inexorable de los años. Evax reconoce que está un poco obsesionada con eso de la edad. “Tienes tiempo, pero no te sobra”, le dice su tío a Equis. El director de la agencia le espeta: “tengo los mismos años que tú, pero estoy muy mal conservado”. (Y recordemos que la propia Isabel Coixet se puso dos años de más cuando hizo esa película, para que la tomasen más en serio).

Por desgracia, hay otra película dentro de ésta, y puede que se deba a imposiciones de los productores o a desequilibrios de base. Toda la parte del sofisticado director de la agencia (Fernando Guillén), que a ratos parece un sentencioso villano de James Bond, del Chico (David Sust), su secretario-amante (“prefiero pagarte para que salgas de mi vida que para que permanezcas en ella”), y de Cecilia (Carmen Elías), mujer burguesa, alcoholizada y con tendencias suicidas… parece pertenecer a otro universo. La deriva criminal de esta parte resulta tan estrambótica como prescindible.

En cambio, si nos quedamos con la historia de Equis, Evax y Taxi, podemos rescatar del olvido una película irregular, pero con muchos aspectos interesantes: el documento de las calles, los locales y la noche barcelonesea de finales de los 80 (evitando los tópicos del cine quinqui como la delincuencia y la droga); el retrato de una juventud que se busca la vida en trabajos precarios (en este tema, fue una película precursora, se adelantó a Mensaka); algunas secuencias muy bien construidas (que ya hemos mencionado); una arrebatadora interpretación de Emma Suárez; y estupendos secundarios (Lloll Beltran como “Speedy González”). Tampoco falta un homenaje al cine: Cecilia está viendo una película de Gene Tierney, Evax comenta otra de Bette Davis, y pregunta a los jugadores de billar si han visto El color del dinero de Scorsese. Y la imagen final de la cristalera del bar, vista ahora, nos parece un anticipo de la lavandería de Cosas que nunca te dije.

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