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Director. Robert Eggers
Intérpretes. Anya Taylor-Joy, Ralph Ineson, Kate Dickie, Harvey Scrimshaw, Ellie Grainger, Lucas Dawson, Bathsheba Garnett, Sarah Stephens, Axtun Henry Dube, Athan Conrad Dube, Julian Richings, Vivien Moore
92 minutos

Inglés (VOSE)



HABERLAS, HAYLAS

Resulta gratificante ver cómo entre las nuevas generaciones de cineastas hay aún quien entiende el cine de género como una oportunidad para ir más allá del mero espectáculo, una oportunidad de huir del tipo de entretenimiento hueco que parece haberse oficializado en el cine actual. Esto resulta palpable cuando vemos la transformación que el cine independiente ha experimentado durante los últimos años. Desde finales de los 80, y especialmente durante toda la década posterior, Hollywood pareció convertirse en un mercadillo interesado únicamente en atraer a las salas de estreno a un público cada vez más joven y menos exigente. Los cineastas norteamericanos que no podían, o no querían, ser parte de la fiesta, se refugiaron en producciones baratas y manejables, conocidas como “películas independientes”. Aunque el concepto no era nuevo —ya en los años 50 surgieron algunos outsiders a quienes debería atribuirse la invención de este tipo de cine alejado de los grandes estudios—, hemos de aceptar que las películas adscritas a la corriente empezaban a ser consideradas como un género en sí mismas, tan sumamente codificadas, tanto por sus discursos como en cuanto a los modos narrativos que exhibían, que el término indie se adoptó como sinónimo de drama-contemporáneo-con-personajes-de-carne-y-hueso-en-entornos-cotidianos.

El cine fantástico y de terror de bajo presupuesto no solía incluirse en esta categoría, quedando relegado al fondo de catálogo de los vídeo-clubes o encabezando las listas de “lo peor del año”. Pero ahora las cosas parecen estar cambiando. De un tiempo a esta parte, cineastas jóvenes con sobrado y demostrado talento están poniendo cabeza abajo el concepto de cine independiente, fusionándolo con el cine de género, lo que conlleva una reivindicación de los géneros como terreno válido y digno donde realizar auténticas obras de arte. Curiosamente, en el género de terror (o suspense extremo) es donde se están detectando las apuestas más arriesgadas, aquellas que pretenden encontrar en la provocación un camino para aportar algo nuevo al género, y, en consecuencia, también al cine. En los últimos tiempos se han estrenado varios títulos afines a esta tendencia que, en no pocos casos, han resultado ser lo más estimulante de la cartelera. Aprovecho para recomendar delicatessens como It follows (It follows, 2014) de David Robert Mitchell, Babadook (The Babadook, 2014) de Jennifer Kent, Bone tomahawk (Bone tomahawk, 2015) de C. Craig Zahler, La invitación (The invitation, 2015) de Karyn Kusama o Green room (Green room, 2015) de Jeremy Saulnier, a modo de espléndidos ejemplos recientes de lo antedicho. (...)


AMPLIAR (Revista nº23)


Ángel García Romero

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