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Director. Kenneth Branagh
Intérpretes. Kenneth Branagh, Emma Thompson, Richard Briers, Robbie Coltrane, Judi Dench, Ian Holm, Derek Jacobi, Alec Mccowen, Geraldine Mcewan, Paul Scofield, John Sessions, Robert Stephens, Brian Blessed, James Simmons, Paul Gregory, Charles Kay, Jimmy Yuill, Michael Williams, Christian Bale, Michael Maloney, Harold Innocent, Richard Easton, Christopher Ravenscroft, John Sessions, Harold Innocent.
135 minutos

Inglés



“UN REINO POR ESCENARIO, PRÍNCIPES COMO ACTORES”

Tras unos sencillos títulos de crédito (letras rojas sobre fondo negro, con la dramática música de Patrick Doyle), una cerilla ilumina el rostro del Coro (Derek Jacobi), que habla al espectador, a modo de prólogo (“O! For a Muse of fire…”). Enseguida enciende las luces: estamos en un estudio de cine vacío. Cuando termina su presentación, el Coro abre las puertas que dan paso a la obra y nos llevan a la Inglaterra del siglo XV… El Obispo de Ely (Alec McCowen) y el Arzobispo de Canterbury (Charles Kay), preocupados ante la aprobación de una ley que puede suponer la confiscación de los bienes de la Iglesia, deciden distraer al nuevo Rey, persuadiéndole para que reclame el trono de Francia… En el salón del trono, el joven Rey Henry V (Kenneth Branagh) escucha las alambicadas explicaciones de Canterbury sobre sus derechos dinásticos y la Ley Sálica… La respuesta insultante y despectiva de los franceses a sus demandas le decide a lanzar una campaña contra Francia: “¡No habrá Rey de Inglaterra sin ser Rey de Francia!”.

Kenneth Branagh concibió Henry V como un thriller político, un análisis del liderazgo, un debate sobre la guerra y un análisis del sistema inglés de clases. Para el director, la obra trata sobre la tragedia de la guerra tanto como sobre el heroísmo. Por eso su Henry no es un héroe de brillante armadura, sino un hombre valeroso y decidido, pero que también duda y tiene miedo, y que es consciente de que asume una gran carga y una gran responsabilidad. Sabe que la guerra va a suponer un gran derramamiento de sangre, y quiere estar seguro de la legitimidad de su causa. Es un Rey que aún tiene que hacerse valer, después de su juventud disoluta junto a Falstaff, y que arrastra la culpa porque su padre, Enrique IV, arrebató la corona a Ricardo II… A diferencia de la película de Laurence Olivier, en el discurso del día de San Crispín, realmente nos creemos que los que luchen con él serán sus hermanos (“we happy few, we band of brothers”). Termina la batalla exhausto y cubierto de sangre, y no se distingue de sus hombres.

El principal objetivo de Kenneth Branagh era hacer un Shakespeare cercano y naturalista. Por eso evitó todo lo que pudiera distanciar al público: la obra (la película) está pasando ante nosotros, es algo vivo y palpitante, no una pieza arqueológica ni de museo. El Coro, vestido con ropas actuales, no está en un plano superior, sino que es como un reportero de guerra que se dirige al espectador con urgencia, que nos conduce hasta el centro de la acción y nos mete en el barro. En las voces e interpretaciones del glorioso reparto (Branagh, Jacobi, Thompson, Dench, Stephens, Holm, Scofield, Blessed, Maloney, Easton, Briers…), las palabras del Bardo suenan transparentes, naturales y realistas, con toda su música y su belleza, pero sin asomo de impostación ni declamación. El vestuario y los decorados son más intemporales que estrictamente historicistas, se evitan los leotardos y el corte de pelo tazón (aunque sea el que vemos en los retratos históricos). (...)


AMPLIAR (Revista nº23)


Roberto González Miguel

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