Miradas de Cine II

Cosas que nunca te dije

Necesitando amar



Directora: Isabel Coixet

Guión: Isabel Coixet

Fotografía: Teresa Medina

Música: Alfonso Vilallonga

Montaje: Kathryn Himoff

Diseño de Producción: Charles Armstrong

Productor Ejecutivo: Luis Miñarro

Jefes de Producción: Azucena Carrasco y Joan Lloberas

Productores: Javier Carbó y Dora Medrano

Intérpretes: Lili Taylor, Andrew Mccarthy, Debi Mazar, Alexis Arquette, Leslie Mann, Richard Edson, Seymour Cassel, Peggy West, Sherilyn Lawson


Idioma (VOSE): Inglés

Duración: 90'

Sesión 01.02.22

La película reúne un grupo de náufragos sentimentales, marcados por el fracaso y el desamor. Ann (Lily Taylor), que trabaja como dependienta en una tienda de fotografía, recibe una llamada de su novio Bob, desde Praga, quien le dice que ya no la quiere. Sólo hace 25 días que se ha ido de viaje, y le ha escrito una carta de ruptura que Ann no ha recibido, por lo que tiene que decírselo torpemente por teléfono. Ann, destrozada y perdida, se empeña en grabar una serie de cintas de vídeo para Bob, donde intenta plasmar las cosas que nunca le dijo, en un vano intento de recuperarlo. También quiere que él la vea sufrir. La paradoja es que antes no le quería realmente, empieza a quererlo cuando él la deja… Don (Andrew McCarthy) trabaja como vendedor inmobiliario, al servicio de una promoción de su padre, Frank (Seymour Cassel), con quien tiene una relación fría y distante. Está claramente subempleado (tiene formación superior y lee libros de matemáticas), pero alega que las comisiones son buenas, y fantasea con la vida que tendrán los compradores de las casas. También está en un impasse tras un fracaso sentimental. Pero intenta dar a los demás la ayuda que no puede darse a sí mismo, trabajando en el teléfono de la esperanza. “¿Puede alguien incapaz de ayudarse a sí mismo ayudar a los demás?”, se pregunta (o “consejos vendo, que para mí no tengo”, como dice el refrán). Después de un (posible) intento de suicidarse bebiendo quitaesmalte de uñas, Ann llama al teléfono de ayuda que atiende Don… Y luego se encuentran casualmente…

En torno a estos dos protagonistas, pulula un tierno y creíble reparto de personas heridas e infelices. Paul (Alexis Arquette), vecino de Ann, está secretamente enamorado de ella e intercepta los vídeos que dirige a Bob, con la excusa de enviarlos gratis. Al ver los vídeos de Ann, la conoce mejor y aún la quiere más… Diane (Debi Mazar) es una mujer transgénero, que se ha operado para tener una vagina, pero su novio la deja precisamente por eso… Steve (Richard Edson) ha fingido una depresión con tal realismo que ahora está metido en ella hasta dentro… Laurie (Leslie Mann), amiga de Ann, carente de autoestima, se deja llevar en una relación tóxica… Frank (Seymour Cassel), el padre de Don, cuya mujer está en coma, necesita mendigar abrazos… Y somos tan frágiles, o tan egoístas, que el hecho de no poder encontrar nuestro helado favorito (Capuccino Commotion) se convierte en una tragedia que nos derrumba entre lágrimas.

La (in)comunicación es un tema central del film. Los mensajes que no llegan, no se entienden, son interceptados, o se reciben demasiado tarde. Bob trata de romper por carta con Ann, pero ella no la recibe y él tiene que cortar malamente por teléfono. Las cintas de Ann no llegan a Bob, que así no conoce la transformación que está experimentando ella. Son secuestradas por Paul, que accede a un mensaje no dirigido a él, que incrementa su amor por Ann (los mensajes interceptados serán también cruciales en A los que aman). Como Bob no ha visto las cintas de Ann, se produce un desfase cuando él intenta volver, ya no están en la misma onda… Cosas que se dicen y que no se dicen. Se habla mucho en esta película, incluso sobre el propio hecho de hablar (Ann: “Siempre hablamos de si hemos de hablar, me pone enferma”). En un atasco de tráfico, oímos las voces interiores de la gente en sus coches, ese rumor contínuo de cosas no dichas… Y otros mensajes son tan extraños y desconcertantes como los carteles religiosos junto a la calle (“Jesús dijo: ¿romano, cristiano o león?”). Pero, al mismo tiempo, se recuerda que las cosas que se callan suelen ser las más importantes.

La voz en off de Don dice, al principio de la película: “Puede pasar de todo, ¿verdad? Cualquier cosa. Puedes amar tanto a una persona, que tan sólo el miedo a perderla, haga que lo jodas todo y acabes perdiéndola. Puedes despertarte al lado de alguien a quien no hubieses imaginado conocer unas horas antes, y mírate ahora… Es como si alguien te regalara unos de esos puzles… Y no hay forma de acabarlos, por mucho que te esfuerces”. El amor (casi siempre no correspondido), la soledad, el suicidio, los encuentros y desencuentros, el empeñarnos en que nos quiera la persona menos adecuada, las cosas que siempre quedan sin ser dichas, y la decisiva importancia que puede tener encontrar nuestro helado favorito, forman así la sustancia de esta película. Esto se corresponde con su propio aspecto visual, con esa ciudad gris y lluviosa que parece llamar a la depresión. Pero se enriquece con un notable sentido del humor, de la melancolía y la ternura. A fin de cuentas, como se cita en el filme, “se derraman más lágrimas por las plegarias atendidas que por las que nunca lo serán”.

No todo es perfecto en el film, o no todo ha superado igual de bien la prueba del tiempo. Por ejemplo, visto ahora, nos parece superado y limitativo el tratamiento de la persona transgénero (Diane), que se queda en el tema superficial y efectista de “cortarse el pene”. Pero, en conjunto, se mantiene como una película bien escrita, bien narrada y bien interpretada, una comedia agridulce que divierte, convence y conmueve.

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