Miradas de Cine II

Aprendiendo a conducir

La autoescuela de la vida



Directora: Isabel Coixet

Guión: Sarah Kernochan

Sobre el Artículo de Katha Pollitt

Fotografía: Manel Ruiz

Música: Dhani Harrison y Paul Hicks

Montaje: Thelma Schoonmaker

Diseño de Producción: Dania Saragovia

Vestuario: Vicki Farrell

Productores: Dana Friedman y Daniel Hammond

Productor Ejecutivo: Gabriel Hammond

Intérpretes: Patricia Clarkson, Ben Kingsley, Sarita Choudhury, Grace Gummer, Jake Weber, Avi Nash, Samantha Bee, Matt Salinger, John Hodgman, Michael Mantell, Daniela Lavender, Gina Jarrin, Rajika Puri, Nora Hummel


Idioma (VOSE): Inglés

Duración: 86'

Sesión 29.03.22

Darwan Singh Tur (Ben Kingsley) es un sij, originario del Punyab (India), que trabaja como profesor de autoescuela y taxista en Nueva York. En su país, fue perseguido y estuvo en la cárcel, luego consiguió asilo en Estados Unidos y la nacionalidad estadounidense (aunque todo esto lo sabremos después). Sus únicas actividades son trabajar y dormir, vive en un piso compartido con otros inmigrantes y con un sobrino, Preet (Avi Nash), a quien intenta inculcar su ética de trabajo y ahorro (pero el joven tiene ideas más modernas). Una noche, trabajando de taxista, Darwan recoge a una pareja en la puerta de un restaurante, Wendy (Patricia Clarkson) y Ted (Jack Weber). Él acaba de romper con ella, ambos discuten violentamente, y él la deja sola. Darwan la lleva a su casa de Manhattan, viendo su tristeza y desolación. Al día siguiente, Darwan se presenta en casa de Wendy, para devolverle un sobre que se dejó en el taxi. Esta vez, va en el coche de la autoescuela, y ella le pide su tarjeta…

Wendy es una crítica de literatura, que escribe en The New Yorker, y que nunca ha aprendido a conducir, porque se eso se encargaba su marido y porque en Nueva York hay metro, autobuses, taxis, bicis y se puede andar. Ahora se ha quedado sola, su marido la ha abandonado por una mujer más joven (aunque se niega a aceptarlo hasta que recibe la demanda de divorcio), y su hija Tasha (Grace Gummer) vive en una granja en Vermont. Empujada por Tasha, que no comprende que su madre no pueda hacer algo tan fácil, Wendy toma una decisión: aprenderá a conducir, comprará un coche e irá a Vermont a ver a su hija… Para ello, contrata como profesor a Darwan.

La intelectual neoyorkina y el refugiado sij pueden parecernos figuras opuestas. Ella, a pesar de sus carencias, está absorta en sus libros, sus revistas y su vida acomodada en Manhattan, aunque al separarse tenga que mudarse a una casa más pequeña. Él se aferra a sus tradiciones, que considera parte de su identidad, no acepta quitarse el turbante y la barba, porque eso le permite saber quién es, y defiende las bondades de los matrimonios concertados. Pero las cosas no son tan simples. Darwan también es un intelectual, era profesor universitario en la India antes de ir a la cárcel. Wendy resulta ser originaria de Queens (que antes ha dicho que no es realmente Nueva York). Etcétera. El matrimonio, concertado por sus familias, de Darwan con Jasleen (Sarita Choudhury) abre otro acto de la trama. Jasleen, que ha llegado directamente desde la aldea india, no se adapta, se retrae, le da miedo salir a la calle, no domina el inglés, parece que ambos no tienen nada en común, y ella siente que él critica todo lo que hace (hasta la cantidad de especias en la comida). Ante esta situación, la relación profesor-alumna entre Darwan y Wendy se da la vuelta, y es él quien le pide consejo a ella, quien le pregunta qué hacer, quien abandona su papel de maestro para mostrarse perdido y vulnerable…

Esta es una película sobre relaciones entres seres humanos. Si la relación Wendy-Darwan es el eje y corazón del film, con sus derivadas Wendy-Tasha y Darwan-Jasleen, los personajes están rodeados por otros que les sitúan y les completan. Como Debbie (Samantha Bee), la amiga de Wendy, el sobrino de Darwan, o el impagable personaje episódico de Peter (Matt Salinger), pieza cotizadísima en el “mercado” de las citas con mujeres separadas: banquero, gourmet, que habla francés y practica el yoga y el sexo tántrico… Y, sobre todo, el descacharrante grupo de amigas que conoce Jasleen y que la vuelven a poner en el mundo y en su sitio.

Se ha relacionado esta película con el género de la road movie. Es cierto que hay desplazamientos en coche, que Wendy asiste a una aparición-recuerdo de su padre (Beau Baxter) que le explica que el coche es el mejor invento de la historia, y que la conducción se convierte en metáfora de la vida, que se identifica con la libertad (hay que mirar hacia adelante, sin dejar de comprobar los espejos, y mantener la calma, sólo necesitas valor y un poco de gasolina). Pero yo no termino de ver la road movie. En realidad, trata más bien sobre dos personas hablando en un sofá, aunque resulte que el sofá tiene ruedas y volante. Yo le veo más relación con 84 Charing Cross Road, la historia de Helene Hanff que Isabel Coixet dirigió en el teatro. Es cierto que las circunstancias son muy diferentes, y en un caso los personajes están a miles de kilómetros de distancia y nunca se encuentran, mientras en el otro están sentados dentro de un coche y se ven todos los días. Pero el tipo de relación entre ellos me parece muy similar: una relación de descubrimiento, aprendizaje, respeto, amistad, comunicación por encima de las diferencias y, sí, un algo platónico que nunca llega a expresarse (“porque eres un buen hombre”, dirá Wendy).

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