Miradas de Cine I

AGNES DE DIOS

FE Y LÓGICA



Director: Norman Jewison

Guión: John Pielmeier, sobre su obra teatral

Fotografía: Sven Nykvist

Música: Georges Delerue

Montaje: Antony Gibbs

Diseño de Producción: Ken Adam

Vestuario: Renée April

Productores: Norman Jewison y Patrick Palmer

Productores Asociados: Charles Milhaupt y Bonnie Palef

Intérpretes: Jane Fonda, Anne Bancroft, Meg Tilly, Anne Pitoniak, Winston Rekert, Gratien Gélinas, Guy Hoffman, Gabriel Arcand, Françoise Faucher, Jacques Tourangeau, Janine Fluet, Deborah Grover, Michele George, Samantha Langevin, Norma Dell’Agnese


Idioma (VOSE): Inglés

Duración: 95'

SESIÓN 11.04.23

En un pequeño convento canadiense cerca de Montreal, se oyen gritos en la noche. Encuentran en su celda a la hermana Agnes (Meg Tilly) inconsciente y ensangrentada. Se descubre que ha dado a luz en secreto a un bebé, que aparece muerto en la papelera. La psiquiatra forense Martha Livingston (Jane Fonda), recibe el encargo de diagnosticar el estado mental de Agnes, para determinar si está loca o si puede ser juzgada por homicidio. El juez Leveau (Guy Hoffman), la fiscal LeClaire (Françoise Faucher) y el abogado Lyon (Jacques Tourangeau), coinciden en desear un desenlace rápido y discreto para el caso. Ni la Iglesia ni la Corona quieren una monja en la cárcel. Martha acude al convento de Les Petites Soeurs de Marie-Madeleine y habla con la Madre Miriam Ruth (Anne Bancroft), la superiora. También se entrevista con Agnes, que parece no recordar nada sobre su embarazo ni sobre el bebé, y también parece ignorarlo todo sobre cómo nacen los niños. La madre superiora le explica que Agnes es un ser inocente, que ha sido criada por su madre al margen del mundo, y que no sabe nada sobre la vida. Cuando va profundizando en el caso, Martha se obsesiona por el misterio de Agnes, mientras desde todos los lados le dicen que cierre el caso lo antes posible, y que su misión es determinar el estado mental de Agnes, no curarla, ni resolver el homicidio.

En principio, la Dra. Livingston y la Madre Miriam Ruth se sitúan en ángulos opuestos del cuadrilátero, en la lucha entre razón y religión, lógica y fe. La madre superiora cree que Agnes es un ser puro y tocado por Dios, en una era en la que escasean tanto los santos y los milagros. Quiere protegerla y piensa que su lugar está en el convento, el único sitio en que ha sido feliz. Por su lado, Martha cree que la ciencia, la psiquiatría, es suficiente para explicar todos los aspectos de lo que ha sucedido. Si ha habido un bebé, ha tenido que haber un padre; o alguien ha entrado en el convento, o bien ha salido Agnes, de un modo u otro. Cree también que la religión y el convento han sido las causas de los males de Agnes. Cada una arrastra además su propio bagaje. Martha odia a las monjas, porque cuando era adolescente, su mejor amiga murió atropellada, y una monja estúpida dijo que había sido por no rezar sus oraciones. También odia los conventos, porque su hermana Marie, que era monja, murió por falta de atención médica. La Madre Miriam Ruth no ha estado siempre en clausura, sino que conoce el mundo: estuvo casada durante 23 años y tiene hijos y nietos que la odian. Agnes no sabe nada sobre niños, responde con fábulas místicas, no recuerda nada. En la investigación de Martha, aparecen comportamientos extraños o lunáticos de Agnes, cuando dejó de comer porque se veía inflada como un globo y creía que no podría entrar en el Cielo y que Dios odia a los gordos. Cuando quemó las sábanas porque había sangrado, sin que le tocara la regla (¿fue el momento de la concepción?). Cuando tuvo estigmas sangrantes en las palmas de las manos. Agnes es dulce, canta con voz de ángel y ama a todo el mundo. También cree que su madre muerta la vigila y le habla. A través de la hipnosis Martha va descubriendo las raíces de su “locura” en el cruel maltrato de su madre…

“Creo que la mayoría de la gente, con independencia de su religión, con independencia de la lógica, quieren creer en algo fuera de su vida diaria, fuera de ellos mismos. Agnes de Dios me dio la oportunidad de explorar ese conflicto eterno entre creer en lo que podemos ver y creer lo que no podemos ver o experimentar. Me pareció entonces, igual que ahora, que el mundo está desesperadamente necesitado de ángeles”, escribió Jewison en sus memorias. Si el conflicto entre la fe y la lógica es el eje de la película, con cada una de ellas representada por una de las protagonistas, a veces las posturas se intercambian y las fronteras se difuminan. La superiora puede ser también lógica y pegada a la tierra, y la psiquiatra puede moverse por la fe (entendida como creer lo que no vemos), aunque no sea una fe religiosa. Los debates dialécticos, brillantemente escritos por Pielmeier e interpretados por Jane Fonda y Anne Bancroft, son el principal valor. Pero también los acercamientos entre la dos, como la maravillosa escena en la que bromean sobre si los santos hubieran fumado… 

Tres actrices sobresalientes, la excelente puesta en escena de Jewison, la fotografía invernal de Sven Nykvist y la música de Georges Delerue conforman una notable película. En cuanto al tema, no estará de más recordar el aforismo de San Ignacio: para los que creen, ninguna prueba es necesaria; para los que no creen, ninguna prueba es suficiente.

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