Miradas de Cine II

A los que aman

Nostalgia del dolor de otro tiempo



Directora: Isabel Coixet

Guión: Isabel Coixet y Joan Potau

Fotografía: Paco Femenía

Música: Alfonso Vilallonga

Montaje: Ernest Blasi

Dirección Artística: Juan Botella

Vestuario: Mercè Paloma

Prouctores Ejecutivos: Fernando de Garcillán y Gustavo Ferrada

Productor Asociado: Enrique López Lavigne

Jefa de Producción: Cristina Zumárraga

Intérpretes: Julio Núñez, Patxi Freytez, Olalla Moreno, Monica Bellucci, Christopher Thompson, Albert Pla, Amanda García, Gary Piquer, Juan Manuel Chiapella, Lucciano Federico, Laura Aparicio, Yolanda Sala, Adrian Stinus, Mónica Gago, Lucía Celdrán, Xose A. Porto, Lois Lemos, Agnes Bonet, Laly Manzano


Idioma (VOSE): Español y francés

Duración: 96'

Sesión 08.02.22

El protagonista-narrador nos ofrece la mejor sinopsis de la película: “Pasé mi vida amando a una mujer que amaba a otro que no la amaba a ella, sino a otra, de la que nunca supo si le correspondía”. El joven Martín (Gary Piquer) busca desesperadamente la ayuda de un maestro mayor (Julio Núñez), que antes fue médico, para salvar la vida de su esposa enferma, cuya dolencia nadie ha sabido curar. El maestro se resiste a implicarse, no sólo porque hace mucho que dejó la medicina (o la medicina le dejó a él), sino porque la casa donde vive Martín, y el propio joven, se vinculan con un pasado doloroso que ha marcado toda su vida. Martín es hijo de Armancia, la hermana de Matilde, la mujer que amó años atrás, sin ser correspondido. Finalmente, el maestro-médico cede a los ruegos de Martín y acepta ir a la casa a ver a la enferma. Durante esa noche, mientras vigilan su evolución, el hombre mayor termina relatando al joven la historia ocurrida años atrás (“no hay nada mejor que una buena historia”), que se nos narra a través de varios flashbacks encadenados.

El joven médico (Patxi Freytez) lleva enamorado de Matilde (Olalla Moreno) desde que la conoció, siendo los dos niños y ella una enferma. Por amor a ella, decidió hacerse médico. De jóvenes, con Matilde ya curada, son amigos y confidentes, pero él no es capaz de expresarle sus sentimientos. Sólo se atreve a dejarle ramos de flores y bellas cartas de amor. Sin embargo, ella nunca recibe las cartas, porque su hermana adolescente, Armancia (Amanda García), enamorada a su vez del médico, las intercepta, dejando los sobres vacíos. Matilde, en modo romántico, pero ignorando los sentimientos del médico, se enamora perdidamente de León (Christopher Thompson), un apuesto emisario francés, con quien se casa. Pero el mundano León no comparte el enamoramiento total y desaforado de Matilde. Aburrido y agobiado, empieza a frecuentar el salón de esgrima que regenta Valeria (Monica Bellucci), la hija del viejo preceptor (Lucciano Federico)… Se trata, pues, de tres historias entrelazadas (médico-Matilde, Matilde-León, León-Valeria), condicionadas por otro factor, la inocencia sin escrúpulos de Armancia, cuya blanca mano será la desencadenante de la tragedia: primero, impidiendo que Matilde sepa a tiempo que el médico la ama, y segundo, revelándole la infidelidad de León. Hay otra historia paralela, la de Jonás (Juan Manuel Chiapella), el hermano del médico, que, siendo joven (Albert Pla), asistió a la cacería, violación y asesinato de una joven; movido por el horror y la culpa, se disparó en los genitales para anular el deseo (“Fue de justicia. Y me alegro de haber sido capaz. Desde entonces ya no tengo nada que ver ni con nada ni con nadie”), y ha dedicado el resto de su vida a estudiar la Divina Comedia.

Las protagonistas femeninas, Matilde y Valeria, son mujeres muy diferentes. Matilde sería un arquetipo de heroína romántica, etérea, apasionada, dependiente, capaz de vivir y morir sólo por amor, que dice cosas como que en las cuatro letras de la palabra “amor” no cabe todo lo que siente por su León (para desesperación del médico y estupor del espectador, que sabe que él no se lo merece). Valeria, en cambio, es una mujer moderna, fuerte, independiente, capaz de luchar con un hombre en pie de igualdad. Como le dice al médico, ella podrá seguir con su vida, mientras para él nunca habrá otra mujer que Matilde. Por su parte, Armancia vendría representada por el adagio de que “las maniobras de un alma pura, a veces, son más peligrosas que las maquinaciones del vicio” (la comunicación interceptada es un tema que ya vimos en Cosas que nunca te dije). La acción tiene lugar en un mundo cerrado y abstracto (un lugar indeterminado, rodado en Galicia, y algún momento del siglo XVIII), un mundo que permite pocas opciones o vías de escape. Así, Matilde no tiene otra ocupación o pensamiento que el me-ama-no-me-ama, mientras Valeria aspira a una vida independiente. La naturaleza y el paisaje, captados por la extraordinaria fotografía de Paco Femenía, son el correlato perfecto de los sentimientos, desde las nubes que observa el médico de niño (Adrian Stinus), hasta el entorno bucólico de los paseos.

Isabel Coixet señala: “Amar es igual a sufrir. Por eso, esta película es un homenaje a los que aman, aunque no sean amados”. En el film, el amor se califica como “devastador”, aunque sea (aparentemente) afortunado, porque se teme su posible pérdida (“la hermana de vuestra madre, Matilde, solía hablar del dolor, incluso cuando era feliz”, le dice el médico a Martín). El amor puede matar, o provocar la muerte, y puede conducir al asesinato al personaje más racional e ilustrado… Pero también puede salvar una vida, aunque sea con una mentira: las palabras “él os ama” que susurra el médico a la enferma (una palabra tuya bastará para sanarme). O darle sentido, como dice al final Matilde: “Nunca fui amada como soñaba ser amada; sólo por vos… y por eso mi vida no ha sido en vano”.

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