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Director. Yorgos Lanthimos
Intérpretes. Colin Farrell, Rachel Weisz, Jessica Barden, Olivia Colman, Ashley Jensen, Ariane Labed, Angeliki Papoulia, John C. Reilly, Léa Seydoux, Michael Smiley, Ben Whishaw, Roger Ashton-Griffiths.
118 minutos

Inglés



NO ES BUENO QUE EL HOMBRE ESTÉ SOLO

Existe una entrañable tradición en nuestro Cineclub que consiste en seleccionar cada año una película “rarita” (algunos años más de una), un público tan culto y sofisticado como el nuestro no se merece menos. Los compañeros que me han antecedido en esta ingrata tarea podrán dar fe de títulos como: Inland Empire, Tideland, Tio Bonmee, Holy Motors o Canino. Bien, precisamente del director de esta última película me cabe el honor de presentar su última obra. Prepárense para que les sorprenda, para amarla, odiarla o –dios no lo quiera- dormirse, no les dejará indiferentes.

La acción transcurre en un mundo distópico, donde la sociedad obliga a sus miembros a vivir en pareja. Los solteros son confinados en peculiares recintos mitad hotel, mitad prisión, para que encuentren pareja en menos de cuarenta y cinco días. De no conseguirlo, se les convertirá en el animal que ellos elijan: perro, gato,…langosta. David (Colin Farrell) llega al hotel después de que su esposa rompiese con él, le acompaña un perro que en otro tiempo fue su hermano. En este lugar puede escoger la pareja que quiera, del mismo o de distinto sexo, pero la masturbación está severamente castigada y los residentes tienen que soportar sesiones diarias y obligatorias de estimulación sexual sin orgasmo, aplicadas con funcionarial rutina por sirvientas del hotel. Fuera de esa peculiar prisión se encuentra el bosque, habitado por una extraña resistencia que impone terribles reglas en contra de las relaciones sexuales y favorables al celibato y a la represión de cualquier impulso pasional.

David es un hombrecillo gris que ve como transcurren los días en el hotel sin encontrar una mujer interesante que se fije en él; asume con resignación que transcurrido ese mes y medio será transformado en el animal que eligió: la langosta. La explicación a tan peculiar deseo nace de tres cualidades de este crustáceo, admiradas por David: es uno de los animales más longevos, hasta el final de sus días es fértil y vive en el inmenso mar. Uno de los compañeros de actividades del hotel le plantea la posibilidad de terminar en la cazuela de agua hirviendo de un restaurante, pero él no reconsidera su decisión, quizá en la confianza de que antes consiga encontrar alguna mujer que le guste y a la que guste. Para tal fin se somete a competiciones de caza humana en los bosques, asiste a sesiones grotescas de divulgación pedagógica de las virtudes de la vida en pareja y flirtea con mujeres desesperadas u odiosas. David habría terminado emparejado, o servido en una fuente aliñado con salsa thermidor, de no haber mediado una sucesión de estúpidas tragedias que lo conducirían a la evasión, a los brazos de la resistencia. Allí conocerá a una mujer miope como él (Rachel Weisz) y a la implacable líder de los Solitarios (Léa Seydoux) que prohíbe cualquier tipo de contacto personal bajo pena de severos castigos. Son esperpénticos revolucionarios que defienden la música moderna frente a las melodías y baladas, dado que el rock se baila separado, sin contacto físico con el otro. (...)


AMPLIAR (Revista nº23)


José María Arroyo Oliveros

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