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Director. Justin Kurzel
Intérpretes. Michael Fassbender, Marion Cotillard, Sean Harris, Paddy Considine, David Thewlis, Elizabeth Debicki, Jack Reynor, Julian Seager, David Hayman, James Michael Rankin. .
113 minutos

Inglés



UNA FUENTE DE ESCORPIONES ES MI MENTE

Abordamos, un año más, una nueva adaptación cinematográfica del que para muchos es el mejor guionista que tiene el Séptimo Arte. Las obras de Shakespeare, y especialmente sus tragedias, han demostrado una capacidad de adaptación al medio, al tiempo y al entorno sociocultural, francamente asombrosa. En Shakespeare cabe todo, porque sus personajes dejan de ser arquetipos y se convierten en sujetos dotados de individualidad propia, capaces de cambiar. En la extraordinaria obra de Harold Bloom: “Shakespeare, la invención de lo humano”, se sostiene que al Bardo de Avon le debemos la creación de la naturaleza humana, tal como la concebimos hoy en día. Sus protagonistas no se despliegan en la obra, sino que se desarrollan, sufren y evolucionan. Esto explica a la perfección que Hamlet, Macbeth o Lear puedan ser representados manteniendo la pureza del texto original o, por el contrario, modificar paisaje y diálogos, sin que por ello pierdan un ápice de fidelidad a la esencia de la obra (El trono de sangre, My kingdom, El rey león o Ram).

A la primera categoría de adaptaciones “shakespirianas” corresponde el Macbeth de nuestro cineclub. En esta revisión de la tragedia del noble escocés podremos apreciar el cuidadoso respeto por el texto de la obra y la ortodoxia en el recitado de sus diálogos. Pero, como ya lo hicieron Welles o Polanski, el respeto no está reñido con la posibilidad de insuflarle nuevos matices y ciertas connotaciones que engrandecen aún más la extraordinaria calidad literaria y reafirman las tesis de Bloom.

Hay algo novedoso en el relato. La tragedia tiene dentro de sí otra tragedia que, en cierto sentido, funciona como un desencadenante. La obra comienza con las exequias de un niño de pocos años. A juzgar por el dolor de Macbeth y su esposa, todo hace indicar que se trata del hijo de este matrimonio. Ella le coloca unas pequeñas flores entre sus manos, mientras él deposita sobre sus ojos las dos monedas que le reclamará en la otra vida “el barquero”, arrojando después un puñado de tierra sobre su pequeño cuerpo. A lo lejos, como surgidas de entre las desoladas Tierras Altas, se aprecian los cuerpos de las brujas, fantasmales e inexpresivas, mientras recitan aquello de: “Lo hermoso es feo y lo feo es hermoso”. Es interesante que Justin Kurzel se apoye en esta secuencia de apenas tres minutos para dar un motivo al desgarrador odio que terminará incubando Lady Macbeth, esa locura asesina que servirá de guía y de sosiego al atormentado deambular de Macbeth. Hablamos de tormento por utilizar una expresión más próxima al contenido poético de la obra, pero en realidad Kurzel introduce un componente sobradamente conocido, de carácter patológico: el estrés postraumático. Nuestro general vuelve de una guerra cruel y sangrienta. (...)


AMPLIAR (Revista nº23)


José María Arroyo Oliveros

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